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Sobre el estallido chileno 2019

Sobre el estallido chileno 2019

por Juan Fernández L.

21 de octubre de 2019

Sobre el estallido chileno 2019

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Las masivas evasiones en el metro y la expresión ciudadana en las calles con una inédita fuerza de desahogo social han remecido al país.
El primer triunfo básico del estallido es sentirse parte de un colectivo mayoritario que se encuentra en los cacerolazos, se reconoce en las calles y se hace parte de la expresión de un malestar que va más allá de una precarización de los grupos más pobres y apunta a una precarización de la vida en todas las dimensiones y que toca a toda la sociedad, un modelo de sociedad que no es deseable ni deseado, salvo por los grandes dueños del capital.

Han circulado cifras y evidencias que vale la pena tener presente para entender lo que ocurre: la mitad de la población con sueldos menores a $400 mil y el 0,01% más rico ganando 1.441 veces ese monto al mes; altas cifras de endeudamiento; gasto en transporte representando el 21% de un sueldo mínimo; pensiones indignas y en contraste ganancias millonarias de las AFP…se podría seguir en una larga lista. También existe claridad de los procesos a la base de aquello: los 11 Pilares de la dictadura: laboral, tributario, salud, privatizaciones, forestal, AFP, educación, bancos, agua, Constitución política (Fundación Sol).

El segundo triunfo del estallido es que analistas, periodistas y algunos políticos –a excepción del gobierno- están compartiendo que la desigualdad y el abuso de las elites económicas es la causa de fondo. También se reconoce la necesidad de un nuevo Pacto Social, ese que debió ocurrir en 1988 y no fue. Estos sentidos comunes, que hasta hace poco lo eran para la mayoría, pero no para las elites, hoy ya son indiscutibles y sienta las bases de la construcción socio-política necesaria hacia adelante.

Lo malo es la evidente incapacidad política de quienes gobiernan para ofrecer una vía de procesamiento y respuesta, más allá de la miope estrategia del “orden público v/s el vandalismo”. La renuncia del poder político a ejercer su función y la entrega del mando a los militares, con restricción de las libertades ciudadanas básicas, es un fracaso rotundo del sistema político, que no había ocurrido desde la recuperación de la democracia.

La ausencia de actores políticos que no solo “empaticen”, sino que se conduzcan en busca de acuerdos, estrategias y medidas que cristalicen en transformaciones significativas, es una mala noticia, que sólo podrá ser compensada con una articulación ciudadana potente, solidaria y renovadora, que haga de la presión y el control ciudadano una táctica permanente, pero que en paralelo construya una estrategia de articulación política que permita traducir la rabia ante la injusticia en un proyecto de cambio social duradero.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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