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¿Por qué Acción Republicana y el Frente Amplio son tan negativos para el país?

¿Por qué Acción Republicana y el Frente Amplio son tan negativos para el país?

por Rodrigo Barcía

11 de enero de 2019

¿Por qué Acción Republicana y el Frente Amplio son tan negativos para el país?

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José Antonio Kast ha emergido como un fenómeno dentro de la derecha revitalizando el apoyo a los aspectos “rescatables de la dictadura del general Pinochet”. Ante esto cabe preguntarse si es una buena noticia para el país y la propia derecha. Me temo que la respuesta es muy negativa por varios aspectos. Hace algún tiempo varios intelectuales y políticos de derecha están tratando de articular, lo que podríamos denominar la nueva concertación. O, si usted quiere, tratando de articular una derecha que mire el pasado como una oportunidad.

Una oportunidad para mirarlo de forma crítica y reconocer que no son transables la violación a los derechos humanos a cambio de avances económicos. Este camino no es nuevo para la derecha y lo ha recorrido por ejemplo la derecha española. En España el Partidos Popular –símil a Renovación Nacional, si se quiere- dejó fuera de sus cuadros políticos a la mayoría de los políticos franquista, después de la recuperación de la democracia durante los gobiernos de Adolfo Suárez de y Felipe González.

El mismo fenómeno se vivió en la Concertación con una mirada muy crítica a los errores y horrores del gobierno del Presidente Allende. Muchos personeros de la izquierda hicieron un importante mea culpa respecto del nefasto gobierno de la Unidad Popular.

Es precisamente este fenómeno, de importancia vital para la derecha, el que Kast conjura. Kast representa para la derecha, y para el país, un retroceso relevante en la construcción de la democracia. Y lo que es peor es la destrucción del legado de la concertación, por cuanto no es cierto que a los chilenos el golpe de Estado nos divida. ¡Lo que debe hacer el golpe de Estado es unirnos! Y eso es precisamente el legado de la concertación: un apego irrestricto a los principios democráticos, a los que se oponen tanto el Frente Amplio, como Acción Republicana. Así lo que nos une a los chilenos es el rechazo a las dictaduras y el apego a la democracia y el Estado de Derecho.

Y en ese proceso si los chilenos ponemos en contexto nuestra historia deberíamos reconocer un segundo hito como fundamental: la constitución del Presidente Lagos (de la constitución de la dictadura no queda nada).  Por esto precisamente es que los grandes enemigos del legado de la Concertación están en los extremos: el Frente Amplio y Acción Republicana. De hecho, los extremos se explican uno como una respuesta al otro y ciertamente se retroalimenta. Acá está precisamente la irresponsabilidad de permitir que estos grupos se desarrollen y reconocerlos como “partidos democráticos”, cuando su norte precisamente es destruir la democracia y el Estado de Derecho.

Ahora bien, Acción Republicana y el propio Kast son una respuesta al gran daño que le causo a la política chilena el gobierno de Bachelet, que dividió –con menor fuerza que el gobierno de Allende- a los chilenos entre amigos y enemigos; pero ciertamente no es el camino que la democracia chilena puede recorrer, si nos interesa que sobreviva al siglo XXI.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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