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La creatividad: ¿Un factor ausente en el sistema escolar chileno?

La creatividad: ¿Un factor ausente en el sistema escolar chileno?

por Eduardo Sandoval Obando

12 de agosto de 2018

La creatividad: ¿Un factor ausente en el sistema escolar chileno?

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De acuerdo al Índice Mundial de Innovación (GII) elaborado por Global Indices (INSEAD), la Universidad de Cornell y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI, perteneciente a Naciones Unidas), Chile ocupa el puesto N° 47, siendo el país mejor situado en Latinoamérica, seguido de Costa Rica (54°), y México (56°) respectivamente.

No obstante a lo anterior, resulta paradójico que a pesar de las diversas reformas escolares implementadas durante el último tiempo, muchas de ellas, convenientes al statu quo imperante, continúa observándose al interior del espacio y tiempo escolar la supremacía de la norma, la rutina y el creciente interés por estandarizarlo todo como garantía de calidad y mejora continua en la ‘administración burocrática’ de los procesos educativos a la que asisten los niños, niñas y jóvenes de nuestro país. Así,

Esta dramática tendencia ha llevado a que la escuela se convierta en un espacio aburrido, monótono y coartador de las potencialidades de aprendizaje que poseen los educandos, incentivando mayoritariamente el predominio del pensamiento lógico matemático y la búsqueda de certezas, dentro de un mundo lleno de caos e incertidumbre en el que las dinámicas relacionales y de aprendizaje adquieren múltiples sentidos, significados y posibilidades, coherente con la complejidad de la vida misma.

Algunos investigadores (FONDECYT N° 1170019), pensamos que el no considerar esta realidad ha provocado la construcción de una única escuela, normalmente homogénea y aséptica, que no es capaz de contextualizarse en función de los sujetos que la habitan y de los territorios en donde estos se sitúan. Además, la construcción de esta escuela única se ha llevado a cabo desde un sujeto universal (Calvo, 2016; Moreno, 2016) que no responde al verdadero territorio educativo por el que transitan los educadores/as, los niños/as y los jóvenes junto a sus familias.

Las interrogantes esbozadas precedentemente nos obligan a repensar la escuela de hoy, aspirando a la generación de ambientes educativos activo – modificantes (Sandoval, 2017), capaces de reconocer y valorar la creatividad, como un ámbito del aprendizaje valioso y relevante, que fluye de manera autoorganizada conforme a las necesidades e intereses de cada educando. Más allá de las diversas reformas y propuestas de cambio implementadas en el sistema escolar Chileno, buscamos dar el salto desde el aprendizaje incidental al intencional; investigando y colaborando participativamente en la construcción de prácticas pedagógicas que avancen decididamente en la instalación de una pedagogía de la pregunta, posibilitando el surgimiento de interrogantes novedosas que le permitan al alumnado descubrir el mundo, más allá de los límites y formas definidas por el mapa escolar, sustentado por un currículum obligatoriamente definido desde el nivel central.

Desde esta perspectiva, nos parece necesario desescolarizar la institución escolar, avanzando en la exploración y comprensión crítica de las múltiples relaciones, saberes y experiencias que construyen los educandos más allá de los límites de la escuela. Es así como dentro de esta búsqueda, emerge la creatividad como un componente relevante del desarrollo emocional y cognitivo del ser humano. Como parte de este constructo, emergen aspectos tremendamente dinámicos y complejos que se manifiestan en abundancia y desde temprana edad en los niños y niñas, tales como la curiosidad, la exploración, el asombro, el entusiasmo y la despreocupación del error.

No obstante a lo anterior, es preocupante la forma en que estas maravillosas potencialidades experimentan un progresivo anquilosamiento al interior de la escuela (Sandoval, 2012; 2014), producto de la lógica escolar que se limita a la enseñanza deliberada de contenidos, muchos de ellos descontextualizados, de los ambientes de origen del estudiante, así como de las necesidades y habilidades requeridas en el siglo XXI. Más aún, muchas veces la escuela no permite que el azar, la creatividad y la imaginación, la autonomía y la improvisación cumplan su rol educativo (Calvo, 2016). A propósito de lo anterior ¿Es posible visualizar la escuela como un ambiente desafiante y atractivo para el alumnado? ¿Para qué educamos? ¿La Institución escolar aspira a la transformación social o a la mantención del statu quo? ¿Fomentamos la creatividad en los procesos de enseñanza y aprendizaje actuales?

Las interrogantes esbozadas precedentemente nos obligan a repensar la escuela de hoy, aspirando a la generación de ambientes educativos activo – modificantes (Sandoval, 2017), capaces de reconocer y valorar la creatividad, como un ámbito del aprendizaje valioso y relevante, que fluye de manera autoorganizada conforme a las necesidades e intereses de cada educando. Más allá de las diversas reformas y propuestas de cambio implementadas en el sistema escolar Chileno, buscamos dar el salto desde el aprendizaje incidental al intencional; investigando y colaborando participativamente en la construcción de prácticas pedagógicas que avancen decididamente en la instalación de una pedagogía de la pregunta, posibilitando el surgimiento de interrogantes novedosas que le permitan al alumnado descubrir el mundo, más allá de los límites y formas definidas por el mapa escolar, sustentado por un currículum obligatoriamente definido desde el nivel central.

Finalmente, estamos interesados y abiertos en comprender la escuela más allá de los márgenes que la definen, reflexionando críticamente sobre los desafíos que demanda la sociedad actual en términos de aprendizaje y sobre los esfuerzos que debiésemos desarrollar como País, para incentivar la creatividad, el pensamiento crítico, el aprendizaje práctico, la resolución de problemas, el liderazgo y la inteligencia relacional, entre otras habilidades altamente requeridas en la actualidad.

Pensamos que los resultados y alcances de este programa de investigación, podrían convertirse en una vía para avanzar en la transformación de la escuela y la renovación de los procesos pedagógicos, permitiendo que dichos saberes transciendan el espacio académico y lleguen a la gente de una manera didáctica y comprensible para todos y todas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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