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Israel-Palestina: El aniversario de una oportunidad perdida

Israel-Palestina: El aniversario de una oportunidad perdida

por Eduardo Guerra

3 de diciembre de 2016

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El 29 de noviembre fue un nuevo aniversario de la aprobación del Plan de Partición del Mandato Británico de Palestina, la primera de muchas oportunidades desperdiciadas. En 1947, la comunidad internacional a través de la resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas propuso dividir el territorio para la formación de dos Estados para los dos pueblos en pugna: uno árabe y uno judío. La gran mayoría de los países votó a favor.

De esta forma, se afirmaba la posibilidad de una salida a un conflicto que se había iniciado sólo algunas décadas atrás. Las reivindicaciones territoriales de ambos pueblos, su ejercicio del derecho a la autodeterminación, su amor por la tierra, no eran necesariamente excluyentes uno del otro. Aunque no exento de dificultades, el plan proponía que el territorio no debía ser exclusivamente de uno de los dos pueblos, podía compartirse entre ambos.

El liderazgo judío en el Mandato Británico aceptó y celebró la aprobación del Plan de Partición. Por primera vez, tras casi veinte siglos de exilio, de permanentes vejámenes, persecuciones y asesinatos en masa sufridos como minoría en la diáspora, el pueblo judío podía restaurar su patria de antaño. El liderazgo árabe, en cambio, lo rechazó de forma unánime, lo que explica que el Plan de Partición nunca pudo ser implementado y devino en letra muerta.

La solución de dos Estados reconoce los vínculos que tienen ambos pueblos con la tierra que habitan, permitiendo el ejercicio de su derecho a la autodeterminación de manera soberana e independiente, coexistiendo uno al lado del otro. Los liderazgos moderados de ambos pueblos han adherido a la idea de dos Estados, las encuestas han demostrado un apoyo sostenido de la mayoría de ambas poblaciones por esta solución. El derecho internacional y la comunidad internacional, a través de una serie de resoluciones de Naciones Unidas, han seguido la misma línea.

64 años después, el año 2011, en una entrevista ante el Canal 2 israelí, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, lamentaría el rechazo árabe del Plan de Partición, calificándolo como un “error”. Es difícil no coincidir con el presidente palestino en este punto. Décadas de sufrimiento, de destrucción, de violencia política y religiosa pudieron haberse evitado hace casi 70 años. Dos Estados, la solución que la comunidad internacional hasta el día de hoy ha intentado instaurar, pudo haberse logrado. El plan de partición se convertiría en una oportunidad perdida.

Sin embargo, esta no sería la última oportunidad. Entre 1949 y 1967, Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este estarían bajo control árabe, sin embargo los líderes del pueblo palestino nunca intentaron siquiera crear un estado en ese territorio. Varias décadas más tarde, en Camp David en el año 2000, en Taba el año 2001 y en Annapolis el año 2007, el mundo sería testigo de otras propuestas que contemplarían la solución de dos Estados para dos pueblos, proposiciones que también se toparon con la negativa de los líderes palestinos. El conflicto palestino-israelí se ha caracterizado por oportunidades desperdiciadas.

Frente a las dudas, se proponía la salida más lógica a este largo impasse. La solución de dos Estados reconoce los vínculos que tienen ambos pueblos con la tierra que habitan, permitiendo el ejercicio de su derecho a la autodeterminación de manera soberana e independiente, coexistiendo uno al lado del otro. Los liderazgos moderados de ambos pueblos han adherido a la idea de dos Estados, las encuestas han demostrado un apoyo sostenido de la mayoría de ambas poblaciones por esta solución. El derecho internacional y la comunidad internacional, a través de una serie de resoluciones de Naciones Unidas, han seguido la misma línea.

Y sin embargo, los discursos de destrucción mutua, la negación de los vínculos de cada pueblo con la tierra que a veces reclaman como exclusivamente propia y las reivindicaciones territoriales maximalistas siguen manteniendo vivos los horrores que han caracterizado al conflicto desde sus inicios. A pesar de las dificultades inherentes, la solución a grandes rasgos está sobre la mesa, lo ha estado por casi setenta años, dependerá de la voluntad política de los líderes de ambos pueblos el llegar a concretarla. En sus manos está la posibilidad que las oportunidades dejen de desaprovecharse.

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