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Los resultados del SIMCE, un nuevo triunfo moral

Los resultados del SIMCE,  un nuevo triunfo moral

por Luis Rojas Robles

1 de mayo de 2016

Los resultados del SIMCE,  un nuevo triunfo moral

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Los últimos resultados de la prueba SIMCE presentados esta semana por la Ministra de Educación y el Secretario Ejecutivo de la Agencia de Calidad, destacaron como una “buena noticia” la reducción de la brecha entre los estudiantes más pobres y los más ricos, y cómo las diferencias de género en matemáticas ya no existen. Además de resaltar la calidad en la educación, hoy el SIMCE es más que la simple medición de cuánto saben los estudiantes, al considerar el desarrollo personal de los estudiantes bajo una perspectiva integral.

Por otra parte, la semana pasada UNICEF entregó en París su decimotercer informe de investigación “Más igualdad para los niños”, el que consideró, entre otros estudios, los resultados de la Prueba PISA, que arrojó la alarmante situación actual de la educación en Chile.

En esta evaluación internacional, que mide principalmente el rendimiento en áreas temáticas clave, nuestros estudiantes de 15 años muestran un bajo nivel de competencias. Algunos factores de género, nivel socioeconómico y lugar de procedencia, explicarían esta disminución. En otras palabras, un porcentaje importante de nuestros alumnos carecen de habilidades y competencias necesarias para resolver ejercicios básicos de lectura, matemática y ciencia.

Entonces, ¿debemos alegrarnos o preocuparnos por los actuales resultados en la prueba SIMCE?

La reforma, próxima a promulgarse y bandera de lucha de las actuales autoridades, es un claro ejemplo de esto. En su mayoría, es una reivindicación a las condiciones laborales de los profesores, legítima y necesaria por cierto, con lo cual se apuesta a un mejoramiento de la calidad, cuestión a lo menos discutible ya que los actuales resultados son el producto de lo que hemos venido haciendo.

Cuesta entender lo que se hace en políticas de educación en este país y preocupa ver cómo la falta de reflexión académica y la incapacidad de autocrítica por quienes toman las decisiones, nos lleva a seguir justificando un modelo que, aunque retocado los últimos años gracias a los movimientos estudiantiles, no es muy distinto de lo que se ha venido haciendo por décadas.

La reforma, próxima a promulgarse y bandera de lucha de las actuales autoridades, es un claro ejemplo de esto. En su mayoría, es una reivindicación a las condiciones laborales de los profesores, legítima y necesaria por cierto, con lo cual se apuesta a un mejoramiento de la calidad, cuestión a lo menos discutible ya que los actuales resultados son el producto de lo que hemos venido haciendo. Por otra parte, la reforma no explicita una manera distinta de hacer las cosas, como lo fue la reforma al sistema Judicial.

Lamentablemente, con estas acciones no vamos a cambiar la calidad de la educación en este país; nuestros niños y niñas tendrán que seguir esperando y para cuando esto suceda las autoridades que tomaron estas decisiones ya no estarán para poder pedirles las legítimas explicaciones.

Los cambios significativos requieren de formas distintas de hacer las cosas. Un ejemplo de esto es el fútbol; hasta antes de Bielsa vivíamos de triunfos morales, similares a la entrega de los resultados SIMCE cada año, no concebíamos otra manera de jugar al fútbol, hasta que un “loco” nos demostró que haciendo las cosas de forma diferente se obtienen resultados diferentes. Sólo así logramos ser campeones de América y salimos del círculo de la mediocridad.

Por desgracia, en educación no ha aparecido un Bielsa como Ministro que impulse este cambio y, hasta que esto no ocurra, seguiremos discutiendo y justificando con triunfos morales los futuros resultados.

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