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Las FF.AA. no tienen pensiones de privilegio

Las FF.AA. no tienen pensiones de privilegio

por Gerardo Alamos S.

11 de septiembre de 2019

Las FF.AA. no tienen pensiones de privilegio

Crédito: Agencia UNO

Ha ido creciendo el mito popular respecto a que las pensiones de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile son privilegiadas, porque son originadas por un sistema de reparto, diferente del sistema de capitalización individual de las AFP. Esto último es cierto: el sistema es distinto, pero esto no implica un privilegio para quienes las reciben.

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Hace algunos días, en este mismo medio, fue publicado un estudio de la Fundación Sol que hace referencia a las pensiones de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Me parece que dicho estudio es arbitrario y no muestra con claridad las razones para estas diferencias, que finalmente no son tales para el gasto público y tampoco se hace cargo de cómo estas se gestan, ni toma en consideración los sueldos que tiene un integrante de las FF.AA. y Carabineros durante su vida activa.

Esto ha permitido que vaya creciendo el mito popular respecto a que las pensiones de estas entidades son privilegiadas, porque son originadas por un sistema de reparto, diferente del sistema de capitalización individual de las AFP. Esto último es cierto: el sistema es distinto, pero esto no implica un privilegio para quienes las reciben.

Antes de concluir si las FF.AA. son o no privilegiadas con su sistema de pensiones, debemos analizar este tema desde dos puntos de vista: particularidades de la carrera militar y los mecanismos para favorecer la retención del personal.

Particularidades de la carrera militar

En primer lugar, la profesión militar se caracteriza por su alto costo de formación y especificidad de funciones, poco asimilables a aquellas disponibles en el mundo civil. Resulta muy caro para el Estado que un funcionario entrenado decida acogerse a retiro anticipadamente o decida moverse al mundo civil en la mitad de su vida laboral.

Adicionalmente, la carrera de las Fuerzas Armadas tiene particularidades que la hacen distinta a muchas carreras civiles, como son: (i) el juramento de rendir la vida por la Patria que formula cada miembro de las FF.AA. al ingresar al servicio y que se ha mantenido incólume por más de dos siglos; (ii) la disponibilidad 24/7, sin pago de horas extra ni negociaciones colectivas; (iii) la exclusividad de servicio, sin posibilidad de tener trabajos complementarios; y (iv) las destinaciones a distintas ciudades durante la vida activa, que afectan la continuidad laboral del cónyuge, ya que en promedio un funcionario de la FF.AA. se ha cambiado casi 7 veces de ciudad a lo largo de su vida laboral. A lo anterior se suma que la carrera es selectiva y piramidal, obligando a exigir retiros anticipados no voluntarios.

Las FF.AA. son organizaciones jerarquizadas y disciplinadas. Ser parte de ellas es una forma de vida y requiere de un gran compromiso. La carrera militar demanda de sus integrantes altos niveles de sacrificios personales y solo alguien muy motivado podrá concluirla exitosamente.

Remuneraciones y jubilaciones de las FF.AA.

Es efectivo que las pensiones de las FF.AA. superan, en promedio, a la de la mayoría de los chilenos jubilados por las AFP. Pero veamos este tema con más detención.

¿Cuál ha sido el gran problema de las AFP? No ha sido precisamente su rentabilidad, la cual ha sido alta, medida según estándares mundiales. El mayor problema ha sido el de las “lagunas previsionales” (aquellos periodos en que se deja de cotizar en las AFP), lo que queda de manifiesto en el informe “Determinantes del Nivel de Pensión” de la Superintendencia de Pensiones, donde concluye que la mayor baja en pensión ocurre cuando existen lagunas al inicio de la vida laboral, ya que en este caso, baja el monto a recibir tras la jubilación en más de 70%.

¿Cómo es la carrera militar? El personal de las FF.AA. ingresa al servicio con una edad promedio de 23 años, se mantiene en funciones hasta aproximadamente los 55 años, y cotiza para sus pensiones hasta los 65 años. ¿Qué significa esto? Que los militares cotizan, a lo menos, 40 años, sin lagunas, para sus pensiones. Es decir, las pensiones de las FF.AA. deberían ser comparadas con aquellos civiles que cotizan por más de 40 años en las AFP. Estos últimos obtienen una “tasa de remplazo” (porcentaje de los últimos sueldos que corresponde a la pensión) superior al 70%, equivalente a las pensiones que reciben las FF.AA.

Veamos la otra gran variable: ¿cómo son las remuneraciones de las FF.AA. comparadas con las equivalentes en el mundo civil? Revisando, por Trasparencia Activa, las remuneraciones que reciben las FF.AA. y la Administración Pública, se puede concluir que existe una enorme brecha en contra de las FF.AA. Casi sin excepciones, el nivel de las remuneraciones es más alto en la Administración Pública, en grados y competencias equivalentes, que en las FF.AA.

Sin duda, la carrera de un funcionario público no termina a los 40 años de ejercicio profesional (de hecho, no existe norma que los obligue a jubilar), pero su acceso a las más altas remuneraciones públicas está relacionado con altos grados de selectividad, al igual que las FF.AA.

Hace algunos días, en este mismo medio, fue publicado un estudio de la Fundación Sol que hace referencia a las pensiones de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Me parece que dicho estudio es arbitrario y no muestra con claridad las razones para estas diferencias, que finalmente no son tales para el gasto público y tampoco se hace cargo de cómo estas se gestan, ni toma en consideración los sueldos que tiene un integrante de las FF.AA. y Carabineros durante su vida activa.

Las características de las FF.AA. implican que el diseño de los sueldos y de pensiones es eficiente en la medida que se logre retener al mejor personal (personal que, ya dijimos, es caro de formar y muy difícil de replicar desde el mundo civil) hasta el final de la carrera.

Remuneraciones y pensiones: un todo indisoluble

Estudios que analizan el ciclo de vida de un funcionario de las FF.AA., es decir, desde que ingresa al servicio hasta que fallece, indican que el menor nivel de sus remuneraciones durante su vida activa se compensa con sus pensiones cuando pasa a retiro.

También se concluye que, desde el punto de vista del Estado, el costo total de la remuneración más pensión de un miembro de las FF.AA. (hasta su muerte), traído a valor presente, es equivalente al costo que le significa al Estado un funcionario de la Administración Pública que ingresa al servicio a los 25 años y se jubila los 65 años.

Es decir, para favorecer la retención del personal militar, el Estado difiere hacia el futuro sus remuneraciones, en forma de mejores pensiones, siendo la compensación total, equivalente a la que reciben los funcionarios públicos durante su vida profesional activa.

Se concluye que las FF.AA. no tienen pensiones de privilegio. Sí tienen una carrera diferente, con una escala menor de remuneraciones corrientes, y pensiones con una tasa de reemplazo del orden del 70%, que compensan los menores sueldos recibidos durante la vida activa de su personal. Se logra así un objetivo central, como es retener a los mejores talentos hasta el final de su carrera.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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