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Las contradicciones que dejó la Cumbre del G20 en Buenos Aires

por Iván Weissman

3 diciembre, 2018

Las contradicciones que dejó la Cumbre del G20 en Buenos Aires

Tener a los líderes más poderosos del mundo reunidos, cuyas economías generan el 85% del PIB mundial, fue un logro para el Gobierno de Mauricio Macri y le da óxígeno en momentos en que atraviesa una crisis. Conseguir que todos firmaran la declaración final fue un avance respecto de lo que sucedió en Hamburgo el año pasado, y lograr que Estados Unidos y China firmaran una tregua en el marco de esta reunión, fue la guinda de la torta. Pero el evento también dejó al descubierto algunas de las incoherencias de la era Macri y varias contradicciones que hacen recordar las razones por las cuales el capitalismo sufre de una crisis de legitimidad.

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Las cumbre del G20 vino a Buenos Aires a mostrar la mejor cara del capitalismo. El fin de semana estuvo reunida en la capital de Argentina lo que uno podría llamar “la junta de directorio del planeta”. Los que estaban allí representan a las 20 economías que generan el 85% del PIB mundial, a las que hay que sumar a los dos invitados especiales a esta cita: el Presidente chileno Sebastián Piñera y el primer ministro de Holanda.

No fueron pocos los que apuntaban a la paradoja o más bien la ironía– de que Argentina liderara una cumbre que reúne a las principales economías del mundo, cuando el país está pasando por una megadevaluación, casi el 30% de la población es pobre, tiene la tasa de interés más alta del mundo, la quinta mayor inflación, y estaba sentada a una mesa para discutir el comercio internacional, cuando tiene una de las 10 economías más cerradas del mundo.

Pero con malabares, diplomacia y un poco de suerte, el presidente Mauricio Macri sacó adelante una cumbre muy exitosa para la Argentina. Consiguió que todos los líderes firmaran la declaración final, Estados Unidos y China pactaron una tregua en su guerra comercial y las 17 reuniones bilaterales que tuvo durante estos días arrojaron inversiones concretas por cerca de US$ 3 mil millones, así como promesas de varios miles de millones más. Además, sirvió de marco para la firma del acuerdo del nuevo NAFTA entre México, Estados Unidos y Canadá.

Si bien Macri puede sentirse muy satisfecho con la Cumbre del G20, el resto del mundo no comparte su euforia. Donald Trump mantuvo su rechazo al calentamiento global, el resto de los líderes se vio presionado a inclinarse ante sus demandas respecto a la necesidad urgente de reformar la Organización Mundial de Comercio, no se mencionó la crisis en Ucrania y no hubo acuerdo sobre la crisis migratoria, de la que solo hubo una referencia superficial. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, lo dijo clarísimo: “El sistema multilateral está en crisis”.

La declaración final incluyó dos prioridades de la presidencia Argentina del G20: el futuro del trabajo y la igualdad de género.

La decisión del G20 de alinear los objetivos y las recomendaciones de políticas públicas con los de un desarrollo sostenible, constituye parte de los esfuerzos que vienen haciendo hace ya casi 10 años empresarios, líderes del sector privado y organismos multilaterales como el propio G20 o el Fondo Monetario Internacional (FMI) para darle una renovada legitimidad al capitalismo, luego de los fuertes cuestionamientos que se le hicieron a raíz de la gran crisis financiera de 2008-2009. El G20 empezó en 2008, precisamente, para enfrentar la crisis financiera.

No fueron pocos los que apuntaban a la paradoja o más bien la ironía– de que Argentina liderara una cumbre que reúne a las principales economías del mundo, cuando el país está pasando por una megadevaluación, casi el 30% de la población es pobre, tiene la tasa de interés más alta del mundo, la quinta mayor inflación, y estaba sentada a una mesa para discutir el comercio internacional, cuando tiene una de las 10 economías más cerradas del mundo.

Cómo salvar al capitalismo de los capitalistas, un libro publicado en 2003 por los economistas de la Universidad de Chicago, Raghuram Rajan, que en aquel momento era el economista jefe del FMI, y Luigi Zingales, ganador ese mismo año del premio al mejor economista joven europeo, es la base de muchas de las iniciativas que están impulsando actualmente el sector privado y las organizaciones multilaterales.

Los dos economistas argumentan que el libre mercado constituye la mejor forma de organización económica para la sociedad y para la mejora de la condición humana, pero precisan que el sistema solo puede ser exitoso cuando proporciona igualdad de oportunidades y cuando el Estado tiene un rol destacado a la hora de definir las normas que regulan los mercados, así como de proveer las infraestructuras adecuadas. Y advierten que el futuro de Occidente descansa en restablecer las oportunidades.

Las críticas acerca de cómo funciona actualmente el sistema, estriba en que el capitalismo no proporciona igualdad de oportunidades para todos, en particular a las clases medias. Y eso debería ser un motivo de preocupación. Y la mejor forma de restaurar las oportunidades es mejorando la educación y creando estructuras de soporte que permitan a la gente formarse y obtener y mantener buenos empleos.

Esos objetivos estuvieron muy presentes en las recomendaciones del G20 en Buenos Aires. Nadie puede cuestionar que se incluyeran en el documento final de la cumbre, pero en los temas más urgentes, los poderosos del mundo quedaron al debe, porque, en medio de una globalización cuestionada, fueron tímidos en defenderla.

La única que salió bien parada fue Angela Merkel. La canciller de Alemania dio un nuevo ejemplo de sencillez antes de volver a su país: fue a comer un asado a una parrilla de Palermo. Eso sí, no una cualquiera: Don Julio, local que este año fue elegido entre los 100 mejores restaurantes del mundo. El gesto se suma al del viernes, cuando se bajó del avión y se fue derecho a la gala del Teatro Colón. El domingo, al salir de la parrilla fue ovacionada por los otros comensales y los vecinos del barrio. Una poderosa que no tiene que demostrarlo.

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