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“Las excusas del feminismo radical” y la falsa denuncia de abuso sexual contra Ignacio Palma

por Javiera Rodríguez Pascual

22 mayo, 2019

"¡Chiquillas, despierten! ¡Cómo no se dan cuenta de que están defendiendo a un abusador!”, nos gritaban a las mujeres que abogamos por su inocencia. Tras la investigación, la verdad irrefutable, trajo consigo la más reveladora ironía: el testimonio al cual las feministas habían decidido creerle, sin pruebas ni testigos, era el de un hombre resentido.

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El día domingo se publicó en los medios un reportaje titulado como “La falsa denuncia por abuso sexual que remece a la UC”, el cual narraba el liberador desenlace de un polémico caso que apuntaba como culpable a un ex candidato a la Feuc, Ignacio Palma.

En ese entonces yo era consejera superior y aunque podía mantenerme al margen de las elecciones, me fue imposible no involucrarme.

Con Ignacio éramos muy cercanos, por lo que vi en primer plano cuando le tocó vivir ese infierno. Y digo infierno porque lo trataron como a un monstruo, como a un depravado.

Si estabas cerca de él eras encubridora, si mostrabas compasión, eras enemiga de la causa. "¡Chiquillas, despierten! ¡Cómo no se dan cuenta de que están defendiendo a un abusador!”, nos gritaban a las mujeres que abogamos por su inocencia.

Con actuaciones extremistas e irracionales, las feministas más radicales lograron transformarse en su propia enfermedad. El “Yo te creo” conlleva a hacerse cargo de una apuesta que suena sensata, mas la realidad demuestra que puede ser un arma peligrosa.

Con el reportaje pudimos alivianar la carga que llevábamos por siete meses desde que el texto anónimo inundó redes sociales. Tras la investigación, la verdad, irrefutable, trajo consigo la más reveladora ironía: el testimonio al cual las feministas habían decidido creerle, sin pruebas ni testigos, era el de un hombre resentido.

Con tibias disculpas se manifestó una de las candidatas de izquierda que compitió contra Palma,
señalando que prefería pedir perdón por culpar a un inocente que no confiar a priori en la denuncia de una compañera. Que el feminismo fue usado como herramienta para defender egos masculinos, y que en la actualidad, las mujeres que participaron en el escarmiento público eran juzgadas casi con la misma severidad que el autor de la falsa denuncia.

La reflexión que dieron en las redes sobre sus culpas fue pobre, justificando en el patriarcado la bajeza a la cual hace unos meses se habían sometido sin resistencia. El feminismo más radical las había cegado en aquel entonces y lo volvía a hacer ahora, incluso contando con todos los antecedentes sobre la mesa.

¿Les servirá también la excusa del machismo cuando crucificaron a las mujeres que decidieron esperar la resolución del caso antes de considerar al candidato culpable? Sin duda alguna, esto ya no se trataba de proteger a las víctimas de abuso. Aquella noble misión se perdió entre las profundidades de una política cruel y sanguinaria.

Con actuaciones extremistas e irracionales, las feministas más radicales lograron transformarse en su propia enfermedad. El “Yo te creo” conlleva a hacerse cargo de una apuesta que suena sensata, mas la realidad demuestra que puede ser un arma peligrosa. Si mañana los testimonios de otras mujeres son puestos en duda, será también por causa de un ideario totalitario que no deja espacio para las preguntas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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