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Universidad Singularity: creando líderes exponenciales

por María José Terré

1 agosto, 2018

Universidad Singularity: creando líderes exponenciales

El Programa Ejecutivo de la Universidad Singularity tiene como principal objetivo potenciar innovación y tecnologías exponenciales como herramienta de solución de los grandes desafíos de la humanidad. Allí estuvo la periodista María José Terré y cuenta su experiencia.

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Cuando una persona comete un crimen, un juez debe determinar la duración de la sentencia, la cual debe reflejar la probabilidad de que vuelva a delinquir. En muchos países está aumentando el interés por utilizar algoritmos que faciliten esta determinación, ya que, solo a modo de ejemplo, en Estados Unidos el nivel de reincidencia es cada vez más alto. De acuerdo a un estudio del año 2014 del Instituto de justicia nacional, después de cinco años de salir libres, el 76% de los prisioneros volvieron a ser arrestados y de ellos, más de la mitad antes de cumplirse el primer año en libertad.

La propuesta es simple. Hoy existen máquinas inteligentes que utilizan algoritmos mediante los cuales podríamos aumentar considerablemente la exactitud al predecir quién volverá a cometer un crimen. Sin embargo, debido a que estos algoritmos utilizan datos pasados para predecir el futuro, se podrían también heredar ciertas injusticias y parcialidades previas. La pregunta es: ¿las usamos? ¿Qué rol juega la ética en la decisión de la vida de una persona determinada por una máquina con información pasada?

Este fue tan sólo uno de los debates que se desarrolló en el Programa Ejecutivo de la Universidad de Singularity hace algunas semanas en el centro de investigación de la Nasa, en Silicon Valley. A raíz de mi participación en el Summit de la misma universidad llevado a cabo en Santiago de Chile de este año, conocí a Diane Murphy, mediadora del panel y ex directora de comunicaciones de SU, la que se encargó de realizar las gestiones necesarias para integrarme como periodista. Junto a otros 75 participantes de más de 30 países pude compartir durante una semana en largas jornadas marcadas por charlas, debates y actividades relacionadas a las principales problemáticas que afectan el mundo de hoy.

Según Chipp Norcross, vicepresidente del programa, esta es una instancia en la que líderes influyentes de todas partes del mundo pasan una semana juntos para crear una perspectiva de lo que significa ser un líder en el futuro: “Los ayudamos a descubrir cómo convertirse en un ciudadano responsable, cómo ser un buen líder y de qué manera ayudar a las organizaciones y a sus comunidades para contribuir en la creación del mundo en el que queremos vivir”. A través de una completa introducción en los últimos desarrollos exponenciales tecnológicos se les entregan marcos y formas de pensar sobre cómo considerar la aplicación de éstas tecnologías.

Para estos líderes existen obligaciones dentro de sus compañías y comunidades, por lo que se les enseña a balancear los desafíos éticos, morales y filosóficos que se comienzan a ver desde un comienzo. Se deben observar las distintas formas a través de las cuales estas nuevas tecnologías van a desarrollarse en un futuro y analizar el potencial para utilizarlas positivamente, así como también considerar cuáles serán los desafíos que vengan con la implementación. “Cuando vemos en la historia cómo esas tecnologías llegan y la tensión que provocan, podemos revisar que pueden ser utilizadas para resolver algunas de las problemáticas importantes en el mundo, pero también malos actores pueden usarlas de forma negativa. Una gran parte del desafío es poder ser capaz de mirar lo suficientemente adelante para predecir de que manera las personas puedan querer dar un mal uso a estas tecnologías y empezar a pensar en como evitarlas”, agrega Norton.

Todo es un cuento de actitud

El programa comienza un día domingo, donde uno de los primeros charlistas es Dan Klein, profesor de la Universidad de Stanford, en la cual enseña “Mentalidad de la Improvisación”, “Diseño del pensamiento” y “Colaboración creativa”, entre otros cursos. También realiza charlas en decenas de compañías como Google, HP y Uber. Su discurso comienza con la siguiente frase: “Ustedes fueron escogidos para este programa en base a sus habilidades y en el interés que tienen para cambiar el mundo. Las personas que se encuentran a su alrededor son las que los van a ayudar a lograrlo. Todos ellos serán sus colaboradores y mejores alentadores. Pero para cambiar el mundo juntos, tendrán que considerar distintos enfoques, cambiando desde lo individual a colectivo. Desde la crítica a la creatividad. Desde el juicio hacia lo constructivo. Los invito a tomar a un compañero y a jugar”.

Según Klein, una de las formas más comunes de crear lazos es a través del éxito. Y de celebrarlo. Un equipo que alcanza un logro tras otro y nunca celebra es la fórmula perfecta para el fracaso. Acto seguido invita a las parejas recién formadas a contar hasta tres intercaladamente y, asumiendo sus personalidades exigentes, les pide hacerlo cada vez más rápido. Lo más importante: si se equivocan, no pasa nada. Pueden volver a empezar. Luego de un par de minutos realiza la pregunta: ¿Cuántos de ustedes se equivocaron? Casi todos levantan la mano. Dice: “Primera regla: Equivocarse no es un tema de inteligencia. Nos pasa a todos”.

Entonces, ¿qué pasó cuando nos equivocamos? Nos reímos con un toque de nerviosismo, pero a la vez e inconscientemente, reaccionamos automáticamente cerrando los ojos, frunciendo el ceño, tensando y recogiendo el cuerpo. ¿La explicación? Cuando cometemos un error tendemos a esperar un juicio o castigo ya sea físico o psicológico. Hay algo en nuestra educación que asocia el fracaso con el castigo. Y está bien. A nadie le hace un mayor daño, es una respuesta automática del cuerpo y no pasa nada. El problema es que no nos abre a la resiliencia o a la creatividad. Y cuando nos auto castigamos por un fracaso le mandamos un mensaje a nuestro compañero que dice que no está bien fallar, lo que es totalmente contraproducente. Necesitamos cambiar la respuesta fisiológica al fracaso. Por lo que le pide a los participantes que vuelvan a repetir el ejercicio, pero esta vez celebrando cada vez que se equivoquen con un grito de felicidad alzando las manos al cielo. “Fracasemos de manera brillante y celebremos!” grita desde el escenario a modo de ejemplo.

Klein afirma que el celebrar los fracasos es liberador, colaborativo y permite sentirse vulnerable y parte de un equipo. En un principio es extraño, pero hace sentido, ya que no es así como fuimos criados ni como nos han entrenado. “Sin caer en lo absoluto, pongamos a los médicos como ejemplo. Si estoy abierto en la mesa de un pabellón quirúrgico no quiero que el cirujano celebre o grite de felicidad cuando se equivoca o comete un error, ¿no? Pero tampoco quiero que se esconda, se frustre o paralice”.

Le pide a los participantes que vuelvan a realizar el ejercicio una última vez y que ahora celebren ambos independiente de cuál sea el que se equivoque, ya que lo más probable es que de todas formas también exista una cuota de responsabilidad en el error de su compañero. En esta ronda, cualquier pausa o duda también es considerada una falta, y le agrega otras dificultades al mismo ejercicio inicial.

“¿Cómo se sienten con respecto a su compañero ahora?” pregunta luego de unos minutos. “Creamos lazos a través del éxito. Pero! Cuando fracasamos juntos sin esa sensación de culpa, el lazo es aún más rápido. El poder de fracasar juntos es enorme. De acuerdo a un término utilizado por Amy Edmonston, necesitamos seguridad psicológica. Y con esto debemos darnos la oportunidad de fracasar más a menudo para tener éxito más seguido. El fracaso da la oportunidad a una apertura creativa. Los “post it” fueron vistos como una estupidez. También el Viagra. No debemos olvidar que los errores son oportunidades.

Un cambio de perspectiva

Lisa Pereira, coordinadora del Programa Ejecutivo, ha visto miles de participantes formar parte de este curso. Establece que la idea de cumplir con una diversidad importante de países es la amplia perspectiva que se produce sobre los temas a tratar: “Todo está conectado. Las finanzas en China impactan en Africa, así como también puede que la tecnología de los autos inteligentes afecte al negocio de la medicina. Lo importante es que todos estos avances no dependen de sí mismos, si no de las personas que hay detrás y de cómo se implementen”. Menciona el ejemplo de los drones, que han sido utilizados para llevar medicamentos a lugares donde el transporte terrestre no puede llegar, pero de la misma forma su mal uso ha permitido transportar armas ilegales y servir herramienta de pedófilos para obtener información de un niño que juega en el patio de su casa.

El componente que los participantes tienen en común, es que quieren aprender y saber qué es lo que va a pasar en el futuro con todas estas nuevas tecnologías.

“Es un viaje. Al principio no saben qué esperar ni qué va a pasar, quizás hay algunos que también llegan un tanto pesimistas sobre lo que nos depara el futuro, pero ya alrededor del segundo o tercer día comienzan a adquirir una mirada más amigable y completa de lo que está pasando y una visión más amplia sobre cómo pueden comenzar a crear ideas que se puedan implementar en sus distintas áreas de trabajo” explica Lisa. De la misma forma, comenta que la constante interacción durante las charlas, la hora de almuerzo, los recreos y otras instancias de conversación van generando conexiones importantes entre estas personas que, muchas veces, tienen un poder e influencia real para cambiar ciertos comportamientos a nivel global.

El último día se realiza una actividad especial en la cual todos los participantes comparten su experiencia y destacan aquello que más rescatan de la semana. En su gran mayoría mencionan las amistades y los nuevos lazos que han creado a partir de esta motivación de aportar con ideas innovadoras que contribuyan a mejorar el mundo. “La intensidad de este programa es lo que permite que esto suceda. Y esa es la magia que tiene. Definitivamente es una experiencia transformadora”, agrega sonriendo.

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