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Episodio de votos marcados dejó en evidencia problemas de campaña para el 17

Piñera fuera de control: improvisación y desorden tras ola de errores del ex Presidente

por Marcela Jiménez y Macarena Segovia

6 diciembre, 2017

Piñera fuera de control: improvisación y desorden tras ola de errores del ex Presidente

En la derecha confiesan que en el comando de Piñera, tras la noche del 19 de noviembre, no hay claridad sobre los roles, existe una tensión interna indiscutible, que la forma en que se enfrenta este balotaje está a años luz del trabajo como reloj que se hizo el 2009. El fantasma de la derrota electoral, a partir de ese día, hizo que el propio ex Mandatario tomara la iniciativa y comenzara a improvisar, evidenciando una de sus principales debilidades, la incontinencia verbal y la falta de capacidad para prever el costo político que le traen sus frecuentes salidas de libreto.

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Sebastián Piñera nunca estuvo preparado para un escenario de segunda vuelta como el que enfrenta en estos días, no había diseño ni estrategia para sacudirse rápidamente la sensación de derrota que impregnó a toda la derecha la noche del 19 de noviembre, cuando las cifras presidenciales que arrojaron las urnas (36%) estaban cuatro puntos abajo del peor de los pronósticos que había hecho el comando. Por eso es que en esta fase de la campaña para el balotaje se le ha visto tan errático, improvisando, sin saber –reconocieron en el seno del piñerismo– cómo moverse adecuadamente, en un momento donde cada paso en falso puede resultar muy caro.

“A mí no me gusta poner en duda nuestro sistema electoral, porque eso es parte del patrimonio del país, porque sería primera vez que eso ocurriría en democracia. Lo que sí ocurre en todas las elecciones es que algunos se pasan de vivos, usted vio que muchos votos en la mesa estaban marcados previamente, o lo vimos todos el día de la elección, y estaban marcados por Guillier y por Sánchez, no por nosotros  (…). Las denuncias fueron planteadas por ciudadanos y fueron reproducidas por los medios de comunicación y, por lo tanto, todo el que quiera tener los antecedentes, están públicos”, fue la cuña de la discordia que lanzó Piñera el lunes en la mañana, durante una entrevista en Radio ADN.

Al interior del piñerismo reconocieron que es indiscutible que el candidato improvisó, una de sus principales debilidades, pues las salidas de libreto no son su fuerte, por lo general se le transforman en un búmeran y termina explicándose y complicándose. En su entorno dijeron que esto fue lo mismo que cuando, a principios de junio de este año, durante una entrevista en Canal 13 –el programa 'En Buen Chileno'– insinuó que el caso de espionaje en la Sofofa tenía que ver con un lío de faldas: “Yo tengo la impresión de que este caso va a tener un vuelco total, porque la información que yo tengo es que esto no se trata de espionaje político ni industrial, que es una cosa mucho más doméstica, que tiene que ver con relaciones de pareja”.

El error no estuvo solo en la criticada afirmación que hizo Piñera sobre los votos marcados, sino –explicaron en la derecha– también en la forma en que se manejó todo el episodio casi durante 24 horas. En vez de dar vuelta la página rápidamente, en una campaña de segunda vuelta en que todos los días son claves, el candidato avivó el fuego con un nuevo punto de prensa a las 16 horas, donde sin ningún tipo de evidencias para sustentar su denuncia, reiteró sus dichos: “Todo lo dicho esta mañana lo dije en forma absolutamente responsable y lo ratifico esta tarde, puesto que corresponde a la pura y santa verdad”.

Para algunos en el piñerismo y la derecha fue una forma errática de tratar de eclipsar el otro flanco que se le abrió al candidato y que, ante la polémica, pasó a segundo plano, es decir, la crítica abierta que hizo el senador RN, Manuel José Ossandón, al papel que están jugando en la campaña José Antonio y Felipe Kast: “Con ese tipo de voceros es casi imposible ganar la elección”.

El costo ya lo estaba pagando, explicaron algunos que trataron de entender la idea de mantener viva la polémica para “tapar” el otro conflicto que le hace perder más votos: las dudas sobre su compromiso real con la gratuidad en la educación. Pero, acto seguido, en la noche –mientras esperaba a ser entrevistado en el noticiero de Mega– Piñera no se dio cuenta de que era fotografiado mirando la pantalla de televisión mientras Beatriz Sánchez anunciaba que votaría por Alejandro Guillier y él, con un rictus preocupado, se comía las uñas. “Ese fue el broche de oro para un día totalmente perdido, esa es la imagen del balazo en el pie que se dio, le metieron un gol”, se lamentó un RN histórico.

Podría ser una anécdota más de campaña, un hecho para sumar a la lista de las famosas piñericosas”, pero en la derecha y en el entorno del ex Mandatario hay desazón porque no se trata de un caso aislado, sino de una seguidilla de equivocaciones en la campaña que dejan en evidencia un problema de fondo en su comando: falta de planificación y de una estrategia clara para esta segunda vuelta.

En la derecha confiesan que en el comando de Piñera, tras la noche del 19 de noviembre, no hay claridad sobre los roles, hay una tensión interna indiscutible, que la forma en que se enfrenta este balotaje está a años luz del trabajo como reloj que se hizo el 2009, donde todo estaba preestablecido, discutido, analizado y definido, día a día. “Eso no pasa ahora”, se lamentó un piñerista histórico.

A la desacertada frase sobre los votos marcados, en la derecha suman la gira a la V Región que hizo el candidato la semana pasada, donde no solo fue “funado” en algunos lugares, sino que además quedó registrado cómo era ignorado por la gente. En Renovación Nacional confesaron que el principal error de esa visita fue haber sido pensada y ejecutada al estilo político del senador Francisco Chahuán (RN), que tiene como parte de su sello un permanente e intenso trabajo en terreno, lo que –consideran– expuso gratuitamente al ex Mandatario, acrecentando la sensación ambiente de que la campaña de segunda vuelta está cuesta arriba.

Pero también se agrega la entrevista que dio a Revista Paula la hija del candidato, Magdalena Piñera, donde, lejos del objetivo de quedar como una mujer común y corriente de clase media, quedó plasmada como una persona nerviosa, errática y a la defensiva. “Esa entrevista no fue preparada, es otra prueba de la improvisación”, se lamentaron en RN, mientras quienes conocen a la historiadora –que ofició de jefa de gabinete de su padre en La Moneda entre marzo de 2010 y marzo de 2014– afirmaron que “corrió con colores propios”, no quiso recibir ayuda previa y, solo una vez que recibió una lluvia de críticas, pidió ayuda.

El problema con los errores de la hija de Piñera es que en la derecha afirman que, a estas alturas, ella es una de las pocas personas a la que realmente escucha. Siempre se ha hablado de la cercanía de ambos, de la capacidad de la historiadora de controlar a su padre, pero hoy en reserva se cuestiona que estaría pecando de falta de mesura para ser una buena orejera.

El error no estuvo solo en la criticada afirmación que hizo Piñera sobre los votos marcados, sino –explicaron en la derecha– también en la forma en que se manejó todo el episodio casi durante 24 horas. En vez de dar vuelta la página rápidamente, en una campaña de segunda vuelta en que todos los días son claves, el candidato avivó el fuego con un nuevo punto de prensa a las 16 horas, donde sin ningún tipo de evidencias para sustentar su denuncia, reiteró sus dichos: “Todo lo dicho esta mañana lo dije en forma absolutamente responsable y lo ratifico esta tarde, puesto que corresponde a la pura y santa verdad”.

Desde los primeros días, tras la noche del 19 de noviembre, llamó la atención y se tomó nota en la derecha del evidente repliegue que han tenido los ex ministros Andrés Chadwick y Cecilia Pérez –junto a Gonzalo Blumel–, figuras que desde el primer momento en que Piñera dejó La Moneda han estado a su lado, han sido su círculo de hierro y figuras claves de toda la campaña de primarias y primera vuelta. En el piñerismo explicaron que no es cierto que estén fuera y es muy difícil pensar que no estén involucrados de alguna manera, pero reconocen que efectivamente hay “una tensión”, una suerte de “desconfianza política” y “un clima de pérdida de poder de ambos”.

La estrategia y pronósticos de la primera vuelta fueron pensados por este equipo, el que le dio cabida y validez a los sondeos que hizo la encuesta Cadem, cuya cabeza es Roberto Izikson, quien –al igual que Chadwick y Pérez– trabajó en el Gobierno de Piñera. Dicen que la hija de candidato responsabilizaría directamente a los ex ministros por los errores de cálculo político, no prever que Piñera quedaría distante del umbral mínimo del 40% y que eso es lo que alimentaría la incredulidad política que afecta al triunvirato. “Cuando Piñera escucha poco a Chadwick es cuando se equivoca más y eso es lo que estaría pasando”, puntualizaron en el piñerismo histórico.

“La franja de esta segunda vuelta apunta a más terreno, más alcaldes, que los temas sean educación, salud, crecimiento y trabajo, lo sucedido el lunes eclipsa todo eso”, cuestionó un RN.

Soledad

Fueron bien pocos los que en la derecha defendieron la salida de libreto de su candidato presidencial, al lanzar un manto de sospecha sobre el proceso electoral del 19 de noviembre. Que es evidente que “improvisó”, que es un paso en falso que parece “ridículo” para alguien con la experiencia política de Piñera y que este error “lo perjudica en el electorado de centro, donde estos temas sí importan”, que el “nerviosismo lo lleva a cometer errores”, que había sido “una jugada comunicacional muy torpe” y que había llevado a un nivel bastante “rasca” el debate de la campaña, fueron solo algunos de los comentarios que en reserva manifestaron parlamentarios y dirigentes de Chile Vamos.

Varios parlamentarios hicieron llegar a las directivas de la UDI y RN su preocupación por los dichos del abanderado presidencial y consideraron que, si Piñera quería azuzar a los apoderados de mesa e hincar el diente al tema de las denuncias, no era él el llamado a hacerlo, sino que debió dejar al staff de diputados en la función de escuderos.

En RN varios se lamentaron de tener que guardar silencio ante una error del calibre que cometió Piñera, porque se sienten amarrados al compromiso que se hizo en el seno del partido, respecto a “no golpearlo públicamente” por ninguna razón hasta la segunda vuelta, porque la campaña es la prioridad, aunque uno de sus diputados cuestionó que la discusión respecto a la segunda vuelta gire en torno “a la deslegitimación de las elecciones, eso es muy bananero, ¡no estamos en Venezuela!”.

El tono de los senadores de RN Alberto Espina y Andrés Allamand hizo evidente que tampoco comulgaron mucho con los dichos de Piñera, pero no se salieron de la línea y se limitaron a sentenciar que “lo dicho, dicho está y cada uno sacará sus propias conclusiones”.

Pero la UDI no tiene ese compromiso y fue su presidenta, Jacqueline Van Rysselbergue, la que públicamente en T13 Radio dijo, con todas sus letras, que lo expresado por Piñera había sido “innecesario”, que no iba a defender “caballos cojos”, que, si bien algunos casos son ciertos, “no son masivos” y que la intención del ex Presidente había sido tratar de movilizar a las huestes de apoderados de mesa para el 17 de diciembre.

Con sus palabras expuso públicamente el malestar interno en Chile Vamos “por la falta de control de Sebastián Piñera” y lo que consideran es “una mala estrategia” de segunda vuelta.  Es que claramente, a ojos de la derecha, su candidato se pasó de largo y quedó como si recurriera –sostuvo un diputado UDI– a “una salida desesperada, justo cuando se estaban conversando temas programáticos relevantes”.

En la derecha añadieron que no era casual que la timonel gremialista reconociera de manera pública el error de Piñera, considerando que una de las figuras emblemáticas de la UDI, Cristián Leay, fue uno de los que pagó los platos rotos en el comando tras los magros resultados del día 19. El ex diputado e histórico gremialista tenía a su cargo el trabajo con los apoderados de mesa y fue reemplazado por el ex subsecretario Cristóbal Lira y Gonzalo de la Carrera, el mismo que estuvo vinculado al episodio de denuncia contra el senador Manuel José Ossandón en la campaña de primarias.

Es sintomático que Piñera ayer en la mañana, mientras era entrevistado en Radio Bío Bío, diera a entender que se había equivocado en este episodio: “Yo me arrepiento de muchas cosas”. Eso responde no solo a la falta de respaldo interno que hubo sobre sus dichos sino también a la constatación general de que lo mejor era tratar de dar por cerrado este capítulo lo antes posible.

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