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Para el profesor de derecho, en las elecciones lo peor fue el gran “papelón” de la DC

Fernando Atria: “Si gana la derecha es porque la izquierda no se articuló correctamente”

por Alejandra Carmona López

22 noviembre, 2017

Fernando Atria: “Si gana la derecha es porque la izquierda no se articuló correctamente”

No le fue bien como candidato a diputado, pero el abogado cree que la elección del domingo dejó una idea clara: Chile se ubica más a la izquierda de lo que nos hicieron creer. Por eso, el lenguaje común entre la Nueva Mayoría y el Frente Amplio será clave para conseguir una convergencia que logre derrotar a Piñera. “Los días que vienen son cruciales para intentar producir esa articulación y sería lamentable que no se produjera”, dice.

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El lunes pasado, a las 8:30 de la mañana, Fernando Atria llegó puntual a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile a hacer clases de Derecho Civil. Con ojeras, con cansancio, con una derrota como aspirante a diputado, pero con dos certezas. La satisfacción de haber hecho una buena campaña y que, ese mismo lunes en que se paraba frente a sus alumnos, Chile había parido una revelación en las urnas: contra toda encuesta, es un país mucho más cerca de la izquierda.

“No ha habido en la historia chilena una manifestación más clara y categórica de una mayoría de izquierda. Así de claro. Porque todas las señales apuntan en la misma dirección”, dice.

-¿Cuáles son todas esas señales?
-La Nueva Mayoría de hecho por primera vez –si uno la asume como la continuidad de la Concertación– se dividió o fue a las presidenciales dividida. La división se presentó exactamente entre quienes estaban por una transformación más moderada, más lenta o menos transformadora, y quienes estaban con menos ambigüedad por las necesidades de esas transformaciones. Es decir, entre el centro de la Nueva Mayoría y la izquierda de la Nueva Mayoría.

-Y fracasos como el de la apuesta Goic.
-El resultado es categórico. La candidatura presidencial de la Democracia Cristiana hizo un papelón. A las candidaturas parlamentarias de esa DC que estaba vinculada a ese “centro”, le fue pésimo. A las candidaturas dentro de los propios democratacristianos, que estaban vinculadas a una visión más de izquierda, les fue bien. Y el Frente Amplio obtiene una votación totalmente inesperada. La gente de la Nueva Mayoría estaba dispuesta a creer tanto en su versión encuesteril, de que la gente había rechazado la idea de las transformaciones y el 60% había votado de puro tonto por Bachelet, como en la versión más académico-intelectual, que en el fondo el movimiento del 2011 había sido en defensa de la modernización del modelo capitalista. Con esta elección se demostró que todo eso es falso, falso de principio a fin. Es decir, quienes siempre dijimos que era necesaria una transformación antineoliberal, siempre estuvimos en lo correcto. O sea, todo el argumento de que había habido sobreinterpretación de lo que había ocurrido en Chile desde el 2011, falso. Entonces, eso tiene que manifestarse en la rearticulación de lo que viene.

-¿Qué hace con este país de izquierda la Nueva Mayoría? ¿Hacia dónde debe mover sus piezas?
-Bueno, yo creo que esa es la pregunta, porque el resultado de la elección yo creo que es unívoco: hay una mayoría de izquierda. Yo encuentro increíble que el primero que lo haya dicho sea Ignacio Walker. Bueno, yo habría esperado que lo hubiera dicho antes de eso el Partido Socialista o algo así, pero bueno...

-¿Cómo se articula esa mayoría de izquierda?
-El problema es que esa mayoría de izquierda no está articulada. Tiene un déficit de articulación. No es un déficit de apoyo ciudadano. El problema que tiene el programa transformador es que no está políticamente articulado, y por eso se expone. No estoy haciendo una predicción, solo estoy diciendo… es posible que gane la derecha la segunda vuelta. Si gana la derecha no es porque no haya apoyo mayoritario a un programa transformador, es porque ese apoyo no está articulado políticamente. Si gana la derecha es porque la izquierda no se articuló correctamente. Entonces, yo creo que los días que vienen son cruciales para intentar producir esa articulación y sería lamentable que no se produjera. Por eso, entonces, hoy día la cuestión central es dar paso hacia intentar, hacer todo lo posible por producir esa articulación, esa es la cuestión urgente hoy día.

-Guillier decía, por ejemplo, en declaraciones recientes, que su obligación es ganarse al electorado del Frente Amplio, no a sus dirigentes. ¿Qué opinas de eso?
-Bueno, yo no escuché esa declaración, así que solo estoy comentando lo que tú dices. Claro, no es una buena declaración, o sea, qué quiere decir eso. Yo creo que la articulación se produce mediante conversaciones con quienes representan a esa nueva fuerza que surgió, que se negaba, que se había dicho que se había derrumbado y estaba más viva que nunca. O sea, si uno dice 'necesito los votos, pero no me interesan sus líderes', con quién habla entonces. Yo pensaría que lo que hay que hacer es buscar formas inteligentes de producir esa convergencia. ¿Y por qué va a ser un problema producir esa convergencia? No debería haber problemas.

Yo entiendo que esa Democracia Cristiana que fue derrotada, y que solo existe porque la infla El Mercurio, no quiere transformaciones porque creen que hay que continuar con el modelo neoliberal humanizado, corregido por aquí y por allá, pero ese también fue el conflicto dentro de la Nueva Mayoría. Estaban quienes querían nueva Constitución y quienes no, y de la negociación entre ambos surgió el proceso constituyente del Gobierno. Estaban quienes querían gratuidad y quienes no querían gratuidad, y de la negociación entre ambos surgió, bueno… entonces qué razón hay hoy día para que una candidatura de la Nueva Mayoría, que es la candidatura de la izquierda de la Nueva Mayoría, no esté dispuesta ahora que las condiciones han cambiado.

-¿Y tienes alguna idea de cómo?
-Bueno, de eso se trata la política. He percibido señales desde el Frente Amplio respecto a que ellos ven que una elección de Piñera sería un retroceso conservador. Eso, diría yo, abre una puerta. Eso no implica inmediatamente que hay un acuerdo ahí esperando a ser cerrado… y yo esperaría que hubiera, desde el lado de la Nueva Mayoría, una reacción a eso, que aprovechara esa puerta que se abre y que vamos viendo. La idea de una nueva Constitución, por ejemplo, era central dentro del programa de Bachelet, por qué no habría de ser una idea central ahora, la idea de derechos sociales, derechos sociales universales, avancemos con la gratuidad, fortalecimiento de la educación pública, reforma del sistema de pensiones, pero qué razón hay para no llegar a una convergencia.

Ni siquiera se trata de ceder. ¿Por qué es ceder para la Nueva Mayoría decir sí, necesitamos una nueva Constitución? Y 'sí, vamos a hacer lo posible para que sea a través de un mecanismo democrático, participativo, institucional, y el más democrático, participativo e institucional es la asamblea constituyente'. Eso está dicho en el programa de Guillier. Claro, está dicho en la página, no sé, 35 o 48, y eso no es muy plausible. Si uno propone una Asamblea Constituyente en la página 40 del programa, no es la manera más razonable, pero, bueno, ahora se abre un espacio que parecía o creíamos que estaba cerrado. Entonces, por qué no aprovecharlo.

-¿Lo que tiene que hacer Guillier es poner en los primeros puntos todas esas reformas que ha planteado el Frente Amplio y son, en conjunto, la mirada más de izquierda que tiene la Nueva Mayoría también en su programa?
-O sea, uno pensaría que antes de toda la cuestión presidencial la convergencia entre la Nueva Mayoría y el Frente Amplio era bien difícil. Pero ahora uno pensaría que es más fácil la convergencia entre la izquierda de la Nueva Mayoría y el Frente Amplio. Yo no estoy hablando de lo que debería hacer Guillier, o sea, él verá, pero es evidente que, con una segunda vuelta ad portas, de lo que se trata es precisamente de construir una mayoría y esa mayoría está claro –por los resultados de la elección– que tiene que ser construida con las fuerzas de izquierda, el centro desapareció. La Democracia Cristiana, la que sale victoriosa, es una Democracia Cristiana, en estos términos, bastaste más a la izquierda de lo que Burgos, Walker y Aylwin creían que estaban.

-Bueno, ellos ya no son el poder de la Democracia Cristiana, son como su fantasma.
-Bueno, exactamente, pero durante todo este tiempo han hablado como si lo fueran. A estas alturas parece que resultó harto bien que forzaran esta clarificación, separando a la Nueva Mayoría en la versión 'de centro' y la más de izquierda, de modo de ver si todo esto que nos dicen es verdad y ya lo vimos. Entonces, hay que actuar en consecuencia e intentar construir una mayoría con mirada a la segunda vuelta, para evitar lo que yo creo sería nefasto para el país, que sería un segundo Gobierno de Sebastián Piñera. Y está claro también en qué sentido hay que moverse. Que dé hacia conversar con el Frente Amplio y buscar convergencia programática y que esa convergencia se manifieste... bueno, por supuesto, hay distintas maneras de las que se puede manifestar: puede manifestarse en el Frente Amplio asumiendo una postura de ir a la segunda vuelta con un voto anti-Piñera, puede manifestarse en el Frente Amplio yendo a la segunda vuelta con un voto pro Guillier, puede manifestarse en un pacto de gobierno con repartición de ministerios, en fin, hay un abanico… las cosas no son todo o nada.

"Yo creo que lo más urgente es tener una política que esté legitimada a los ojos de la ciudadanía. O sea, 25 años de política binominal, yo creo que la han dejado a un nivel de desprestigio que es bien agudo, y la verdad es que yo supongo que nadie que haya sido candidato en la última elección puede negarlo, porque era cosa de que se apareciera un candidato por una feria y se daba cuenta de que la reacción que recibía de la ciudadanía no era una reacción de aprecio republicano por la labor política, sino precisamente al contrario".

-Esa última opción quizás no sería tan buena para el Frente Amplio, pero sí para la Nueva Mayoría
-Es lo que quiero decir. Uno puede decir que esto último no es posible, pero eso no quiere decir que no haya acuerdo posible. Aquí hay un abanico de posibilidades, de ese abanico, las distintas posiciones dentro de ese abanico, significan distintas cosas para el Frente Amplio y significan distintas cosas para la Nueva Mayoría, cada uno preferirá alguna, pero eso no quita que no se pueda converger en algunas ideas programáticas, que den suficientes sustentos, y alguna estrategia de acción para la segunda vuelta que sea aceptable para todos. Al final, quizás uno intenta esto y fracasa, a veces los intentos de producir articulación no resultan.

-¿Y quién estaría llamado a ser ese eje articulador desde la Nueva Mayoría?
-Bueno, si el país se mueve a la izquierda, uno pensaría que el Partido Socialista tiene un rol importante que jugar. Y también la candidatura misma, porque yo supongo que es el comando, la candidatura, la que busca las conversaciones y los acuerdos políticos necesarios para enfrentar los desafíos que vienen ahora, aquí, en la segunda vuelta.

-¿Tú estarías dispuesto a ser un articulador relevante para lograr esa convergencia de izquierda?
-O sea, yo por supuesto, cómo uno podría negarse. Yo sé que tengo buenas relaciones con muchas personas del Frente Amplio, buenas relaciones personales y buenas relaciones políticas, pero, claro, esto no depende de lo que yo piense, de lo que Fernando haga. De hecho, yo hoy día soy un candidato al Parlamento derrotado, así que en ese sentido personalmente peso bastante poco, pero, por supuesto, estaría plenamente dispuesto. Yo no podría negarme en la medida que eso significara una decisión de moverse en esa dirección, una decisión real y no solamente poner a alguien que les cae bien a ellos.

-¿Los más conservadores de la Democracia Cristiana y otros grupos que son más conservadores dentro de la Nueva Mayoría, siguen en ese peso muerto, un peso falso, pero que pueda impedir correr el cerco hacia la izquierda?
-Bueno, es que ¿de dónde viene la fuerza política en un sistema democrático?

-De la gente, por supuesto, pero la distribución del poder al interior de los partidos políticos no necesariamente es una respuesta de lo que pide la ciudadanía.
-Bueno, nos hemos enterado que mucho de eso viene de la manipulación que hace de sus encuestas la derecha, y de los medios de comunicación, que tenía a todo el mundo convencido de que el país era un país totalmente distinto al país que estábamos viviendo. Pero, bueno, ese velo se descorrió. O sea, cuál es el sentido de decir 'es necesario llegar a un acuerdo con el sector derrotado de la Democracia Cristiana', porque ¿qué se gana con eso?, ¿qué hay ahí? No hay nada. La pregunta es, con vistas a la segunda vuelta, dónde está lo que pueda asegurar un triunfo, y no solo pueda asegurar un triunfo, sino que pueda ser un triunfo en condiciones que son mucho más conducentes a realizar el proyecto original de la Nueva Mayoría, que era producir una transformación antineoliberal.

-En ese sentido, ¿cómo evalúas la lectura que está haciendo Sebastián Piñera de apuntar al centro? A ese centro amorfo, porque todo se movió a la izquierda.
-Bueno, ya he escuchado distintas versiones. La otra versión es que va a ir a buscar el voto de Kast.

-Creo que se acerca más a buscar el centro, el centro social, como él lo llama.
-Sí, pero el centro social es una noción sin contenido, no significa nada. Yo le diría que me encantaría. Que vaya a poner sus esperanzas en la segunda vuelta en los votos de Mariana Aylwin e Ignacio Walker. Bien, bien por él.

-Más fácil que pierda.
-O sea, es clarísimo cuál sería la situación en ese sentido. O sea, la cuestión pocas veces alcanzó el nivel de claridad como el que tenemos ahora. No, a mí me sorprende. O sea, hay mucha claridad con los resultados de la elección, salvo en lo estrictamente personal, fueron desde el punto de vista de la izquierda un resultado totalmente inesperado y, claramente, conducente a una continuación, corrección y profundización de un programa transformador. Este, diría yo, es el momento en que es necesario asumir una posición, un liderazgo de ese proceso y para eso hay que estar dispuesto a este viejo ejercicio de la política democrática que es conversar, aunar voluntades, articular, que es lo que esa mayoría de izquierda que se manifestó el domingo necesita.

-¿Cuáles son los principales puntos que debería tomar como bandera de lucha Guillier?
-Yo creo que lo más urgente es tener una política que esté legitimada a los ojos de la ciudadanía. O sea, 25 años de política binominal, yo creo que la han dejado a un nivel de desprestigio que es bien agudo, y la verdad es que yo supongo que nadie que haya sido candidato en la última elección puede negarlo, porque era cosa de que se apareciera un candidato por una feria y se daba cuenta de que la reacción que recibía de la ciudadanía no era una reacción de aprecio republicano por la labor política, sino precisamente al contrario. Y eso supone una política distinta, una política que pueda procesar demandas de transformación y que pueda proteger al ciudadano del abuso y, eso, es una Constitución nueva. Entonces, yo creo que la cuestión de la nueva Constitución debería tener un punto central. Ya nos enteramos que la titularidad sindical era contra la Constitución. Por supuesto que la posibilidad de tener negociación colectiva por rama y actividad va a ser declarada completamente en contra de la Constitución. Entonces, yo creo que el test de un programa transformador que se toma en serio a sí mismo, es el que esté dispuesto a enfrentar el problema constitucional. Por así decirlo, darle forma constitucional a la salida del neoliberalismo…

-¿Y tú crees que la asamblea constituyente sea una idea que esté como preferencia en Guillier?
-Está bien, no dice que es la única manera, dice que es aquello por lo cual nosotros abogaremos cuando se apruebe la reforma que autoriza la convención constituyente, etcétera… está bien, está muy relativizada, pero está ahí. Pero mi impresión es que, en esa materia, lo que hay que hacer es pasarla de la página 40 a la página 1, o sea, darle mayor centralidad, porque además esa sería una discusión y una cuestión que habilitaría muchas de las otras reformas. Parte del problema que ha tenido la gratuidad, por ejemplo, en la educación superior, se debe a la interferencia con ella del Tribunal Constitucional con argumentos de constitucionalidad también. Entonces, cuánto tiempo más nos vamos a demorar en darnos cuenta de que, después de todo, esto es crucial.

¿La caída de todos estos personajes emblemáticos, menos de Insulza, digamos, pero de estos personajes emblemáticos de este partido del orden, es también sintomático respecto a esta nueva realidad?
-Bueno, son personas que encarnan en ellas mismas el espíritu de la política binominal. O sea, la política que fue necesario conducir durante los primeros 20 o 25 años de la transición, o después de la vuelta a la democracia. Y esa, creo yo, es la política que ha sido y que es rechazada por la ciudadanía. Cuando la ciudadanía durante la campaña veía venir hacia ella a un candidato con un volante en la mano, la primera reacción es de rechazo. Entonces la pregunta es rechazo a qué es eso, y yo diría rechazo a una política neutralizada, a una política que prometía transformaciones pero que después no podía cumplirlas. Y yo creo que esa es la característica central de la política binominal, es una política que no podía hacer eso. Da lo mismo cuántas personas marchen en contra de las AFP, la política institucional no podía asumir seriamente la posibilidad de discutir un sistema de pensiones sin AFP. Entonces, desde el punto de vista del ciudadano, el ciudadano yo creo que se preguntaba si estos señores no están atentos a las demandas que surgen de la ciudadanía con la finalidad de procesarlas. El rechazo ciudadano es a la política constitucional.

-¿Y cuál sería el cauce natural de esos personajes? ¿Autoeliminarse? ¿Que los partidos los abandonden al lado del camino?
-Digamos que a mí me interesaría leer las memorias de Andrés Zaldívar. Creo que hay mucho que aprender. Pero que ese aprendizaje tiene que ser puesto al servicio de quienes representan una política distinta o que miran la política de una manera distinta. La política binominal ya murió.

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