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¿Qué pasa en Ecuador?

¿Qué pasa en Ecuador?

por Juan Pablo Vásquez

4 de abril de 2018

A continuación, y a través de una serie de entregas, se proponen un conjunto de antecedentes, preguntas y reflexiones en torno a la RC, sus tensiones, límites y alcances como proyecto político transformacional, tanto para Ecuador como para América Latina. En esta primera entrega se aborda la pregunta, ¿cómo y por qué se generó esta crisis y fractura?

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El Referéndum constitucional y consulta popular (la consulta) celebrada en Ecuador el pasado 4 de febrero se constituyó en un hito dentro de la crisis y fractura vivida en el seno del proceso denominado Revolución Ciudadana (RC).

Sin un mayor análisis, puede decirse que el amplio triunfo del SÍ en las siete preguntas planteadas le propina su primera derrota electoral al correísmo, mostrándolo debilitado políticamente y sin la posibilidad que su máximo líder, el expresidente Rafael Correa, vuelva a postularse a la presidencia, lo cual parecería fortalecer al actual presidente Lenin Moreno.

Sin embargo, al observar con mayor detención los resultados obtenidos, también podría afirmarse que tras esta consulta el correísmo se constituyó en la fuerza política más votada del país, acercándose a la paradójica situación de constituir una gran fuerza nacional sin tener forma organizativa ni reconocimiento institucional, escenario anticipado como posibilidad por el sociólogo ecuatoriano Franklin Ramírez en las semanas previas a la consulta (Ramírez, 2018).

Esta situación conflictiva y aparentemente contradictoria permite establecer una serie de preguntas en torno a la RC. ¿Quiénes realmente ganaron la consulta popular? ¿Por qué surge esta fuerte crisis y fractura política? ¿Se articula esto con el denominado “fin de ciclo progresista” en la región, o más bien responde a contradicciones internas?

A continuación, y a través de una serie de entregas, se proponen un conjunto de antecedentes, preguntas y reflexiones en torno a la RC, sus tensiones, límites y alcances como proyecto político transformacional, tanto para Ecuador como para América Latina. En esta primera entrega se aborda la pregunta, ¿cómo y por qué se generó esta crisis y fractura?

¿Cómo?

El posicionamiento de Lenin Moreno como candidato presidencial de Alianza PAIS (AP) durante el año 2016, se constituyó en una derrota anticipada para el expresidente Correa. Moreno no era su candidato, y aquello pudo ser percibido durante la campaña electoral, en la cual, por una parte, prometía continuar las líneas fundamentales de la obra de la RC, mientras que, por otra, convocaba a un combate a la corrupción y a una suerte de reconciliación nacional a través de un gobierno dialogante y de unidad.

Aquella convocatoria a una “reconciliación poscorreista” y “pacificación pospopulista” tomó forma desde las primeras semanas del nuevo gobierno en una búsqueda de “descorreización” del Ecuador (Ramírez, 2018), a través de una estrategia que parecía ir desde borrar la imagen del expresidente hasta vincularla a aspectos y resultados negativos. Lo cual tomó cuerpo en diferentes acciones, como la conformación del nuevo equipo ministerial, o el discurso emanado desde el ejecutivo, donde el propio Moreno, quien poco tiempo antes se había referido a Correa como el mejor presidente de la historia (González, 2016), ahora planteaba que este último había entregado el país en malas condiciones económicas y que había permitido la corrupción.

En este último marco, el entonces Vicepresidente, Jorge Glass, estrechamente cercano a Correa, quien ocupó el mismo cargo con el expresidente entre 2013 y 2017, y que había sido acusado de corrupción en medio del caso Odebrecht durante 2016, fue investigado, destituido, y posteriormente detenido y procesado. Hasta la actualidad tanto él como el correísmo defienden su inocencia.

Correa no tardó en responder, y a los pocos meses del gobierno de Moreno, se constituía un escenario donde una parte de AP era oficialismo, y la otra, los correístas, eran declaradamente oposición.

La convocatoria a la consulta agudizó esta tensión. A partir de ahí, el correísmo buscó destituir a Moreno de sus cargos dentro de AP para luego expulsarlo, sin embargo, un fallo judicial impidió aquello y confirmó al mandatario como presidente de la colectividad de acuerdo a su normativa interna. Con lo cual, los líderes del correísmo, incluido el expresidente, anunciaron su renuncia a AP y convocaron a sus adherentes a desafiliaciones masivas y a la constitución de un nuevo referente, el Movimiento de la Revolución Alfarista.

¿Por qué?

Las causas fundamentales de esta crisis y fractura pueden organizarse en dos flujos que se interrelacionan. En primer lugar, la dinámica y forma de liderazgo y relacionamiento político desarrollado por Correa, caracterizado por una serie de elementos y lógicas propias del populismo latinoamericano, no solo llegaron a un punto de agotamiento, sino que terminaron por fagocitar una serie de aportes e innovaciones democratizantes del propio proceso.

Es así como, desde su origen, AP se constituyó como una organización heterogénea política e ideológicamente; podría decirse, inclusive, “de fracciones” (Ramirez, 2018, p. 93). En este marco de heterogeneidad, lo que podría denominarse como el campo de la izquierda hegemonizó el movimiento, y, a partir de ahí, el proceso de RC.

Sin embargo, ese campo de la izquierda tampoco era un bloque homogéneo, allí confluían distintas perspectivas en torno al proceso de cambio. En ese contexto, la forma de resolver las diferencias al interior de AP y la RC, desde temprano, fue a través de una suerte de bonapartismo ejercido por el presidente Correa, donde se ponía el peso de su propio liderazgo por encima de las distintas miradas, tensiones y contradicciones.

Esa dinámica al interior de AP tenía su correlación hacia afuera. De ese modo, Correa estableció una forma de relacionamiento político que proponía una suerte de “descorporativización”, lo cual implicaba un flujo directo entre ciudadanía y Gobierno, pueblo y líder, sin intermediarios. Lo que en la práctica resultaba en quitarle reconocimiento político como interlocutores a una serie de organizaciones sociales, sindicales, e indígenas que, si bien al lado de la figura del presidente estaban disminuidas políticamente, eran parte del movimiento social, y entre las que se encontraban varias que habían sido parte importante de las luchas contra el neoliberalismo en los noventa y los dos mil. Generándose una situación donde por primera vez había un gobierno con el cual compartían un porcentaje importante de la agenda, pero al cual se oponían.

El importante apoyo de los sectores populares y la permanente mayoría electoral se constituían en una especie de aval para Correa en el ejercicio y desarrollo de esta forma de relacionamiento político. Así, por ejemplo, se enfrentaba públicamente con la dirigencia del movimiento indígena, mientras afirmaba que su gobierno era el que más había hecho por aquel sector de la población y sacaba a relucir sus triunfos electorales en zonas con mayoría de pueblos originarios.

Es decir, el capital político que significa tener efectivamente el apoyo mayoritario de la población y especialmente de los sectores populares a los cuales la izquierda no llegaba le permitía al expresidente esa forma de relacionamiento. Sin embargo, es el “lado b” de aquello lo que se termina articulando contra el correísmo, pues si en la dinámica de Correa era una clave la permanente confrontación, la presencia de su fuerte personalidad ocupando prácticamente todos los espacios, la construcción de antagonismos políticos y la polarización de la sociedad, Moreno buscó y encontró apoyo en los cansados de su personalidad, en sus antagonistas y en su polo opuesto. Es decir, Lenin Moreno, quien como candidato de AP ganó la presidencia con los votos del correísmo, una vez ya como presidente convocó y capitalizó el anticorreismo acumulado por años.

El segundo flujo es la disputa de la agenda y el modelo económico por parte de actores que habían quedado afuera bajo el orden correísta, y que ahora entran por la grieta que significa esta crisis. Pues, ese llamado de Moreno a diálogo y unidad, esa convocatoria a una reconciliación poscorreísta no es solamente con actores del movimiento social a los cuales Correa había establecido como antagonistas, sino también con las élites económicas del país (Foro de los comunes, 2018; Brieger, 2018).

Así, no solamente el orden político correísta se pone en crisis, sino también el proyecto pos-neoliberal construido durante la década de la RC. De ese modo, Moreno recompone la relación del Gobierno con la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), pero también se mueve desde una oferta de descorreización inicialmente en el sentido del estilo político hacia una vinculación a un discurso contra el Estado, contra la regulación económica que Correa había impulsado permanentemente y muy favorable a la centralidad de las inversiones privadas y extranjeras (Brieger, 2018).

Bajo esa lógica, el dinero electrónico, que durante el gobierno de Correa estaba en manos del Estado a través del Banco Central (que en Ecuador no es independiente del Gobierno) fue entregado por Moreno a la banca privada y, por lo menos nominalmente, a las cooperativas. Lo cual fue aprobado con votos del morenismo en articulación con la derecha ecuatoriana. Mismo sentido en el cual podría entenderse la pregunta 6 de la consulta, la cual, bajo el argumento de estimular las inversiones, buscaba eliminar la Ley de impuesto a la plusvalía, una normativa que básicamente limitaba la especulación inmobiliaria y regulaba el sector de la construcción.

Sin embargo, es preciso tener en cuenta que esta disputa de agenda y de modelo económico puede rastrearse hasta el 2014–2015, donde puede apreciarse una mayor presión de la derecha y las élites económicas, inclusive en las calles.

Conclusiones

En esta crisis y fractura de la RC confluyen dos grandes flujos. Por una parte, la dinámica y la forma de relacionamiento político del orden correísta se encontró muy de cerca con su punto de agotamiento y límite. De ese modo, entre todas sus diferencias no resueltas, una fisura del proyecto resultante en una crisis y fractura se constituyó en espacio por donde penetró una búsqueda de disputa de modelo económico en un sentido favorable a las élites económicas y de regresión neoliberal, poniendo en crisis el pos-neoliberalismo correísta.

A la distancia y con el fenómeno ya en marcha, es posible plantear que, si AP hubiese tenido otra forma de enfrentar sus tensiones y contradicciones internas, esta crisis, a lo menos, habría tenido una menor fuerza. De igual forma, la concentración de poder y la centralidad de la política en el Estado y el liderazgo de Correa, si bien fue en perjuicio de los mercados y las élites económicas que tradicionalmente han tenido el poder en Ecuador y en América Latina, también perjudicó la emergencia de actores empoderados desde el movimiento social.

Es verdad que el campo popular estaba desarticulado y disminuido antes y durante la emergencia de la RC, sin embargo, durante su década, esta no lo articuló ni vertió de contenidos y fuerza. Sino más bien, disputó poder desde el Estado, concentrando allí lo ganado, para desde ahí generar transformaciones pos-neoliberales, algunas incluso estructurales y transicionales hacia otra forma de acumulación, pero desde arriba, desde el Estado y su personificación en Correa.

Lo cual conduce nuevamente a un terreno donde una experiencia con un potencial emancipador en América Latina converge hacia una vertiente de populismo de izquierda, que en determinado punto de agotamiento se encuentra con sus conocidos límites. Entre ellos, la contradicción entre un discurso democratizante y una práctica verticalista y personalizadora, y la incapacidad de distribuir y socializar el poder entre los subalternos.

Finalmente, lo más complejo de esta crisis desde una perspectiva militante es la disputa por el modelo económico incluyendo los avances pos-neoliberales, algunos de ellos, inclusive, transicionales hacia otra forma de acumulación, logrados por la RC con el correísmo a la cabeza. ¿Cómo se defienden aquellas conquistas? ¿Cómo se contiene una regresión neoliberal?, ¿con el fortalecimiento y vuelta del correísmo?, ¿con la rearticulación del campo popular?, ¿a través de la izquierda dentro del morenismo? ¿Cuánto hay de regresión neoliberal en esta crisis?

Cuestionamientos todos articulados a la pregunta, ¿quiénes ganan con esta crisis, y quiénes ganaron realmente la consulta del 4 de febrero? Problemática que se aborda en la próxima entrega.

Corrector de estilo: Constanza Morales Peñaloza

Traductora Inglés - Español

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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