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Piñera y el acuerdo con los dueños de Chile

Piñera y el acuerdo con los dueños de Chile

por Claudio Fuentes S.

14 de febrero de 2018

El Presidente electo optó por no convertir a la derecha económica en una derecha liberal. Entonces, firmó un acuerdo tácito con la derecha política y económica: un acuerdo económico favorable a los empresarios y un acuerdo político favorable a los partidos más tradicionales de la derecha (la UDI y RN). Piñera les está dando lo que quieren –opciones para ganar más dinero y posibilidades de administrar el Estado–, mientras él, seguramente con más calma que la vez anterior, intentará pasar a la historia como el gran articulador de los dueños de Chile.

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Sebastián Piñera renunció a convertir la derecha conservadora en una de tipo moderna y liberal. En su primer Gobierno tuvo la ilusión de estructurar una nueva derecha. En el verano de 2010, cuando anunciaba su primer gabinete, golpeaba a los partidos tradicionales de la UDI y RN colocando en el centro de su gobierno a una elite tecnocrática muy, pero muy alejada de las tiendas políticas tradicionales. En su primer año batalló incansablemente por abrirse hacia la modernidad, por encauzar a la derecha hacia vientos más liberales, aquellos que son dignos de una visión más global, innovadora, tolerante y alejada, por cierto, de las misas de día domingo.

El proyecto político de Piñera 2018 es muy diferente. Coloca en el centro del poder a la derecha política y económica. Se trata de un acuerdo entre la elite financiera –representada por el Presidente– y la elite económica que controla los principales rubros de los sectores minero, agroindustrial y de servicios del país. El caso más emblemático es la designación del presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Alfredo Moreno, a quien lo colocó como encargado de las políticas públicas sociales del país. No debiese causar sorpresa que la mayoría del gabinete provenga de los mismos colegios o que hayan estudiado en la misma universidad, pues aquella trayectoria es esperable en una elite.

Lo particular de este Gobierno será la imbricación entre la política tradicional (UDI-RN) y las grandes empresas. En su conjunto, los integrantes del gabinete participan de más de 57 sociedades. Además, parte importante de su futuro gabinete participa de directorios de relevantes compañías, incluyendo Penta, Banmédica, Soprole, Transelec, Cementos Bío Bío, Embotelladora Andina, Sigdo Koppers, Telefónica, entre varias otras. Piñera organizó un gabinete para emprender y ganar elecciones.

El objetivo del Mandatario electo, él mismo lo indicó, es lograr que Chile se desarrolle en un plazo de 8 años –es decir, dos períodos presidenciales–. De acuerdo a este predicamento, el desarrollo y la reelección dependerán de un elemento básico que todo su gabinete entiende muy bien: el crecimiento económico. Ahora bien, ¿cómo crecer más? La clave, según este dogma, es lograr desplegar capacidades individuales para emprender. Lo que la Nueva Mayoría hizo –de acuerdo a esta postura– ha sido anular las potencialidades de la sociedad para generar crecimiento y empleos.

En esta perspectiva, la mejor política social no es la que desarrolla el Estado, sino la generación de buenos empleos: “Tener un buen trabajo con buenos ingresos es el mayor anhelo de las familias (…), el pleno empleo es la política social y familiar más efectiva que puede tener un país”, reza el Programa de Gobierno de Chile Vamos. En esta visión, el crecimiento económico generará mejores ingresos, favorecerá el progreso social, incrementará los recursos de las arcas fiscales e, incluso, promoverá casi en forma automática la movilidad social.

Si este es el mantra, entonces lo que un Gobierno busca hacer es eliminar todas las barreras que obstaculizan las inversiones y el emprendimiento. “Alivianar el peso del Estado” significa reducir las “trabas burocráticas”, simplificar los procedimientos, estimular la competitividad, colocar incentivos para que los individuos puedan ascender en la escala social. El Estado, la burocracia, se convierte en una traba a las inversiones y al desarrollo productivo. Por eso el programa de Piñera pone tanto énfasis en políticas como generar un programa tributario pro inversión, crear la “ley empresas en un día”, apoyar el programa Chile Emprende, y la revisión de procedimientos de consulta ciudadana para la materialización de programas pro inversión.

Piñera reafirma esta misma visión al justificar la presencia de Alfredo Moreno al mando de la política social: “Queremos hacer una profunda modernización de las políticas sociales para que estén realmente al servicio de la gente y no atrapadas o capturadas en la burocracia o en objetivos laterales”. En este marco, agregaba Piñera, la presencia de Moreno “refleja la importancia que le vamos a dar a compatibilizar el desarrollo económico con el desarrollo social”.

Piñera optó por un camino que le es familiar, un mantra ortodoxo de modernización capitalista, que confía ciegamente en las fuerzas del emprendimiento para desarrollarse. El gabinete –además de las relaciones de lealtad personal– refleja con particular nitidez este modo de entender las relaciones sociales, relaciones sociales fundadas en el mantra del mercado y en alivianar lo que, a su juicio, es una molesta carga burocrática del Estado.

Si el emprendimiento es la llave secreta para el desarrollo, y si el Estado es un obstáculo, entonces la misión de este gabinete será liberar las trabas que impiden que las fuerzas del mercado operen. Ya se dijo en la campaña que en Educación se buscaría devolverles a los padres (al mercado) la capacidad de pagar por la educación de sus hijos porque “las cosas gratis generan menos compromiso”. O en la reforma de pensiones, donde se señala que la mejor pensión depende exclusivamente de la capacidad de ahorro de las personas.

Los empresarios, por su parte, han criticado las enormes trabas burocráticas del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental y de la Consulta a Pueblos Indígenas, que obliga a establecer mecanismos de diálogo de buena fe con las comunidades por el Convenio 169. De ahí que el Programa de Piñera establezca la necesidad de revisar el Sistema de Evaluación Ambiental “tecnificando los pronunciamientos sectoriales, acotando los plazos, mejorando los procedimientos de evaluación y generando instancias de diálogo temprano entre la comunidad, los titulares del proyecto y el Servicio de Evaluación Ambiental”.

Piñera optó por un camino que le es familiar, un mantra ortodoxo de modernización capitalista, que confía ciegamente en las fuerzas del emprendimiento para desarrollarse. El gabinete –además de las relaciones de lealtad personal– refleja con particular nitidez este modo de entender las relaciones sociales, relaciones sociales fundadas en el mantra del mercado y en alivianar lo que, a su juicio, es una molesta carga burocrática del Estado.

Piñera optó por no convertir a la derecha económica –aquella a la que le gusta ganar dinero y que concurre sagradamente a misa– en una derecha liberal. No podía volver a cometer el mismo error del año 2010. Entonces, firmó un acuerdo tácito con la derecha política y económica: un acuerdo económico favorable a los empresarios y un acuerdo político favorable a los partidos más tradicionales de la derecha (la UDI y RN). Piñera les está dando lo que quieren –opciones para ganar más dinero y posibilidades de administrar el Estado–, mientras él, seguramente con más calma que la vez anterior, intentará pasar a la historia como el gran articulador de los dueños de Chile.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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