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Felipe Kast y el discurso oportunista de “los niños primero”

Felipe Kast y el discurso oportunista de

por Sebastián Soto-Lafoy

12 de enero de 2018

Kast en su discurso sobre la infancia se olvida de varios niños y niñas postergados. Se olvida, por ejemplo, de que la violación en Chile tiene cara de niña –el 70% de niñas entre 6 y 11 años son violadas por familiares–. Esto, a propósito de que el ex candidato presidencial ha dicho en reiteradas ocasiones que es un opositor acérrimo a la ley de aborto en tres causales. No es casualidad que su eslogan no sea “los niños y las niñas primero”. Algo dice al respecto. Ya que hay que tener una mente realmente retorcida para estar en contra de una ley que permita la posibilidad de que niñas pequeñas de 10 u 11 años, que hayan sufrido un embarazo producto de una violación –y generalmente de un familiar cercano–, con todas las repercusiones psíquicas y corporales que aquello implica, puedan decidir respecto a su propio cuerpo.

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En las recientes elecciones presidenciales, el ex candidato Felipe Kast se diferenció del resto de los abanderados y las abanderadas por sus propuestas y énfasis en los niños, apuntando a priorizar y mejorar significativamente las condiciones sociales y económicas de la infancia en Chile.

Su visión sobre esta temática puede ser considerada en primera instancia como noble y solidaria, pero su retórica y propuestas al respecto dejan varios puntos vacíos y por analizar.

Primero, partamos por su eslogan “los niños primero”. Cabe preguntarse, ¿a cuales niños se refiere? Porque al decir los niños, se refiere a la infancia como si fuese una, pero en realidad estamos frente a una multiplicidad de infancias (mapuche, transgénero, sectores populares, etc.).  Kast en general se refiere a los niños de los sectores más pobres y desfavorecidos de la sociedad. Es por lo anterior que sus propuestas en políticas públicas de infancia apuntan principalmente a ámbitos como la educación inicial y reforma al Servicio Nacional de Menores (Sename).

Pero Kast se olvida de varios niños y niñas cuando habla de infancia. Se olvida, por ejemplo, de que la violación en Chile tiene cara de niña –el 70% de niñas entre 6 y 11 años son violadas por familiares–. Esto, a propósito de que el ex candidato presidencial ha dicho en reiteradas ocasiones que es un opositor acérrimo a la ley de aborto en tres causales. No es casualidad que su eslogan no sea “los niños y las niñas primero”. Algo dice al respecto. Ya que hay que tener una mente realmente retorcida para estar en contra de una ley que permita la posibilidad de que niñas pequeñas de 10 u 11 años, o incluso menos, que hayan sufrido un embarazo producto de una violación –y generalmente de un familiar cercano–, con todas las repercusiones psíquicas y corporales que aquello implica, puedan decidir respecto a su propio cuerpo.

Kast también se olvida de la situacion de la infancia mapuche. Lo que llama la atención en ese punto es el rótulo de “terrorismo” que utiliza para referirse a la causa mapuche , pues no se ha referido nunca al trato justamente terrorista que ha tenido el Estado chileno con los niños y las niñas mapuches, vulnerando sus derechos de manera constante, violenta y agresiva. Allanamientos, lacrimógenas, represión y violencia física y verbal, son parte de la cotidianidad de miles de niños y niñas mapuches. No hay que olvidar que en el último informe del Instituto Nacional de Derechos Humanos, se señala que 133 niños, niñas y adolescentes han sufrido algún tipo de violencia por parte de Carabineros y la policía civil en los últimos años. [1]Pero al parecer para Kast esta situación no es tema.

“Los niños primeros en la fila”. Deja harto que pensar una frase así. ¿Acaso eso quiere decir que existen ciudadanos y ciudadanas de primera, segunda y tercera categoría? Si los niños están primero en la fila, ¿quiénes están al último? Una cosa es decir que la infancia debe tener un lugar central en la política pública y en derechos sociales, y otra cosa muy distinta es decir que están “primero en la fila”.

Otro punto que llama la atención es su propuesta sobre la reforma al Sename. A pesar de que plantea varios puntos interesantes y necesarios (figura de Defensor del Niño, Comisión de Verdad, reforma a la Ley de Adopción), no hace alusión alguna a las condiciones laborales de los trabajadores y las trabajadoras. ¿Sabrá acaso Kast que las educadoras de trato directo, las que trabajan en residencias, y que son muchas veces las figuras significativas de los niños y las niñas internados(as), ganan sueldos indecentes, con horarios extensos, y sometidas diariamente a estrés? ¿Tiene alguna idea de que para hacer una reforma profunda del Sename, entre los temas más relevantes a abordar, además del tipo de atención que reciben los niños y las niñas, están las condiciones laborales de las personas que están a cargo y cuidan de esos niños y niñas separados(as) de sus familias de origen? Al parecer no.

“Los niños primeros en la fila”. Deja harto que pensar una frase así. ¿Acaso eso quiere decir que existen ciudadanos y ciudadanas de primera, segunda y tercera categoría? Si los niños están primero en la fila, ¿quiénes están al último? Una cosa es decir que la infancia debe tener un lugar central en la política pública y en derechos sociales, y otra cosa muy distinta es decir que están “primero en la fila”.

El tema de fondo no es que los niños y las niñas estén “primeros en la fila”, es decir, que, jerárquicamente hablando, estén por sobre los(as) estudiantes universitarios(as) o los(as) pensionados(as). Esto es algo que Kast deja entrever, que hay personas que importan más que otras.

Y lo peor es que utiliza la consigna de “los niños primero” de manera instrumental y, así, poder justificar la negación de cambios estructurales en materia de derechos sociales (educación, salud, vivienda, etc.) Esto lo podemos ver concretamente en su rechazo a que el Estado financie y asegure el derecho a la educación (escolar y universitaria) o a la eliminación de las AFP y la creación de un sistema tripartito de pensiones. Pareciera ser que se le olvida que hoy en día hay varios estudiantes universitarios que son padres y madres y que deben trabajar y estudiar para costearse sus estudios y mantener a sus hijos(as), o que muchos niños viven con sus abuelos, quienes reciben pensiones indignas.

A fin de cuentas, Kast tiene una visión reduccionista y parcializada sobre la condición social de la infancia en Chile. ¿Cómo pretender mejorar las condiciones de vida, disminuir las desigualdades sociales de los niños y las niñas, sin tener en cuenta que los otros y otras, quienes los(as) cuidan, también sufren vulneraciones de derechos (estudiantes universitarios, abuelos, educadoras de trato directo, mujeres, etc.)? ¿Por qué insiste tanto en el eslogan de los niños primero en la fila, como si se refiriera a todos los niños y niñas, independientemente de su género y/o etnia, cuando las niñas embarazadas producto de una violación, y la infancia mapuche, están últimos en esa fila?

Su aparente preocupación por la infancia, en realidad, esconde otros intereses que usualmente se ponen en juego durante una candidatura presidencial –y que ocurre con la mayoría de los políticos cuando empiezan a hablar de los derechos del niño–: los votos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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