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¿Legalizar el cannabis? Lo que dice el economista

¿Legalizar el cannabis? Lo que dice el economista

por Francois Meunier

13 de octubre de 2017

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El uso no medicinal del cannabis es peligroso para la salud. Hoy en día, su distribución crea inseguridad y nutre las redes de traficantes. ¿Hay alguna forma de controlar este consumo y hacer que no sea beneficioso para los criminales?

En este importante tema de seguridad pública, la clase política sigue atascada. Sin embargo, los argumentos económicos en favor de su liberalización controlada son tan fuertes que la ley debe evolucionar. Y son fuertes porque, legal o no, el mercado del cannabis sigue siendo un mercado, por eso sujeto a la ley de la oferta y la demanda.

El argumento clásico de los que quieren liberalizar se enuncia así: como el uso del cannabis se ha vuelto extremadamente común, su represión se asemeja a una guerra perdida. Al Capone perdió en frente de Eliot Ness, pero al final la legalización del consumo de alcohol triunfo. La prohibición sirve principalmente a desviar la demanda de la gente a mercados paralelos, en manos de bandas organizadas. En vez de alimentar las arcas estatales, fomenta la delincuencia en las ciudades, haciendo una sillita a otras prácticas criminales. Los esfuerzos policíacos se pierden en una vana lucha, distrayendo recursos que serían mejor utilizados en otra parte.

Pero el argumento por sí solo no es suficiente para defender la liberalización. Por ejemplo, la venta de heroína es un crimen practicado, aunque fuertemente reprimido. Nadie, salvo algunos espíritus disidentes, solicitan su despenalización. Se añade en el caso del cannabis que su poder adictivo y nocividad es menor que otras sustancias, como el tabaco y el alcohol, que son fácilmente admitidas. Eso fue documentado por un artículo de 2007 de la altamente reputada revista médica, The Lancet.

Un argumento más relevante acá dice que un procedimiento de mercado legalizado (pero controlado) es más eficaz que la represión para controlar la demanda de cannabis, y además para reducir la demanda de otros productos distribuidos por los traficantes.

Hoy en día, la demanda se establece en un nivel vinculado a su precio en el mercado ilícito. La legalización controlada significa, como para el tabaco, la introducción de un impuesto. Esto permite fijar el precio de venta legal al nivel que permita una demanda idéntica o menor. ¿A qué nivel se fija el precio del mercado ilícito, luego a qué nivel debe fijarse el impuesto? Su precio, como él de otros bienes, es siempre la suma del precio de compra, de los costos de distribución y del margen. Estos tres elementos incorporan la prima de riesgo de la actividad, que obviamente es muy alta en todos los niveles de la cadena. Cuanto más fuerte sea la represión, mayor será el precio al consumidor.

a demanda idéntica, el precio legal, controlado por el impuesto, puede ser más alto que el precio ilegal. El beneficio fiscal será mayor que el beneficio de los mafiosos, lo que resulta que el Estado, teniendo el monopolio de la legalidad, es capaz de sacar beneficios de este monopolio. Además, el estado puede manejar el impuesto para reducir la demanda, hasta al nivel donde aparece de nuevo un mercado ilegal, como lo demuestra la reactivación del contrabando de cigarrillos.

En la dirección opuesta, este precio se ve disminuido por la inconveniencia que padece el consumidor cuando compra la mercadería: él preferiría conseguir su cannabis en la tienda de la esquina y no en lugares sombríos, ya que también incorpora su propia prima de riesgo al precio. Luego, el consumidor está dispuesto a pagar más por un producto legal, accesible y que cumpla con estándares establecidos de calidad y salud.

Por lo tanto, a demanda idéntica, el precio legal, controlado por el impuesto, puede ser más alto que el precio ilegal. El beneficio fiscal será mayor que el beneficio de los mafiosos, lo que resulta que el Estado, teniendo el monopolio de la legalidad, es capaz de sacar beneficios de este monopolio. Además, el estado puede manejar el impuesto para reducir la demanda, hasta al nivel donde aparece de nuevo un mercado ilegal, como lo demuestra la reactivación del contrabando de cigarrillos.

¿Cuál es ahora el impacto en la demanda y el suministro de otros productos de la mafia? El cannabis es de hecho el trampolín para otros narcóticos, más dañinos, más adictivos y más remunerativos para la criminalidad grave. Los traficantes aplican el principio n°1 de los manuales de mercadotecnia, que se llama la estrategia del “producto básico de entrada”. Por consiguiente, las autoridades deben responder de conformidad con el principio n°2 de los mismos manuales, a saber: "segmentar el mercado".

Su aplicación es disociar radicalmente la distribución del cannabis de la de otras drogas que siguen siendo ilegales. Estas últimas quedarían absolutamente prohibidas y por tanto en manos del mercado ilegal, con los riesgos asociados para los vendedores y los consumidores. Los estudios sobre el tema generalmente concluyen que la demanda espontánea de drogas duras disminuiría, pero el efecto más importante sería sobre la oferta de estos productos, debido tanto a la refocalización de los recursos policiacos como a la pérdida de ingresos de cannabis por las redes de delincuentes.

La legalización es un verdadero debate que se debe abrir. Este tiempo electoral es propicio.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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