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España: 40 años después

España: 40 años después

por Claudio Vásquez Lazo

18 de junio de 2017

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El 15 de junio de 1977, España se vistió con traje nuevo. En efecto, ese día se inició – vía las primeras elecciones libres - el tránsito democrático, dejando atrás el franquismo y se abrieron las alamedas a una nueva Constitución democrática.

Parafraseando al Presidente mártir Salvador Allende, no se abrieron las “grandes alamedas”, en el caso español, cómo no se abrieron en el caso chileno.

Los procesos de restauración democrática son difíciles, por decir lo menos y generalmente, no son trajes a la medida del pueblo soberano, de las grandes mayorías.

Sí miramos el caso español, el triunfo de los sectores democráticos – de derechas e izquierdas- dio inicio a un proceso de ingeniera política hábil, por un lado desmontar los enclaves del franquismo y no habilitar con ello, el retroceso de una asonada militar. En todo caso, el General de la Guardia Nacional, Tejero en febrero del año 1981, asaltó el Congreso Español, en un vano intento de hacer retroceder la historia.

En España cómo en Chile, los jóvenes critican duramente, el antiguo régimen y eso es normal: ellos no vivieron los peligros, los desaparecidos, los muertos que quedaron, en la larga lucha por reconquistar, el derecho a ser ciudadano.

El valiente rol jugado por el ex Rey Juan Carlos, echó por tierra las ilusiones de los golpistas, lo que permitió que el curso de los cambios democráticos no se interrumpiera.

La España de Adolfo Suárez, Felipe González, José Luis Zapatero y de Mariano Rajoy, gobernantes, desde el 1977 al 2017, no es la copia feliz del edén, como diríamos los chilenos: Adolece dé muchas precariedades, desde un punto de vista exigente, pero ni el más empecinado detractor puede decir que, España no dio un salto cualitativo en su camino a una sociedad más moderna y democrática.

En España cómo en Chile, los jóvenes critican duramente, el antiguo régimen y eso es normal: ellos no vivieron los peligros, los desaparecidos, los muertos que quedaron, en la larga lucha por reconquistar, el derecho a ser ciudadano.

Hoy, aquí y allá, nos dicen que los demócratas, de derecha, centro y nosotros los de izquierda, transamos él proceso a una democracia plena.

Eso es cierto, en España y en Chile: sin los acuerdos de todos los sectores que aspirábamos a tener paz, tranquilidad, justicia y democracia, no tendríamos los espacios de libertad que hoy vivimos, sin esos acuerdos.

¿Podíamos haberlo hecho mejor? Posiblemente, pero para eso se necesitaba una Nación unida y no quebrada como la que enfrentamos, en el caso chileno, en 1989.

Hoy de nuevo, veo un país dislocado, que no sabe para dónde va: El populismo, la lucha del poder por el poder, nos está arrastrando a un callejón sin salida.

Yo todavía aspiro que Chile sea una sociedad decente, en donde la gente, se ponga en el lugar del otro, que se escuchen y juntos construyamos el Chile del futuro: Más amoroso e inclusivo.

Somos una Nación sin una identidad común, hemos perdido la voluntad de soñar un país, donde el respeto por las ideas del otro, sea la base de una nueva convivencia.

El nuevo contrato social implica, a mi juicio, incluirnos como sujetos de ese cambio y no como meros observadores de la realidad.

Afianzar la democracia, significa que tenemos un sentido de pertenecía que la pueda sostener y la consiguiente responsabilidad para participar del cambio que queremos.

Los resultados de las elecciones de Inglaterra y él renacimiento de Pedro Sánchez a la cabeza del PSOE, abren las esperanzas de muchos socialdemócratas en el mundo.

Escribo este artículo desde la España moderna y democrática, que también busca profundizar su democracia, en vísperas del Congreso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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