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PDC: el extraño síndrome del partido maltratado

por Germán Silva Cuadra

2 mayo, 2017

PDC: el extraño síndrome del partido maltratado

Lo más sorprendente que ocurrió en la pasada junta nacional es que la mayoría de los discursos apuntó al maltrato que la Democracia Cristiana ha sufrido de manos de sus aliados. Fue como una especie de rebelión tardía, de rabia acumulada por años, como el de la mujer golpeada que debe soportar la humillación, el abuso, hasta que de repente logra tomar conciencia de su situación y decide denunciar a su agresor, enfrentarlo y hacerlo público. Carolina Goic pareció hablar desde el dolor del abusado.

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El título de esta historia pudo haber sido “el sueño del ave fénix”. Tiene épica, es motivador e instala un horizonte para un partido que viene cayendo en la adhesión ciudadana de manera sostenida en estos últimos años. Como muestra un botón: entre las elecciones municipales de 2004 y 2016, bajaron a la mitad su votación, de 21.9 a 11.8 por ciento. También para un conglomerado que hace 18 años no tiene a uno de sus filas encabezando un Gobierno, pese a formar parte de un pacto, en el que se han tenido que conformar con ser compañía de presidentes socialistas. Tal vez el momento más dramático para la falange fue cuando uno de los suyos, Claudio Orrego, recibió un modesto 8.86% de los votos en las primarias de 2013. Este ingrato recuerdo debe haber tenido un peso importante en el 63% de los integrantes de la junta nacional a la hora de votar.

También pensé enfocarme en la catástrofe que la decisión de la DC provocará en la Nueva Mayoría y el Gobierno, pero la verdad es que esto no es novedoso, pues era solo un tema de tiempo. Ya quedaba poco aire en una coalición que jamás logró afiatarse y cuyos integrantes nunca tuvieron la disciplina, ni menos la lealtad, para llevar adelante un proyecto que, lo reconozca o no la DC, terminaron por aceptar a la hora de ir juntos en la misma papeleta.

Es extraño, por decir lo menos, que ahora digan que no sabían cuál era el programa de Bachelet. De hecho, uno de los principales problemas que ha tenido este Gobierno es precisamente la tozudez para llevar a cabo las reformas propuestas, contra viento y marea. De ahí que el segundo título de esta verdadera teleserie oficialista podría haber sido “Nueva Mayoría, muerte prematura”, quedando casi un año por delante.

Lo cierto es que este es el experimento político más breve de la historia política reciente y, ya desde el inicio del mandato de Bachelet, costaba entender cómo podían ser parte de una misma alianza Mariana Aylwin o Gutenberg Martínez y Guillermo Teillier.

De fondo, en la junta nacional democratacristiana, y durante las semanas previas, lo que observamos fue un debate desgarrador en torno a la sobrevivencia de este importante partido.

Pizarro advirtiendo que ir a primera vuelta sería un suicidio político, además de pronosticar que, si Goic no logra prender en las encuestas, debería abandonar la carrera en agosto.

También emergió un grupo de militantes cercanos, los que antes se denominaban progresistas o chascones, encabezados por Andrés Aylwin –sí, el hermano del ex Presidente–, que acusaron de “egoístas y mesiánicos” a quienes estaban por evitar las primarias.

Por su parte, Mariana Aylwin –sí, la hija del ex Presidente– señalando que el partido no votaría ni en primera ni en segunda vuelta por Guillier y, de paso, haciéndole un gran favor a Piñera, al concluir que muchos DC podrían votar por el abanderado de derecha en caso de que hubiese primarias. Eso significa que el grupo que ella encabeza ya notificó al país que bajo ninguna circunstancia apoyará al senador en segunda vuelta.

Lo que viene será muy difícil para este partido, y obviamente para el Ejecutivo y la ex Nueva Mayoría. La probabilidad de constituir una lista común es nula. Un posible respaldo en segunda vuelta parece una verdadera utopía después de este acto de rebelión DC. Si antes sintieron que fueron pisoteados y pasados a llevar estando dentro de la colación, nada podría hacer suponer que los de la falange estarían dispuestos a apoyar a Guillier en una segunda vuelta en que tuvieran que sumarse a un programa ajeno.

Pero lo más sorprendente que ocurrió el 29 de abril es que la mayoría de los discursos apuntó al maltrato que la Democracia Cristiana ha sufrido de manos de sus aliados. Fue como una especie de rebelión tardía, de rabia acumulada por años, como el de la mujer golpeada que debe soportar la humillación, el abuso, hasta que de repente logra tomar conciencia de su situación y decide denunciar a su agresor, enfrentarlo y hacerlo público. Carolina Goic pareció hablar desde el dolor del abusado.

Usó conceptos duros. Relató momentos dramáticos, propios de un paciente en una sesión con su terapeuta. Llegó a decir “partido que se arrodilla no tiene derecho a aspirar a nada”. Un relato que no dice relación con un partido que tiene ministros, subsecretarios, intendentes, gobernadores y miles de funcionarios a lo largo del país. Un discurso que cuesta entender cuando se es parte de un Gobierno.

Lo que viene será muy difícil para este partido, y obviamente para el Ejecutivo y la ex Nueva Mayoría. La probabilidad de constituir una lista común es nula. Un posible respaldo en segunda vuelta parece una verdadera utopía después de este acto de rebelión DC. Si antes sintieron que fueron pisoteados y pasados a llevar estando dentro de la coalición, nada podría hacer suponer que los de la falange estarían dispuestos a apoyar a Guillier en una segunda vuelta en que tuvieran que sumarse a un programa ajeno.

Esta decisión de la DC fue, por sobre todo, un acto de sanación, de terapia colectiva. Y la historia ha demostrado que muchas veces es mejor morir para volver a renacer. Aunque sea con un partido más pequeño y menos influyente. Después de todo, siempre es mejor ser cabeza de ratón que cola de león.

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