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PS: el dedo de Lagos

PS: el dedo de Lagos

por Germán Silva Cuadra

3 de abril de 2017

El gran perdedor de esta “operación Lagos” es el propio PS. Su credibilidad quedó claramente dañada. Esta vuelta de carnero fue muy obvia y observada con atención por el país. Si hasta la semana pasada el partido podía jactarse de ser el único que elegiría a su abanderado vía urnas, hoy ha quedado en la misma categoría de todos. Una pésima señal, en un momento en que la política es percibida como un espacio de arreglines y poca transparencia.

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Hace rato que las cosas no andan bien en el PS. Pese a la paradoja de ser uno de los pocos partidos que han cumplido con la meta del refichaje, al interior de la colectividad la confusión parece haberse impuesto. Sin ir más lejos, el giro en 180° tomado por el comité central el sábado recién pasado es la demostración del vértigo socialista. La consulta o primaria interna había sido acordada por sus mismos integrantes en noviembre y luego ratificada a comienzos de este año.

Las semanas previas al encuentro partidario, y de manera algo inusitada, fuimos testigos de una disputa pública que fue subiendo de tono. Duras críticas por parte de los ex abanderados Insulza y Atria ante las sospechas del intento de “bajar” la elección interna fijada para el 23 de abril; advertencia de Isabel Allende a Lagos de que, en caso de que este no quisiera competir, la contienda sería entre los otros candidatos y el ex Mandatario quedaría fuera de carrera; presión de un grupo de “terceristas”, encabezados por el clan Melo, para incorporar a Guillier como precandidato; Osvaldo Andrade, en su peculiar estilo, amenazando que, en caso de no haber consulta, pediría sanciones disciplinarias ente el tribunal supremo (TS).

Pero el broche de oro estuvo a cargo de Máximo Pacheco. A 48 horas del cónclave, reafirmó que Ricardo Lagos no estaba disponible para ser sometido al escrutinio interno y que no asistirían al encuentro, para que no se interpretara como “presión”. El ex ministro de Energía puso arriba de la mesa todas las “jinetas” del ex Presidente, enumerando las contribuciones hechas al partido, y remató con una sentida petición de “respeto” para la figura de Lagos. Curioso. ¿Desde cuándo es una falta de respeto el que las personas elijan entre varias alternativas, por más méritos que tenga alguien?

Pero la desorientación del Partido Socialista parece tener un origen bastante simple. De hecho, lo único que no hubo en estas semanas fue una discusión ideológica de fondo.

¿Cuál es el síntoma que desató la pugna al interior del partido de Gobierno? El temor a no ser capaces de llegar a las primarias del 2 de julio con un candidato competitivo, situación desconocida para una colectividad que ha tenido tres gobiernos encabezados por figuras de su tienda desde el retorno de la democracia. Y al escaso apoyo que tenía la tríada Insulza-Atria-Lagos, se suma el hecho de que Michelle Bachelet apenas supere el 20% en los sondeos de evaluación pública. Un escenario muy negro a solo tres meses de la primaria en la Nueva Mayoría.

El ex ministro de Energía puso arriba de la mesa todas las “jinetas” del ex Presidente, enumerando las contribuciones hechas al partido, y remató con una sentida petición de “respeto” para la figura de Lagos. Curioso. ¿Desde cuándo es una falta de respeto el que las personas elijan entre varias alternativas, por más méritos que tenga alguien?

El acuerdo tomado por el comité central fue un gran triunfo para Lagos. Quedó como único candidato de esas filas –gracias a su extraña doble militancia– y logró  imponer su posición haciendo valer su peso histórico. También le aportó una muy buena salida a Insulza. Con ese 1% no podía aspirar a nada y hoy el ex ministro puede aceptar gustoso una invitación para ser candidato a senador; total, el partido quedó en deuda con él. Atria tampoco pierde mucho, porque su candidatura testimonial le permitió ganar un espacio importante y de seguro lo dejará con más protagonismo interno.

Pero el gran perdedor de esta “operación Lagos” es el propio PS. Su credibilidad quedó claramente dañada. Esta vuelta de carnero fue muy obvia y observada con atención por el país. Si hasta la semana pasada el partido podía jactarse de ser el único que elegiría a su abanderado vía urnas, hoy ha quedado en la misma categoría de todos. Una pésima señal, en un momento en que la política es percibida como un espacio de arreglines y poca transparencia.

Ahora en el conglomerado vendrá la segunda fase de esta disputa pública. De seguro, Lagos tendrá como competidor a Alejandro Guillier. El hecho de que el senador sea independiente le dará la opción de competir por el cupo socialista, sin embargo, su condición de candidato del PR despertará resistencias. Lo que veremos para adelante será si el comité central del PS toma una decisión basada en el pragmatismo –en este caso, el abanderado debería ser Guillier– o, bien, se aferra a la historia y nostalgia con Lagos.

Pero la principal incógnita será la forma de conducción que tendrá la nueva directiva, y en particular el liderazgo de Álvaro Elizalde, para resolver quién será su candidato presidencial.

Es cierto que “el dedo” de Lagos pesó fuerte para el ente de conducción del PS, pero también es un hecho que no se ven signos de que el ex Presidente vaya a repuntar en las encuestas. Si Elizalde vuelve a operar con la lógica de su antecesora, es decir, priorizando a quienes tienen mejor performance pública, la decisión será obvia. Mal que mal, Fernando Atria, al abandonar forzadamente la competencia, ironizó con las palabras de Isabel Allende: “Si el PS está preocupado de nominar a un candidato que marque bien en las encuestas, les sugeriría que nominaran a Sebastián Piñera”.

 

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