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Piñera: empieza el show

Piñera: empieza el show

por Germán Silva Cuadra

23 de marzo de 2017

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Esta larga historia se podría llamar, al estilo de García Márquez, “Crónica de un candidato anunciado”. Desde el 12 de marzo de 2014 hasta el martes 21, tuvimos a Sebastián Piñera actuando como si lo fuera, pero negando lo obvio y desafiando eso que los chilenos, de cualquier condición, llamamos sentido común. Despliegue casi diario en medios –tradicionales, digitales y redes- que lo incluía no sólo a él, sino a la ex primera dama, sus Fundaciones –Avanza Chile, Tantauco, Chile Vive Sano y Futuro-  y a su equipo cercano, encabezado por su principal vocero, Andrés Chadwick. La verdad es que pareciera que el ex mandatario nunca llegó a convencerse que había abandonado el palacio presidencial.

Es obvio que este no reconocimiento de su candidatura obedeció a una estrategia comunicacional para poder “blindarlo” frente a algunos temas y mantener un nivel de expectación propio de una serie de Netflix. Cada cierto tiempo, su equipo lanzaba un rumor que lograba sembrar inquietud entre sus seguidores –como el que su familia lo estaba presionando para que desistiera de la aventura- lo que lograba el efecto de levantar nuevamente el tema y desatar una oleada de proclamaciones anticipadas. Una estrategia correcta, seguramente inspirada en la que utilizó Bachelet en 2013 y que se resume en un simple y viejo axioma político: “primero espero que me llamen, luego que me rueguen”.

El candidato Sebastián Piñera, versión 2017, mantiene la mayoría de las características que le conocimos cuando fue presidente. Acelerado, impetuoso, auto referente, ególatra, rápido, poco empático, mesiánico y ejecutivo. Pero hoy ya no es de RN y su cercanía a la UDI es políticamente más profunda que el pragmatismo que uso con ellos en su gobierno. También parece haber aumentado su falta de pudor. El empresario no le teme a nada y nadie. Le importa menos que lo critiquen, ni que lo comparen con otros. Resiste los ataques contra atacando, como en el caso Bancard o la reciente denuncia de Ciper del uso de “empresas Zombi” en los 90¨s. Tampoco se sonroja al ser sorprendido “copiando ideas”, por el contrario, se jacta de eso. Pero principalmente le gusta más ahora la política espectáculo.

Vamos a la puesta en escena de este esperado anuncio, que se asemejó más a la llegada de un rock star que a un candidato presidencial. Y seamos francos, Piñera violó un código histórico de la política chilena: los proyectos siempre están por sobre las personas. El acto de Quinta Normal fue el culto, la veneración de la figura, la invocación del salvador. El piñerismo en su máxima expresión. Amplia cobertura a los preparativos, especulaciones de quienes estarían invitados y quienes no a un acto masivo, cuyo lugar se mantuvo en reserva hasta horas antes, como un verdadero secreto de Estado. El ex mandatario vestido como Obama: terno azul, corbata celeste y bandera en la solapa. Un lanzamiento al más estilo americano.  Papel picado tricolor, atril similar al utilizado por Trump, público eufórico aplaudiendo cada frase pronunciada. Abundantes pantallas, enlace en directo a las 21 horas como una cadena nacional y el delirio de los asistentes. Cecilia Morel dándole el agreement – la copia chilena de lo que hizo Michelle Obama en su momento- y el ex mandatario proyectando la imagen de presidente electo, más que de candidato a La Moneda. O a primarias de Chile Vamos, en estricto rigor.

La verdad es que hubo pocos contenidos en el esperado discurso de Piñera. Abundó la forma por sobre el fondo. Críticas excesivas a Michelle Bachelet, auto referencia y férrea defensa frente a las acusaciones que el ex presidente considera, más bien, como parte de una campaña en su contra. Llamó a “corregir el rumbo”, pero sin especificar como. Criticó la delincuencia, pero dejó para más adelante las propuestas de cómo solucionar el problema. También abundaron las frases cliché, del tipo “desterraremos el populismo”, pese a que su discurso fue muy populista.

No quedó duda, Piñera se dedicó a estudiar en profundidad las elecciones norteamericanas y siguió el día a día la campaña de Donald Trump. De seguro anotó- obsesivamente-  ideas, revisó videos y leyó los discursos del mandatario de Estados Unidos. Y no cabe duda que también se animó a observar las performances de Clinton y Sanders. El uso de frases provocativas y cuñas categóricas nos mostraron a un Piñera inspirado en el estilo americano, tanto es así, que llegó a abusar de la torpe sentencia de la presidenta Bachelet  “cada día puede ser peor”.

Pero lo más importante era conocer el relato con que Piñera intentará seducir a los chilenos para salir del panorama negro que él mismo se ha encargado de pintar estos largos meses de no candidato. También había expectación de saber cuál será su estrategia para que el país pueda crecer con un precio del cobre muy lejos del que le tocó cuando gobernó en 2010 o como mejorar el Transantiago o la forma de disminuir los portonazos y la quema de camiones en la Araucanía.

La verdad es que hubo pocos contenidos en el esperado discurso de Piñera. Abundó la forma por sobre el fondo. Críticas excesivas a Michelle Bachelet, auto referencia y férrea defensa frente a las acusaciones que el ex presidente considera, más bien, como parte de una campaña en su contra. Llamó a “corregir el rumbo”, pero sin especificar como. Criticó la delincuencia, pero dejó para más adelante las propuestas de cómo solucionar el problema. También abundaron las frases cliché, del tipo “desterraremos el populismo”, pese a que su discurso fue muy populista.

De hoy en adelante, los focos estarán atentos a capturar como el candidato puede controlar a la UDI para que no terminen apoderándose de su comando. También el candidato deberá demostrar cómo pasa la prueba de la blancura del conflicto de interés entre política- negocios y comprobar que  decir “actuaré más allá de la ley” apenas denota una voluntad de intenciones. .

Pero el principal riesgo para Piñera lo constituirá, de aquí en adelante, el fuego amigo. Los  partidos de Chile Vamos lo proclamaron anticipadamente como abanderado. Y por tanto, tomaron una posición a favor del ex mandatario, lo que generará legítimas dudas respecto de la  imparcialidad que tendrán sus cúpulas frente a los otros interesados en competir en las primarias del bloque opositor. Ossandón y los Kast tendrán que doblar sus esfuerzos para posicionarse, pero también podrán exigir garantías que hoy no están dadas.

Qué duda cabe, el candidato Piñera está de vuelta.

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