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Invasión de especies pirófitas en Chile con financiamento estatal

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Señor Director:

A principios de mes y luego del gran incendio que afectó a Valparaíso, el Presidente del Colegio de Ingenieros Forestales de Chile, Roberto Cornejo cuestionó el planteamiento de la Dra. Mary Kalin (Premio Nacional de Ciencias Naturales) sobre el riesgo de incendio que suponían las plantaciones de eucaliptos en los límites de las ciudades. Fernando Raga, presidente de la Corporación Chilena de la Madera también opinaba en esa ocasión que todos los tipos de bosque se queman de igual manera, ya sean nativos o introducidos. Este comentario vuelve a la palestra con los incendios en la regiones de O’Higgins y El Maule.

El hecho de que las plantas tengan diferencias en sus características físicas (como la inflamabilidad) es un conocimiento básico en la biología y la ingeniería forestal. Quienes tienen chimeneas (donde está permitido) saben que la leña de eucaliptos prende más rápido, y que la madera nativa arde más lento, pero dura más. Los eucaliptos, el pino insigne y los aromos provienen de países donde el fuego ha sido una perturbación natural durante millones de años, y por lo tanto, han evolucionado en respuesta. Es decir, los incendios recurrentes han generado en ellas adaptaciones que les permiten sobrevivir al fuego, o incluso depender de éste para reproducirse. Dado que estas especies requieren del fuego, por ejemplo, para dispersar sus semillas o germinar, la inflamabilidad resulta un beneficiosa porque también elimina la competencia con las especies vecinas. Las especies que poseen estas características son las llamadas “pirófitas”, y dentro de ellas, los eucaliptus son de las más inflamables.

Los estudios que estamos realizando desde el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) muestran que los incendios en las plantaciones están aumentando y que la probabilidad de que ocurra un fuego es mayor en las plantaciones forestales que en las áreas de bosque nativo. Los incendios naturales en Chile son muy raros (en su mayoría son antropogénicos), y las especies nativas no han evolucionado en respuesta a este factor (no son pirófitas). Entonces, la idea de que los bosques de pinos y eucaliptos son similares a los nativos en cuanto a la probabilidad de quemarse es incorrecta y contradice la evidencia científica, y por lo tanto, es un irresponsabilidad entregar este tipo de información a la sociedad. Hemos invadido nuestro paisaje con esas especies y con financiamiento del estado. No sólo las empresas forestales tienen su responsabilidad, sino también los gobiernos de turno que no han sabido dar soluciones al desastre paisajístico (y ecológico) que tenemos en Chile centro y sur.

Finalmente, ante la opinión de Fernando Raga de que la eliminación de estas especies en las áreas periurbanas “contribuye a deprimir la actividad económica”, decir que el manejo preventivo del paisaje en torno a las ciudades podría reducir el gasto público y privado de la lucha contra los incendios. Y por último, las vidas de las personas que habitan las zonas de interfase urbano-forestal, su tranquilidad y bienestar son la prioridad.

Susana Gómez-González
Universidad de Cádiz, España
Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Chile

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