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Opinión

¿Nos interesa educar para la creación?

por Loreto Bravo Fernández

14 noviembre, 2017

¿Nos interesa educar para la creación?

Revisando los programas presidenciales de todas y todos los candidatos en lo que respecta a educación vemos con decepción que la modalidad artística está ausente o desprovista de la centralidad,  que felizmente tiene en algunos casos la modalidad técnico profesional.

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No vamos a redundar en la denuncia que hace desde 2016 el Movimiento Interdisciplinario y Social por la Educación Artística MISEA, con su campaña “Sin Arte no Hay Reforma”, pero creemos pertinente reponer esta temática  en el momento en que se ponen en discusión los proyectos de país y sus respectivas políticas sociales, en particular la de Educación. Balmaceda Arte Joven, institución que me corresponde dirigir, está cumpliendo 25 años durante los cuales ha hecho una contribución importante en este campo impartiendo formación artística, gratuita y de calidad en las cinco regiones donde tiene sedes (Antofagasta, Biobío, Los Lagos, Metropolitana y Valparaíso).

Con riesgo de generalizar  un problema complejo digamos, a lo menos, que tiene  varias  aristas: una es el de las pocas horas que los programas escolares le otorgan a la formación artística en todos los niveles (a excepción de la educación de primera infancia); otra es la baja oferta especializada que existe en el sistema educacional chileno:  aunque la modalidad educativa está mencionada en nuestra Ley General de Educación, nunca ha sido desarrollada como tal.  Vinculado a lo anterior vemos la carencia de un tipo de financiamiento estable y normado que considere el costo de esta educación artística especializada para aquellos poquísimos establecimientos que la imparten, los que suelen obtener recursos de fondos concursables y subvenciones que no cubren sus necesidades, impidiéndoles a su vez tener proyectos estratégicos de largo plazo y obtener resultados que les den legitimidad.

Otro aspecto, es que nuestro sistema educativo está permeado por una antigua concepción de las artes como un campo accesorio del aprendizaje, que favorecería más la expresión subjetiva y el uso del tiempo libre, sin asimilar la potencia del arte en el desarrollo cognitivo, emocional y social, al que todos y todas tenemos derecho. Vemos además la omisión de la estética como una forma específica de aprendizaje y reflexión que puede o no, ser concretizada en objetos calificados como “artísticos”. Un último aspecto, se refiere a la confusión entre las pedagogías de la creatividad crítica, y las habilidades manuales con una marcada orientación a la literalidad y funcionalidad, que es una práctica generalizada en las aulas. De esta confusión surgen muchos equívocos, entre otros defender el campo de las artes, la cultura y la estética con argumentos que lo restringen a una dimensión utilitaria -expresada en la palabra 'innovación'-  tan estéril para la emancipación humana como aquella que lo sacraliza.

¿Por qué esto es un problema? porque impide que niños y niñas de numerosas localidades del país tengan posibilidad de aprender tempranamente las artes del movimiento, musicales y visuales. La Fundación de Orquestas Juveniles ha hecho un aporte inconmensurable para superar esta falencia en el campo de la música, pero sin la capacidad de la cobertura universal a la que la educación como derecho debe responder.  Balmaceda Arte Joven, aporta lo suyo en todos los campos de las artes, pero tiene presencia sólo en algunas regiones y tampoco  puede universalizar una oferta por definición complementaria a la educación formal.

El ejercicio habitual es una condición de toda formación disciplinar, particularmente en el quehacer artístico. Pero no se trata solo de la formación rigurosa del oído, de la atención, el cuerpo, de la voz, de la sensibilidad. Se trata de crear las condiciones para que los individuos, jóvenes, niños, niñas puedan hacer una exploración profunda de una dimensión del conocimiento que no escinde al individuo.  La formación artística favorece la creatividad, no porque haga artistas o enseñe unas obras ya definidas como íconos culturales (aunque también lo haga). Fomenta la creatividad porque  invita a un juego de libertad para alterar los órdenes de las cosas y para recrearlas. La formación artística permite aprehender significados complejos y ampliar el repertorio de los significantes para transformar y transformarse a partir de la conciencia de  sí y de los otros. .

La educación artística nos pone entonces delante de un imperativo ético y político. Negar su desarrollo es conculcar un derecho,  reducir condiciones de desarrollo integral y sobre todo  conformarse con una formación que sobreadapta a los y las jóvenes al espectáculo del mundo, en vez de prepararlos para  participar de él como agente de creación/transformación.

Loreto Bravo. Directora Balmaceda Arte Joven.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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