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Libro “Jesús”: reflexión y conversación serena

por Gonzalo Rojas Sánchez

6 septiembre, 2017

Libro

El libro está destinado a los pobres. O sea  a todos nosotros, los pobres hombres y mujeres que habitamos a duras penas este planeta. Pobres somos para Jesús por nuestros defectos y miserias, por nuestras carencias de civilización, por nuestras ofensas directas a los demás y al mismo Dios.

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Poco más de una hora toma la lectura de este pequeño y poderoso libro. Y toda una existencia va a tardar el lector en asimilar y practicar la riqueza de la vida y de las doctrinas de Jesús.

Como el autor es perfectamente consciente de esa diferencia, no pretendió un tratado doctrinal ni histórico sobre la figura del Dios hecho hombre, sino que optó por lo que él mismo llama un relato periodístico. Una crónica.

El libro está destinado a los pobres. O sea  a todos nosotros, los pobres hombres y mujeres que habitamos a duras penas este planeta. Pobres somos para Jesús por nuestros defectos y miserias, por nuestras carencias de civilización, por nuestras ofensas directas a los demás y al mismo Dios.

Y todas esas pobrezas  -nos lo muestra con toda claridad el autor con una prosa llana y directa-   a Jesús le resultan completamente aceptables. Las acepta para corregirlas, las acepta para curarlas, las asume para salvar.

Por eso, el libro está continuamente mostrando al Jesús que se inclina para recoger a la persona completa, no para tomar de cada uno solamente lo que le pudiera resultar puro o fuerte, sino para acoger al ser humano en toda su integridad. Ahí están las claras explicaciones de Ibáñez Langlois  -les cuento, dice con frecuencia-   sobre la infancia de Jesús, sobre su sencilla formación intelectual, sobre la búsqueda de sus discípulos, sobre sus milagros, parábolas y sermones, sobre su pasión, muerte, resurrección y fundación de la Iglesia.

En todo momento, el Jesús de Ibáñez es profundamente humano y por eso mismo recuerda aquello de que fuimos hechos “a imagen y semejanza de Dios”.

A nadie se le oculta hoy en Chile que la sola mención de Jesús divide las aguas. Que hay quienes experimentan por Él y con Él la felicidad de una vida plena, mientras los hay también que lo rechazan, al considerarlo una figura inventada o ridícula o grotesca. Otros  -un grupo creciente-   tienden a reemplazar al Jesús de los evangelios por una figura a su medida: el superestrella, el guerrillero, el flaco amigo, la energía cósmica, el mago, etc.

Para unos y otros y otros, para todos, este Jesús de Ibáñez es digno de atención. Ayuda a la reflexión, a la conversación serena, al cambio de vida. Ayudará sin duda también al diálogo entre religiones, y entre creyentes y no creyentes.

¿Podría interesarle algo más al mismo Jesús?

José Miguel Ibáñez Langlois, Jesús, Ediciones El Mercurio, Santiago, 2017, 161 páginas

Gonzalo Rojas Sánchez. Profesor universitario

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

 

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