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Opinión

Violeta Parra y Soublette, ayudándome a sentir

por Rodrigo Quintana Ortega

26 julio, 2017

Violeta Parra y Soublette, ayudándome a sentir

La obra “Ayudándola a sentir” de la dramaturga Manuela Infante y dirigida por Juan Pablo Peragallo, nos permite conocer esta génesis parriana mediante notables actuaciones lideradas por Catalina Saavedra donde la música, el sentido del humor, la tragedia griega, la política, la cultura popular y la muerte muestran a Violeta Parra como un viral artístico y espiritual fundamental.

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Cuenta la leyenda que la niña Violeta Parra llegó a Lautaro desde Chillán enferma de viruela, se había contagiado en el tren en el cual migraba con toda su familia. Una vez asentada en el poblado, éste se contagió y se vino la fortuna para el fabricante de ataúdes.

En la obra “Ayudándola a sentir”, hoy en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), se parte de estos hechos reales para construir de manera fascinante una historia musical donde la violeta niña, condenada a no hablar por el doctor, tiene su primer encuentro existencial con la música, pues la muerte tocaba la guitarra en cada velorio, mientras las autoridades no hacían mucho ante la peste de los pobres.

La obra de la dramaturga Manuela Infante y dirigida por Juan Pablo Peragallo, nos permite conocer esta génesis parriana mediante notables actuaciones lideradas por Catalina Saavedra donde la música, el sentido del humor, la tragedia griega, la política, la cultura popular y la muerte muestran a Violeta Parra como un viral artístico y espiritual fundamental.

Producto de la fiebre, Violeta viaja un sueño delirante para caminar por el pueblo y su tragedia, pero se topa con el canto a lo divino y lo humano que logran transformar alquímicamente toda la pena en acordes.

Se seguirán escribiendo miles de ensayos y tesis para intentar explicar a Violeta. Sin embargo, creo que como para entender el fenómeno cósmico de los Beatles se necesitó un George Martin, en nuestra realidad cultural, debemos acudir, respecto a Violeta, a Gastón Soublette.

El filósofo, musicólogo y esteta chileno ha viajado espiritual y académicamente por el alma profunda de Chile luego de estudiar y sentir las principales corrientes de la historia del pensamiento y el alma universal. Para Gastón, Violeta fue la síntesis de toda la cultura tradicional chilena, pues sencillamente ella era “el alma nacional encarnada en una mujer”.

El musicólogo es un gran estudioso de Jung, cuando éste afirma cómo el acontecer diario está atravesado por una dimensión síquica, esto es: “lo que piensas, ocurrirá”. Advierte sobre la pobreza de la ley de causa efecto para explicar lo que nos ocurre.

Así, en 1954, un relámpago atravesó al sofisticado hombre viñamarino educado a la europea, pues Violeta Parra se le apersonó cuando éste era jefe de programación de Radio Chilena. Gastón le facilitó varios espacios radiales y más adelante, transcribió con ella a lenguaje musical sus múltiples recopilaciones y cantos.
Tal conjunción estelar, pone de manifiesto una de las grandes preguntas: ¿Por qué un muro entre el saber académico y el saber popular? En nuestro país, es obvio que el asunto gira en torno al clasismo y a la mediocridad de nuestras élites, pero también el tema es universal.

Para apreciar a Violeta Parra debemos escuchar al esteta y musicólogo, cuando explica, antropología mediante, que existen dos tipos de saberes, uno denominado “saber de salvación” y otro “saber de dominio”.
El primero busca ordenar el conocimiento para la salvación de las personas, el segundo es hijo de la Ilustración. En el primero están las leyendas, mitologías, refranes e historias de etnias, civilizaciones y campesinos, en el segundo habitan la duda, el método científico, Bach y la física, entre otras criaturas.

El saber de dominio separa el objeto de su entorno, corta sus vínculos con el todo y ello le permite establecer un control, una propiedad sobre ese conocimiento, ello faculta con posterioridad a explotarlo. Antes de extraer las “riquezas”, el saber de dominio construye la etiqueta del “recurso natural”.

El saber de salvación se rige bajo otros principios e implica cómo conocer muchas cosas sirve para vivir mejor y lograr ser persona. Ahí el sabio popular anónimo, desde el campo nos dice: “quien no se conoce a sí mismo / así mismo se asesina”, conclusión preclara que busca enseñarnos las consecuencias negativas de no construirnos un arte o una espiritualidad mientras mejoramos la técnica.

En la música existen matices de salvación y de dominio, los cuartetos de Beethoven son de dominio, pero ya con Mahler se observan los de salvación con una necesidad de expresar el cosmos de esa humanidad en las cavernas.
Violeta Parra, responde a la música de salvación, ella es la presencia de este saber oriundo del Chile profundo y que puede dialogar perfectamente con las corrientes de pensamiento más profundas de occidente y oriente.

Según Soublette, ella fue más allá de una recopilación y rescate de esa sabiduría que la elite abandonó en el campo chileno, cuando ésta en el siglo XIX, muy afrancesada, empezó desde Paris a bautizar las botellas de vino con sus apellidos.
Sus composiciones saltaron de la tonada tradicional, como “La Jardinera” a un mensaje de sabiduría para toda la humanidad con “Gracias a la vida” o “Verso por desengaño”.

“Ayundándole a sentir” es una expresión funeraria del campo chileno, utilizada cuando se busca que la presencia y la guitarra ayuden al deudo a subir la colina. Cuando en 1954 el saber de salvación parriano llegó a radio Chilena a buscar al músico y compositor, rebelde ante el saber de dominio, nuestra nación dio un paso trascendental.
Pues, “Parra” que un día dejemos de ser sólo paisaje y lleguemos a ser más nación y no sólo país, necesitamos antes a una Violeta en el jardín de todo aquello que aún existe y no basta entender sólo con el saber de la academia.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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