Presentación del libro “Perejil Piedra” - El Mostrador

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Ensayo

Presentación del libro “Perejil Piedra”

por Manuel Peña Muñoz

19 marzo, 2015

Presentación del libro

Manuel Peña Muñoz es escritor, Profesor de Castellano y Especialista en Literatura Infantil y Juvenil. http://www.elcaballerodelosalerces.cl/

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PEREJILPIEDRA5Buenas tardes, es un agrado para mi presentarles esta nueva publicación de Quilombo editores, la primera de la serie Rescate, titulada “Perejil Piedra” con texto de María Silva Ossa e ilustraciones de su hermano Mario Silva Ossa, Coré. Se trata de la reedición de un libro clásico de la literatura infantil chilena publicado el año 1974 hace justo 41 años. Lo presentamos hoy 9 de marzo en que se cumple un nuevo aniversario del nacimiento del célebre ilustrador que fue el precursor de la ilustración de libros infantiles en Chile y que hoy día habría cumplido 102 años.

Coré fue el “magnífico rebelde” de la Biblia que se rebeló contra Moisés. Así también Mario Silva Ossa se impuso con su propio estilo, esgrimiendo sus pinceles, creando un estilo propio y pintando hadas, duendes y princesas en las páginas de los libros de cuentos de las décadas de los años 30 y 40.

Tras su muerte en el año 1950 a los 37 años, dejó tras de sí una gran pena entre su familia y los miles de lectores de la revista “El Peneca” que querían una explicación y pedían que siguiera ilustrando esas maravillosas portadas de enanos, piratas y seres del bosque. Su hermana María Silva Ossa era su gran admiradora. Juntos actuaban en obras de teatro siendo niños en la casa que la familia tenía en Llanos Subercaseaux donde escuchaban a su madre tocar piano y leerles poesías en francés.

Ese ambiente de cultura y refinamiento marcó el espíritu artístico de los dos hermanos. Él se iba a dedicar a la ilustración de libros infantiles y ella a escribir poesía y cuentos inspirados en los relatos campesinos que escuchaba contar a las ancianas y cocineras de la casa cuando vivían en San Bernardo. Eran cuentos de hadas, reyes y príncipes traspasados de un sincretismo cultural pues se mezclaban los personajes de los cuentos europeos de los hermanos Grimm a los personajes de los cuentos de Pedro Urdemales que circulaban en la zona central. Había castillos y palacios pero también higueras y zarzamoras. Así nacieron los 17 cuentos de “El hombre cabeza de nieve” publicados en la editorial Zig Zag escrito con el tono de los cuentos contados alrededor del fogón en la cocina de una casa de campo.

“En ciertas montañas vivía un hombre que por ser tan alto tenía la cabeza cubierta de nieve. Lo único que sus ojos alcanzaban a ver era la luna y la copa de los árboles. Nunca se derretía la nieve de su cabeza porque el sol no se atrevía a tocarla”. Los cuentos de María Silva Ossa como este Perejil Piedra tienen la entonación y el ritmo del relato oral, del cuento contado a viva voz, que hoy día vuelve a estar de moda.

Cuando muere Coré, su entrañable hermano, María queda desolada. Nunca pudo olvidarlo porque era su hermano artista con quien compartía los juegos y los sueños. Casi veinte años más tarde, María saca la carpeta guardada en el cajón de su escritorio y contempla esos dibujos que conservaba de su hermano. Los mira con detenimiento y emoción. Todavía le causan añoranza. Hay un niño campesino que mira una bandada de garzas en el cielo, un castillo al que se llega tras cruzar un largo camino en espiral, una princesa apoyada sobre un tabernáculo, una aldea medieval con su calle estrecha que baja a un río, un sabio que examina con una lupa una piedra preciosa o un talismán. Esos dibujos están traspasados de un cierto clima poético, un cierto encanto. Sugieren más que muestran. Están impregnados de una cierta tristeza como los que aparecen en el Silabario Hispanoamericano.

María Silva Ossa los vuelve a repasar, uno por uno. Hay un duende que lee un libro a la luz de un farol y unos caracoles que avanzan por el filo de una espada dejando tras de sí una huella de plata. Estos dibujos son pura poesía. María es poeta y descubre el misterio escondido en esas ilustraciones dispersas.

PEREJILPIEDRA

Ha escrito un cuento largo, dividido en capítulos, y decide ilustrarlos con los dibujos de su hermano que quedaron inéditos tras su muerte, unos dibujos que no estaban hechas expresamente para el cuento pero que calzaban muy bien en el espíritu fantasioso del relato. Ella los inserta en cada escena, va jugando con ellos y va viendo cómo se arma el libro con esas ilustraciones poéticas que no reflejan exactamente la historia pero que la continúan y amplían como ocurre con los libros ilustrados que se editan hoy día.

Esos dibujos dialogan con el texto, cobran vida, le hacen eco a las palabras, guían la historia por otro camino que el lector tiene que inventar de acuerdo a su propia creatividad. Ella lo sabe. Se inspira en ellos para seguir la trama. Los va uniendo a su palabra. El cuento se titula “Perejil Piedra” y está protagonizado por un muchacho campesino y su burro mágico, un burro amigo que da coces en el suelo y lo lleva volando a mundos imaginarios.

Es un tierno Platero que acompaña al niño a vivir aventuras increíbles a países remotos y hasta a la luna. Los escenarios son diversos: los montes Himalayas, la India, el Tibet, la Tierra de los Jíbaros en el corazón de América, la Isla del Olvido y el Recuerdo.

El libro se va construyendo a través de pequeños capítulos, a la manera de “El Principito” de Antoine Saint Exupery. Cada uno de ellos encierra ciertas verdades filosóficas, ocultas y misteriosas, que es privilegio del lector el descubrir.

La autora no infantiliza el relato, al contrario, se trata de literatura auténtica que no subestima al niño y le brinda una historia compleja que despierta su inteligencia y su imaginación. Es un relato que gusta también al adulto pues hará otras asociaciones de acuerdo a su experiencia lectora, tal como ocurre con la buena literatura infantil.

La historia de Perejil Piedra recuerda también la estructura episódica de “Pinocho” de Carlo Collodi que avanza a través de pequeños capítulos, cada uno con su propia reflexión. La autora inserta a su vez pequeñas historias dentro del relato principal, a la manera de cajas chinas, como cuando narra la leyenda de una flor mágica en la que aparecen hadas y palabras de encantamiento que suenan como un conjuro:

Aster mágico, aster mágico

Escucha a un hombre honrado y trabajador

¡Entrégame a mi hija, por favor!

María Silva Ossa escribe el cuento en una fecha crucial para la historia de Chile: 1974, meses después del Golpe Militar. ¿Se puede escribir en ese ambiente un libro para niños? ¿Tendrá acogida? ¿Lo leerán los niños? ¿Habrá alguna editorial que se interese? Por de pronto, la editorial Quimantú, “Sol del saber” en lengua mapudungún, dedicada a publicar libros infantiles en su colección Cuncuna durante el gobierno de Salvador Allende, ha sido clausurada. Pero María Silva Ossa tiene el impulso de escribir sea como sea y como es poeta, sabe manejar las metáforas, diciendo bajo ellas verdades más delicadas que reflejan su compromiso con la libertad del ser humano. Inspirada en Hans Christian Andersen, sabe que una parte del cuento es para el niño y otra más profunda para el adulto.

El libro consigue ser editado en la editorial Lord Cochrane tal como ella lo quería con las ilustraciones de su hermano. Es un libro raro dentro de la literatura infantil chilena sobre todo por lo que dice y por las circunstancias políticas e históricas en que nace su escritura. Sigue la línea del cuento folclórico de tono coloquial que había cultivado su tía Blanca Santa Cruz Ossa, la autora de los “Cuentos chilenos” como “La flor Lililá” pero luego se transforma en un cuento de una fantasía desmesurada rozando incluso la ciencia ficción.

El burro vuela por el cielo y se lleva a Perejil Piedra hasta la misma China. Es como Nils Holggerson que vuela en el lomo de un ganso salvaje pero aquí es un burro volador que lo lleva a otro continente. Las aventuras tienen un nuevo giro. Ahora es un relato con escenas futuristas en la que aparecen máquinas espaciales y reflexiones de advertencia ecológica por la destrucción del planeta.

La autora crítica la avaricia y materialismo de los seres humanos. En todo momento, está expresando su opinión humanista bajo la apariencia de un cuento de hadas, sin hadas, tocando todo el relato con reflexiones personales, puntazos de humor disparatado y juegos de palabras como cuando dice que la palabra candidato viene de la palabra cándido.

Hay imágenes sorprendentes como cuando dice que el burro come “cardos lunáticos” y escenas de una imaginación desbordada, como cuando a una pulga del burro le inyectan extracto de pulga y la hacen crecer hasta un tamaño gigante. La autora escribe: “En el segundo piso y en una jaula de vidrio transparente estaba la pulga de su burro. Al niño se le encogió el corazón. ¡Qué linda se veía la pulga con su carita morena de araucana, su cintura diminuta y sus patitas saltonas”.

Esta es una imagen de extraña fantasía como extraída de un cuadro expresionista o de un relato kafkiano. Así, el libro está lleno de estas sorpresas literarias muy audaces modernas en un libro infantil sobre todo para ese tiempo en que se estimaba que la literatura infantil debía presentar a los niños escenas dulces y didácticas. Estas imágenes sorprenden por su extravagancia y fantasía.

María Silva Ossa se muestra demasiado atrevida con lo que escribe. No se da cuenta que hay pensamientos que no pueden decirse en voz alta y mucho menos escribirse. De todas formas, el libro sale y es bien recibido por la crítica especializada, no mucha en esos momentos, como tampoco hoy día la hay, pero el escritor y crítico literario Hernán del Solar, fundador de la editorial Rapa Nui, lo recibe con alegría porque sabe que será un hito dentro de la literatura infantil chilena.

El libro estaba perdido. No se había vuelto a editar desde hacía 40 años. Se le solía encontrar en ferias del libro usado, pero Claudio Aguilera y los integrantes de las ediciones Quilombo, tuvieron ojo para rescatarlo precisamente en su colección Rescate e iniciarla con esta joya literaria.

Hoy día justamente el rescate es una tendencia muy marcada en la literatura infantil chilena. Se han puesto en valor aquellos escritores e ilustradores que empezaron el camino. Hace un par de años presentamos cuatro cuentos clásicos en versión de Gabriela Mistral que estaban perdidos y que ahora reeditó Amanuta casi 100 años después de haber sido escritos. Jorge Montealegre publicó el año pasado el libro “Coré, el tesoro que creíamos perdido”, según un verso de Jorge Teillier, rescatando la vida y obra del gran Coré y divulgando la poesía de sus ilustraciones. Y el jueves recién pasado presentamos en el Museo Histórico Nacional un libro sobre la ilustradora chilena Elena Poirier, discípula de Coré, junto a una retrospectiva de sus ilustraciones expuestas en el museo.

Hoy nos corresponde presentar este libro que es también un rescate cuyo valor reside en que el libro original se edita esta vez en su versión íntegra, conservando desde luego las ilustraciones de Coré y en una edición de lujo, para coleccionistas, con un estudio crítico de Claudio Aguilera quien recorta la obra de María Silva Ossa sobre el fondo histórico y social en el cual fue creada.

Cada obra de la literatura infantil refleja la sociedad en la cual fue escrita, en especial este libro que tiene esa virtud de decir ciertas verdades en forma metafórica, algunas de ellas crueles y actuales, como si María Silva Ossa se adelantara a su tiempo. Es una autora que opta por la libertad y pone en tela de juicio el sistema político y hasta la educación. Es un libro muy crítico a su tiempo, y a la época actual también. Muchos de esos párrafos suprimidos en la primera edición y ahora restaurados, tienen pasmosa actualidad.

En uno de los capítulos ahora integrados, Perejil Piedra y su burro llegan a la luna donde se encuentran a los selenitas, los habitantes de la luna. Uno de ellos, les dice a los recién llegados:

“A nosotros no nos interesa que ustedes los humanos vengan como amos a sorprendernos y a adueñarse de nuestra tierra selenita, porque aún no han madurado lo suficiente como para hacerlo. Sus medios mecánicos tal vez se presten para ello pero sus mentalidades egoístas y materiales lo echarían todo a perder. Nuestros hijos nacen con sus conocimientos adquiridos, en cambio los humanos, indiferentes y débiles, reciben el conocimiento a través de largos años, además es una educación sin imaginación, solo tratan de aprender lo que otros – unos pocos – han realizado en la historia. Siguen un lento y tedioso camino con el afán de adquirir sucios papeles – dinero – para cambiarlos por alimento y ropa. Nosotros en cambio formamos una sola comunidad. Cada uno tiene la obligación de ayudar en ella con todas sus facultades, cada cual según sea su gusto y capacidad. El campo y el mar son de todos. Nuestros minerales los explotamos de acuerdo a nuestro gusto y ganas. No hay fronteras en nuestros pueblos. Hablamos el mismo idioma, casi siempre empleando el pensamiento para darnos a entender más íntegramente. En nuestra ciudad es tan importante el diseñador de cada casa como el que coloca los ladrillos de las mismas”.

Más adelante agrega: “Si ellos supieran que eran un pueblo amigo, saldrían a recibirlos, tendiéndoles la mano, pero su avaricia, codicia y estupidez la conocían de sobra: se explotaban entre ellos, se clasificaban por razas como si fueran animales. ¡Qué yo soy más fino que tú!…por lo tanto sírveme, etc. No, No se les permitiría contaminar al pueblo selenita”.

A medida que avanza el libro, los capítulos se tornan más surrealistas, rozando lo absurdo. Hay amebas gigantes, dragones, bacterias de todo tipo, microbios, un laboratorio para vacunar monstruos. El relato tiene ribetes de cuento de terror fantástico. Escribe la autora: “Un terror espacial estremeció a los hombres. Jamás un espectáculo semejante se presentaría nunca ante la vista humana: un niño perseguido por microorganismos gigantes, de espeluznantes formas y un burrito paciente trotando al final de la procesión”.

Tuve el privilegio de conocer a María Silva Ossa porque compartimos muchas reuniones de IBBY Chile, la organización para el fomento del libro infantil y juvenil. Era una mujer tímida, silenciosa, retraída, muy imaginativa y con un gran sentido del humor, con una picardía en la mirada. Me llamaba siempre por teléfono y hablaba de su hermano Mario. Eran almas afines. Quería que se publicara un libro que difundiera su legado. Se cumplió su sueño. Y siempre me hablaba de “Perejil Piedra” que se reeditara, de “Aventuras de Tres Pelos” y de “Las calzas del brujo”. También se cumplió su deseo. A Mario no lo conocí pero es como si lo hubiera conocido porque lo he estudiado y conservo muchos de sus dibujos y acuarelas originales.

Finalmente dos aspectos que no puedo pasar por alto. El libro está dedicado a la memoria de nuestro querido amigo Roberto Cabrera que como Coré, se fue demasiado pronto. Roberto está con nosotros porque era un estudioso de la literatura infantil de calidad y habría celebrado la reedición de este libro.

Otro aspecto que me llama la atención es la relación entre los hermanos María y Mario Silva Ossa que la veo repetida en el tiempo entre Pati y Claudio Aguilera, los dos hermanos fundadores de la galería Plop. Ellos editaron en Quilombo, un libro titulado precisamente “Hermanos”, siendo Pati la ilustradora y Claudio el escritor, inspirado en sus propias vivencias infantiles y destacando el sentido de la unión fraternal, tal como la sentían Mario y María.

Felicito a Camila Rojas por la edición de arte de este libro, a Claudio y a la editorial Quilombo por este maravilloso rescate que nos pone frente a una obra singular. La edición que han hecho es muy fina y refleja el cuidado por editar un libro de alta calidad, en este caso, dándonos a conocer la versión completa, mejorando la edición original y poniéndola en valor y actualidad.

Muchas gracias y felicitaciones nuevamente.

Perejil Piedra

María Silva Ossa.

Ilustraciones de Mario Silva Ossa, Coré.

Editorial Quilombo.

Santiago, 2015.

Galería Plop

Santiago, 9 marzo 2015.

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