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Mujeres poderosas y rapadas: ¿un acto revolucionario o sólo moda?

por El Mostrador Braga

5 abril, 2018

Mujeres poderosas y rapadas: ¿un acto revolucionario o sólo moda?

Diversas son las razones por las que decidieron raparse. Sin embargo, ninguna tiene relación con haber terminado una relación amorosa, que es lo que socialmente se piensa. En la historia las mujeres eran rapadas como método de castigo, pero hoy muchas quieren dejar los estereotipos de lado. Hasta el cine les dio un sitial a personajes femeninos que se despojaron de su cabello.

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El diario El Pais en su sección de moda y bajo la redactora Noelia Ramírez realizó una gran reflexión sobre el uso de la cabeza rapada en las mujeres. Es que esta temporada la cultura pop y una generación de activistas han roto con los estereotipos de la feminidad y la sexualidad asociados al cabello.

Rose McGowan, la actriz que volvió a la fama tras liderar las acusaciones de abuso sexual a Harvey Weinstein, ha debido responder una y otra vez la pregunta ¿Has terminado tu relación? Luego que se rapara. Ella no escuchó a su manager cundo le dijo que no obtendría papeles en Hollywood e incluso que nadie querría "follar" con ella, rogándole que conservara su melena. Sin embargo, McGowan decidió desprenderse de su cabello para no sexualizarse más “me sentía como una muñeca inflable, de esas que tienen el agujero en la boca”.

Todos creyeron que había sido por una ruptura. “Todas esas preguntas me parecieron sexistas, estereotípicas y descorazonadoras”, escribe en (Valiente), las memorias que publicó hace unos meses donde narra cómo Harvey Weinstein la violó en 1997 y cómo fue la primera actriz en dar los pasos necesarios y alzar la voz para poner en jaque a toda una industria cómplice del acoso sexual y los abusos de poder. La portada de su libro, simbólicamente, capta el momento en el que una maquina afeita su cabeza de forma catártica. “Sin pelo no te preocupas. Sinceramente, es liberador”,  manifiesta desde que se deshizo de uno de los símbolos de su carrera. “Es como si sólo pudiéramos ser una cosa: pelo”.

Existen otras grandes mujeres, sin cabello por opción, que han mostrado su power en distintas situaciones. Como olvidar a Tessa Asplund, que en 2016 sin más armas que su puño en alto, se convirtió en un símbolo de la lucha contra el racismo en Suecia. Su imagen con la cabeza rapada, el bolso al hombro y el brazo alzado frente a una manifestación de unos 300 neonazis en Borlänge ha dado la vuelta al mundo y ha convertido en icónico un gesto con el que Asplund pretendía expresar su repulsa ante el creciente radicalismo en el país.

Adwoah Aboa, la supermodelo activista británica –fundadora de Gurls Talk– que ha hecho de su rapado una vía de escape a la omnipresencia de caucásicas con melena a lo Bündchen en la moda femenina. En una época en la que los cánones de belleza están cambiando y diluyendo los parámetros que definen a la mujer perfecta, entra en escena Aboah. Ella es una modelo con un duro y complejo pasado, vivió una depresión y tuvo una severa adicción a las drogas que la llevó a una sobredosis que la dejó en coma 4 días en un hospital y un mes internada en un psiquiátrico. El mensaje es que logró renacer como un ave fénix y con una misión: crear un espacio seguro para aquellas niñas, jóvenes y adultas que habían pasado o pasan por los mismos problemas de autoestima y aceptación con los que ella lleva luchando toda su corta vida.

Emma Gonzalez, la adolescente superviviente al tiroteo en un instituto de Parkland (Florida) que se ha erigido en voz y rostro de la rebelión del #NeverAgain, el movimiento estudiantil que pide reformar la legislación de las armas en EEUU. A González la extrema derecha la insultó llamándola “lesbiana cabeza rapada” (un republicano aspirante a las elecciones estatales de Maine tuvo que retirar su candidatura tras un tuit ofensivo) y su corte de pelo ha generado tanto revuelo que hasta Teen Vogue le dedicó un espacio al peinado del momento. La adolescente ofreció una respuesta fiel a su estilo: No, su peinado no es un alegato feminista. Se rapó como solución práctica ante el calor y porque tener melena genera gastos y cuidados. Fue por pura comodidad. “Vivo en Florida. El pelo es como un suéter extra que me veo obligada a llevar”.

Mujeres rapadas en la historia y el cine

El Pais explica que la potente simbología de sexualidad  asociada a la cabellera femenina ha sido una constante sociocultural históricamente. El fervor que despertó el corte pixie de Vidal Sassoon a Mia Farrow en 1967 para La semilla del diablo certifica esa fascinación por ver a una mujer perdiendo a uno de sus supuestos estandartes de feminidad. El corte, por el que se dice que Polanski pagó más de 5.000 dólares al célebre peluquero para que volase desde Londres, fue todo un espectáculo con producción propia: al rapado acudieron fotógrafos y periodistas que narraron el suceso en los medios, en Life y en los noticieros que se pasaban en el cine antes de la proyección de la cinta. La leyenda diría que Frank Sinatra pidió los papeles del divorcio cuando vio a su pareja, pero eso estaría muy  lejos de la realidad. La propia Farrow lo desmentiría décadas después: a Sinatra le encantaba su corte, ella ya llevaba el pelo corto en Peyton Place, en La Semilla del diablo llevaba peluca en las primeras escenas y Sassoon y su cacareado corte apenas consistió en retocar un par de centímetros un pixie con el que ya llevaba meses a cuestas.

“Incluso en las películas, la mujer calva o rapada siempre tiene que jusficarse”, lamenta Min Li Chan en su ensayo personal ¿Qué representa una mujer calva?(Buzzfeed Reader), donde recuerda los casos de Sigourney Weaver en Alien 3 (rapada para evitar violaciones en la cárcel) o el icónico afeitado entre lágrimas de Evey Hammond, el personaje de Natalie Portman en V de Vendetta.Evey mantendrá su afeitado cuando sea liberada: lo que una vez fue símbolo de violación se transmuta a otro de resistencia a la tiranía y la conformidad”, apunta la ensayista. El testigo de esa nueva simbología de guerreras rapadas contra un sistema opresor lo recogería Charlize Theron como heroína indiscutible en Mad Max: Furia en la carretera, generando nuevos referentes de fortaleza femenina a las nuevas generaciones. Fue en Imperator Furiosa en quién, precisamente, pensó Millie Bobby Brown cuando se tuvo que afeitar el cráneo para dar vida a Eleven en Stranger Things. “Raparme fue lo más empoderador que hice en mi vida”, contaría en sus redes.

En la reciente Black Panther no hay traumas para la rapadas. Oyoke (Danai Gurira) lidera un ejército de mujeres calvas. Su alopecia simboliza una estirpe de mujeres guerreras y fuertes. En una de las escenas, la lideresa lanza una peluca que portaba como disfraz como arma contra su enemigo y descubre su cabeza afeitada con orgullo. La propia intérprete lo ha enfatizado este gesto durante la promoción del filme: “Okoye resiente la peluca. Ella no la quiere ni la necesita. Tiene un tatuaje en su cuero cabelludo con su rango, y este la hace sentir poderosa. La película muestra cómo hay maneras infinitas de ser una mujer sin las trabas de las normas de género“.

Durante las guerras o post, rapar a las mujeres era un método de represión y castigo, donde se intentaba reducir la feminidad, dejarlas en su mínima expresión.

En 1944, unas 20.000 francesas fueron rapadas por orden de su gobierno. Fue el castigo que los aliados impusieron a sus ciudadanas, acusadas de colaboracionismo con el ejército alemán (en la mayoría de casos,  por mantenido relaciones sexuales con los nazis). La humillación y cosificación sexual de las mujeres en conflictos y guerras no entiende de ideología.

En España, existieron las mujeres peladas del franquismo, a ellas las afeitaban en los cuarteles de la Guardia Civil y en las sedes de la Falange. A algunas de estas mujeres se les dejaba un pequeño mechón de pelo en la cabeza en el que luego se les colocaba un lacito con los colores de la bandera monárquica. Generalmente, el rapado iba acompañado de la ingesta obligada de aceite de ricino, un laxante que tenía como fin simbólico arrojar el comunismo del cuerpo.

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