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Mi hijo, Nicanor

por Laura Quintana

25 enero, 2018

Mi hijo, Nicanor

Tenía 18 y en el terminal de buses de Angol me hice una prueba de embarazo que salió positiva. Se llamará Nicanor, si es hombre, decidimos en medio de la consternación con el padre. Nicanor porque quiero que sea especial, porque es un homenaje y porque es un nombre único. Pasó lo peor en ese embarazo, mi hijo venía muy enfermo.

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             Para Matías

La primera vez que supe de Nicanor Parra no fue leyéndolo, sino que a través de un comercial de algún especial en televisión. Él vivía fuera de Chile. Creo que yo tenía como 7 años y me sorprendió tanto cuando el periodista le dice algo así como “¿algún mensaje para Chile?” y Nicanor responde “poto”. Pasaron los años y lo leí y me enamoré de su humor y su irreverencia, escribí un cuento en el que conocerlo era el último deseo de una mujer moribunda, y creo que era mi deseo en realidad, pero nunca pude.

Tenía 18 y en el terminal de buses de Angol me hice una prueba de embarazo que salió positiva. Se llamará Nicanor, si es hombre, decidimos en medio de la consternación con el padre. Nicanor porque quiero que sea especial, porque es un homenaje y porque es un nombre único. Pasó lo peor en ese embarazo, mi hijo venía muy enfermo, recientemente muerto su abuelo “Matías” decidimos ponerle Matías Nicanor para que el abuelo lo ayudara desde donde estuviera; ya más avanzado el embarazo la muerte de Matías Nicanor cuando naciera era casi inminente, entonces el padre dijo quiero que lleve también mi nombre, Matías Eduardo Nicanor quedó.

Fueron meses muy difíciles, a mis 19 años me tuve que venir de Temuco a Santiago para ver si el hijo que llevaba en el vientre tenía siquiera alguna posibilidad de sobrevivir a una condición con un nombre terrorífico: “Malformación adenomatosa quistica tipo 3”, un quiste tenía tomado todo su pulmón izquierdo y había movido el corazón al lado derecho, eso e incontables complicaciones producto de aquello.

Cinco ecografías a la semana, atentos todos a operar si el hidrops que tenía (mucha agua dentro de su cuerpo) seguía provocando mucha presión sobre el corazón, cada cierto tiempo hacía pequeñas alteraciones cardíacas, así fue como tuve la oportunidad única de ver cómo iba creciendo mi Nicanor.

Siempre pensé que ese sería un gran regalo si no lo lograba, si finalmente no lloraba al nacer. La decisión estaba tomada: si no llora, no haremos nada, nada de resucitación: no queríamos a Nicanor conectado a una máquina. Nadie pensó que llegaríamos a las 36 semanas, un comité de ética había decidido meses antes intervenir el embarazo para no tentar el destino con un parto espontáneo, mi médico y yo nos negamos.

La fecha de la cesárea sería el 14 de marzo, yo no lo sabía pero las abuelas tenían listo el funeral: sería enterrado al lado de su abuelo. “Hombre muerto caminando”, escuché que dijo uno de los médicos antes del parto, no recuerdo haber llorado, pero tenía mucha rabia y también me sentía responsable de hacer todo lo que pudiera para tratar de que viviera. Fueron meses de mucha consternación, nadie más que mi médico y su padre pensaban que viviría, yo no pensaba nada, prefería no pensar. Obvio que no hubo babyshower y no compré nada de ropa, solo una muda que llevé al hospital pensando que podía ser lo único que usaría en su vida o lo primero. Durante todo el embarazo leí a Parra, me hacía bien, me desconectaba y re-conectaba con el dolor de una manera diferente:

Agnus Dei

Horizonte de tierra
astros de tierra
lágrimas y sollozos reprimidos
boca que escupe tierra
dientes blandos
cuerpo que no es más que un saco de tierra
tierra con tierra – tierra con lombrices.
Alma inmortal – espíritu de tierra.
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
dime cuántas manzanas hay en el paraíso terrenal.
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
hazme el favor de decirme la hora.
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
dame tu lana para hacerme un sweater.
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
déjanos fornicar tranquilamente:
no te inmiscuyas en ese momento sagrado.

Sentí tanta pena que sólo Parra me hacía reír, sentía cómo se movía como un pez adentro mío, un ser que podría no tener ninguna posibilidad de ver vivo, de sentirlo en mis brazos.

Ayer, tras la muerte de Nicanor, llamé a mi Nicanor de 17 años. Murió Parra, le dije, se quedó callado. Mamá estoy en el gimnasio, dame un minuto le pedí, y por primera vez le conté la historia de su nombre, de cómo pasó de llamarse sólo Nicanor a tener tres nombres y lloré, prometió llegar a leerlo a casa.

Gracias Nicanor por acompañarme esas 36 semanas, por darme la fuerza que inventé que tenía y de paso por si tuviste algo que ver con el milagrito ese que lleva tu nombre, que quedó sin secuelas, y que tiene el corazón al lado derecho porque es tan único como lo fuiste tú.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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