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La tribu del miedo

por Alessia Injoque

24 enero, 2018

La tribu del miedo

No dejemos que el miedo dirija nuestras vidas, integrar la diversidad ya no es un salto a lo desconocido y se puede constatar en sociedades que ya tienen ley de identidad de género y matrimonio igualitario que no hay nada que temer, el impacto positivo a la diversidad no tuvo ningún impacto negativo en el resto de la población –no hay ningún lobo acechando en el bosque–, dieron un paso adelante como sociedades y la vida sigue.

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Como humanidad hemos avanzado mucho, la ciencia nos ha llevado a lugares insospechados, estamos más conectados que nunca, tenemos toda la información del mundo literalmente en la palma de nuestras manos, pero algo no ha cambiado: le tenemos miedo a lo desconocido.

Hace varios siglos, antes de pensar en ciencia, contábamos historias terribles sobre lobos y otras criaturas que habitaban más allá del pueblo en la oscuridad del bosque, para reforzar la tribu como espacio donde hallábamos seguridad, predictibilidad y estabilidad, o al menos la ilusión de estos.

Mirando atrás podríamos sentir que hemos avanzado como humanidad, sin embargo estos comportamientos se resisten a desaparecer: ansiamos predictibilidad con tanta fuerza que preferimos creer en el tarot o la astrología antes que aceptar que el futuro es impredecible y seguimos contando historias de lobos para que la sociedad se mantenga quieta donde nos sentimos seguros.

Con los cambios sociales nos ocurre lo mismo.

Tiempo atrás, mujeres empoderadas y decididas reclamaron por la igualdad de derechos y votar como los hombres ¿qué ocurrió? Un sector de la población reaccionó inmediatamente a esa idea con rechazo: era peligroso cambiar el sistema, decían que desestabilizaría las bases de la sociedad que, según los paradigmas de la época, se sostenía en que el lugar de la mujer estaba en la casa y el del hombre en el resto del mundo ¿qué pasaría si la mujer votaba? Luego querrían trabajar, abandonarían a los niños –siempre los niños– y quién sabe a dónde iría a parar la sociedad.

Hoy se repite la historia.

Crecimos con una definición de familia compuesta por un padre, una madre y los niños, sabemos cómo funciona y nos da tranquilidad ¿qué pasa cuando reconocemos que hay otros tipos de familia? Hay un grupo para quienes desafiar ese concepto que les da estabilidad –la familia tradicional– es aventurarse a lo desconocido y los paraliza, la existencia de otros tipos de familia es un ataque a su familia, ven efectos devastadores en la sociedad y que los más afectados –aunque nadie sepa cómo– van a ser los niños.

Y así llegamos a la discusión de la ley de identidad de género y a uno de los paradigmas más antiguos de nuestra cultura, que nuestra identidad como hombres o mujeres se asocia a la genitalidad y además viene acompañada de roles sociales rígidos. Las personas trans desafiamos esos conceptos evidenciando lo que ya sabía la ciencia, que nuestra identidad está en nuestros cerebros ¿Qué pasa si alguien como yo con biología masculina es reconocida legalmente como mujer? Y nuevamente aparece ese grupo, atacamos la estabilidad de sus paradigmas y como se sienten atacados tienen que encontrar un atacante, y es así que en esta oportunidad el agresor –el lobo– es la “ideología de género”, nuestra identidad no es válida porque –aunque la ciencia opine lo contrario– no somos naturales, nuestras vivencias no son legítimas, vamos a desestabilizar las bases de la sociedad y por supuesto esto también es un ataque a su libertad de tener una educación diferente para sus hijos –otra vez los niños–.

Y así funciona el libro de cuentos de la tribu del miedo, se renuevan los personajes pero la trama es siempre la misma, siempre hay un lobo y siempre viene por los niños. Así cuando se trata de diversidad no importa la razón ni la ciencia, porque su único mantra es que lo desconocido es malo y es mejor asumir que la sociedad es víctima de una conspiración, las familias están bajo ataque y que –a falta de un lobo– la ciencia es manipulada por “el lobby”, antes que mirarse al espejo y enfrentar que viven un mundo que no está hecho a la medida de sus creencias.

No dejemos que el miedo dirija nuestras vidas, integrar la diversidad ya no es un salto a lo desconocido y se puede constatar en sociedades que ya tienen ley de identidad de género y matrimonio igualitario que no hay nada que temer, el impacto positivo a la diversidad no tuvo ningún impacto negativo en el resto de la población –no hay ningún lobo acechando en el bosque–, dieron un paso adelante como sociedades y la vida sigue.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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