Capítulo 16: “No fue culpa de la lluvia, ni de mi jefe. ¡Me pasó por caliente!” - El Mostrador

Braga

Historias de Sábanas

Capítulo 16: “No fue culpa de la lluvia, ni de mi jefe. ¡Me pasó por caliente!”

por El Mostrador Braga

12 noviembre, 2017

Capítulo 16:

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Toda la maldita tarde pienso en el bendito lanzamiento, y por primera vez no sé qué hacer, me gusta la autora y quiero el libro, y para colmo de males, mi querido y odiado señor Costabal sale de la oficina acompañado nada más y nada menos que por calienta José, y…como si eso no fuera suficiente castigo al pasar por mi lado ni siquiera me mira, ninguna conexión entre nosotros.

Cuando al fin dan las seis de la tarde me marcho a mi departamento y decido llamar a la única persona sensata que tal vez me podría apoyar. No alcanzo a escuchar el segundo pitido cuando me contestan por el otro lado.

-¡Beita, linda de mi corazón!

-Vaya, qué animada que estás Paula.

-¿Y tú no? ¡Vamos a conocer el Passapoga! -chilla y a mí de inmediato se me encoge el estómago, y pienso que lo mejor es decírselo de una, y al hueso.

-No quiero ir.

-¡¿Qué?! Pero tú eres tonta, ¿cuándo vas a tener otra oportunidad de conocerlo?, bueno, a menos que te hagas bailarina, ¡o…puta! -festina y por supuesto pienso en la tal Kristal del Cielo-. ¿Por qué no vienes a mi casa y celebramos?, tengo un vinito exquisito que me regalaron.

-Aunque lo del vinito es muy tentador, paso, Mauricio me invitó a cenar a su casa.

-¡No! ¿Cómo, cuándo y por qué yo no sabía nada?, te estás poniendo Francisca para tus cosas -se ríe por el otro lado de la línea, creo que esto de conocer ese lugar la tiene viendo estrellas de colores.

-A Francisca ni me la nombres, una cosa es que esté mal por lo de Roberto y otra que tire mierda como si fuera un guanaco.

-Está sangrando por la herida, entiéndela.

-La entiendo, pero no estoy de acuerdo con ella.

-Bueno, pero ahora lo importante, cuéntame todo lo de la cena.

-Nada, ayer me dijo que cenáramos hoy en su casa, eso es todo.

-¡Todo! Eso es más que todo, dime, ¿qué le compraste a su hija?, no puedes llegar con las manos vacías.

-¿A la hija? ¿Y qué tiene que ver la hija en esto?

-¿Cómo que qué tiene que ver?, ¿no van a cenar todos juntos? ¿Tipo presentación en sociedad? -se burla y vuelve a reír, definitivamente está más que feliz.

-No, solo nosotros.

-¿Estás segura?

-Me lo hubiera dicho -respondo pensando seriamente en esa posibilidad, pero rápidamente desecho la idea, por qué me lo hubiera comentado… ¿verdad?

-Bueno, entonces ponte algo sexy pero bien sexy y lo sorprendes, después de todo esto va a ser como su primera cita juntos y de verdad.

-No sé si se lo merece -suspiro de todo corazón.

-¿Y eso?, cuéntame todo lo que te pasa, que tiempo tengo de sobra.

-Júrame que no te vas a reír.

-Bea…

-Júramelo o no te cuento nada.

-Promesa de alita.

-Pero si tú nunca fuiste scout.

-Pero era mi sueño, y quería tener todos los parches y los pañuelines colgados del cabecero de mi cama.

-O sea querías ser “niña vestida de weona mandada por weona vestida de niña”

-Beatriz Andrade, ¡que prejuiciosa que estás! No me lo creo.

-Eres la segunda persona que me dice lo mismo hoy.

-¿Y eso?

-Bueno, voy a confiar en tu palabra de ala y te voy a contar, hoy conocí a una bailarina de ese lugar que tanto quieres conocer.

-¿En serio?, me muero, ¿y cómo era?

-Qué se yo.

-Cómo que no sabes, ¿era linda? ¿Tenía un cuerpo de infarto?

-Eso da igual, el problema es que estaba con Mauricio en su oficina, y…se reían.

-¿Y?

-Cómo que “Y”, ¿no me escuchaste?

-Sí, y supongo que ella debe necesitar un contador, igual como todos los chilenos que tienen un negocio, no le veo el drama.

-¡Era una bailarina! -chillo un poco más alto porque justo está llegando el metro, pero creo que fue demasiada la exageración, ya que hasta los que están al lado mío conversando se giran a escuchar.

-Tú lo dijiste, bailarina, no otra cosa, deja ser prejuiciosa. Lo que a ti te pasa es que estás celosa, para bien o para mal el cabrón de Costabal está muerto contigo y aunque no se lleve el premio de miss simpatía, desde que están juntos ha sido honesto, en cambio tú…

-¿Yo, qué? -pregunto un poco molesta.

-Tú te estás comportando como Francisca, estás asustada y no ves que el cabrón está haciendo las cosas bien, de que es extraño, bueno lo es, pero nunca ha sido diferente, eres tú la que no te quieres entregar cien por ciento.

-Sí lo hago.

-Bea, tirar como conejos a cada rato y en cualquier lado no es entregarse, eso es ser caliente, tú no te has entregado nada, o acaso ya le dijiste “te quiero”, o le hablaste de tus padres, o nos lo has presentado formalmente, no digo que hagas una cena, pero podríamos ir a tomarnos algo todos juntos, creo que es lo que corresponde.

-No lo sé -murmuro indecisa.

-Deja de darle tantas vueltas, tírate a la piscina, ándate a tu casa, aféitate bien para que quedes suavecita como potito de guagua, arréglate como nunca en tu vida y sorpréndelo, y de una vez por todas dile que lo quieres. Demuéstrale que tú también puedes ser como la mujer que lo visitó hoy, se audaz, ellas a diferencia de nosotras explotan su sensualidad, y eso no es ningún pecado, porque espero que no seas de las que piensan que por usar una falda corta estás exponiéndote a una violación.

-¡No! ¡Cómo se te ocurre!

-Entonces, querida mía, póngase linda y sexy que te lo mereces, y lo más importante, se honesta, la vida es muy corta, ya viste lo que le paso a Francisca.

-Tienes razón.

-Perfecto -dice aplaudiendo-, entonces ahora se la mujer más linda del mundo mundial y el 18 con la cara llena de risa y con todo el estilo del mundo vamos a ir a conocer ese lugar del que todo el mundo habla.

-Pau,…gracias.

-Las gracias las hacen los monos en el circo, nosotras somos amigas y para eso estamos. Besos, te quiero un mil.

-Y yo un dos mil.

-Ya…ya…para, que si alguien nos escucha pensará que somos del otro equipo.

-¿Y te imaginas lo que nos diría Fran? -pregunto pensando en ella.

-Me lo imagino, y como me lo imagino, voy a tomar el vinito que me regalaron y voy a ir a su casa a verla.

-¡Qué valiente!

-No, no es ser valiente, amigas en las buenas y en las malas, Bea, y hoy, es un día de esos malos para ella.

-¿Quieres que te acompañe?

-¡No! No se te ocurra, tú irás a echarte ese polvo que a mí me falta tanto, ¿estamos de acuerdo?

-¿Y no era que no tenía que tirar como un conejo?

-¡Dios! -resopla-, la comprensión auditiva a ti no te la implantaron, entregarse en cuerpo y alma no te impide acostarte con Costabal y tirar como coneja, solo que hazlo de verdad, como la mujer grande que eres y con la frente en alto, eso es todo.

-¡Ya, entendí! Te dejo, creo que me saliste más barata que la consulta psicológica.

-Y quién te dijo que no te iba a cobrar, me debes una cervecita helada.

Y así con el ánimo por las nubes termino de hablar con Paula, y creo que tiene razón en todo lo que me dijo.

Con este optimismo que siento cuando llego a mi departamento me paro frente al armario, quiero verme especial. Y como si la ropa me hablara veo una blusa negra transparente, sin dudarlo la saco y para acompañarla me pongo un sostén que es realmente un lujo, por lo que me costó y porque de verdad el trabajo del encaje es realmente increíble. Quince minutos después estoy prácticamente lista y lo mejor de todo es que me veo sexy, sobre todo con el maquillaje y el pelo aleonado que me quedó gracias a secármelo con la cabeza hacia el piso.

Miro el reloj, ansiosa, pero sobre todo nerviosa. Faltan quince minutos para las ocho y decido que esta vez no voy a ser puntual, total…ya no estamos en el trabajo ni debo marcar tarjeta.

A las ocho diez de la noche cojo la chaqueta y salgo a tomar el taxi, que por la reacción que tiene creo que debo darme por pagada, su sonrisa me lo dice todo.

Casi veinte minutos después gracias a un taco infernal llego al departamento de Mauricio, apenas me anuncio el conserje con una encantadora sonrisa me dice que suba, incluso me acompaña hasta el ascensor. Un momento más tarde toco el timbre y me pongo en la pose más sexy que se me puede ocurrir, no pasan ni dos segundos y la puerta se abre.

¡¡Me quiero morir!! ¡¡Y de verdad!! Una señora vestida con un traje de dos piezas estilo Carolina Herrera, incluso con el mismo peinado abre y me queda mirando.

-¿Beatriz?

-Yo…eh… -tartamudeo y lo primero que hago es cerrarme la chaqueta con las manos, pero lo peor no es eso, desde un costado aparece ella, esa pequeña niña que no sé por qué siempre le he tenido miedo…, no, que miedo, en realidad terror es la palabra.

-¡Papi!, es la señora de la otra vez, la que te vino a dejar la billetera.

Ante esas palabras aparece Mauricio, que por un momento se queda choqueado observándome de pies a cabeza y yo… ¡no sé dónde meterme!

-Entren -les dice en tono autoritario y abre más la puerta para que pase y al hacerlo me quedo petrificada viendo todo. Aunque quiero llevarme la mano a la boca para que no se escuche mi suspiro no puedo, esto no es un hogar, es un departamento piloto donde nada sale de su lugar. Todo es perfecto, perfecto para una foto de revista dominical.

-No te dije que te esperaba a cenar a las ocho -murmura bajito visiblemente enojado sacándome de la ensoñación en que me encuentro.

-Es…estoy aquí -me defiendo.

-Cuarenta y cinco minutos tarde -sisea entre dientes-. Toda mi familia te espera.

-¡No! -chillo y ahora sí que me llevo las manos a la boca-, ¿Cómo qué…? -no alcanzo a terminar cuando esa enanita que me da pavor vuelve a aparecer y se dirige directamente a  mí.

-¿Quieres qué te muestre mi casa?

-Sofía…

Y como de tal palo tal astilla, la enana se gira y dándole la mejor de las sonrisas a su padre que se queda embobado mirándola me toma la mano, y como si fuera un recorrido a un museo comenzamos a avanzar por el pasillo, y mientras lo hago diviso varias imágenes de ellos. Al final del corredor abre una puerta y me enseña la habitación de Mauricio, que es realmente sacada de una revista de decoración, una gran cama con un cubrecamas en tono beige, varios cojines en composé  y por supuesto un equipo de música que dudo que alguna vez lo haya ocupado en su vida.  Un berger de cuero café y una mesita a juego, por supuesto la cortina es de los mismos tonos que lo demás. Salimos rápidamente y me lleva a la creo que es su dormitorio y cuando entramos una sonrisa ilumina mi rostro, ¡Dios! Pensé que me iba a encontrar con la pieza de una Barbie rosada, pero todo lo que está aquí es puro color, ¡alma! Una cama de madera y colgando de la cabecera una guirnalda de luces de colores que van por todo el rededor. Morados, calipsos, rosados, blancos son los reyes del lugar y en medio un gran gato blanco.

-¿Te gusta? -me pregunta sin soltarme la mano que ya me comienza a transpirar.

-Es muy, muy bonita.

-A mi tía no le gusta porque dice que no es de princesa, pero yo -dice bajando la voz y me hace un gesto para que quede a su altura y yo como si fuera idiota le obedezco-, no quiero ser princesa, quiero ser Mal, la hija de Maléfica en la peli de Descendientes.

-¡Oh…! –exclamo sin tener idea de lo que me está diciendo, ¿Cuándo la bruja mala de la Bella Durmiente tuvo una hija?

Pero como claramente esta niña es llevada a sus ideas me lleva hasta su escritorio y me muestra lo que está pintando y es ahí cuando veo un cuadro con una gran foto de su madre. Mis manos instintivamente se van al cuadro. Sofía es la viva imagen de Soledad, dos gotas de aguas.

-Ella es mi mamá que ya no está.

-Ah… -logro articular como idiota.

-No está de viaje, está muerta y me está cuidando desde una estrella.

-¿Desde una estrella?

Ella asiente con la cabeza y me lleva hasta la ventana, abre su cortina de tul de diferentes tonalidades y me señala con el dedo una muy brillante.

-Desde ahí me está cuidando mi mamá y cuando yo sea muy viejita, más que mi máma Yola me voy a ir con ella. Pero ahora cuido a mi papá. Es un poco enojón, pero no se lo digas.

Una risa se me escapa ante las ocurrencias de esta niña, yo también tengo ganas de decirle que estoy de acuerdo, pero me muerdo la lengua.

-¿A ti te ha retado?

-A mí…, eh.

-¿Tú sabes hablar como yo?

Otra risa, en cosa de segundos Sofía me ha ganado el corazón. No me extraña que esta niña sea la única alegría que tiene Mauricio, y precisamente pensando en él estoy cuando por supuesto con el ceño fruncido aparece en la habitación.

-Como supongo que ya ha acabado el tour por la casa, creo que sería bueno que Beatriz venga a conocer al resto de la familia, ¿no crees, Sofía?

-Me faltaron mis juguetes -alega haciendo un puchero mientras señala una caja de color morado y tapa fucsia.

-Las barbies pueden esperar.

-¡Papi! -lo regaña poniéndose las manos en las caderas, no son baribies, ¡son monsterhig!

-¡No! -la imito, porque en realidad esa muñeca me gusta más que la rubia curvilínea-, ¿no me digas que tienes a Frankie Stein? -le pregunto recordando la que más he escuchado.

-¡¡Sí!! -responde pletórica y corre hacia la caja, saca la tapa y comienza-, también tengo a Draculaura, a Gigi Grant y a Marisol Coxi.

-¡Wow! ¿Y no tienes a Jackson Jekyl? ¿O a algún chico?

-No, mi papá no me los quiere regalar, en realidad no me quiere regalar ninguna de estas muñecas, lo hace mi tía Isidora.

-¿Sabes cuál es mi favorito? Clawd Wolf, ese lobo me encanta -comento mirando a Mauricio que está aún parado mirándonos, pero ahora con los brazos cruzados.

-Sofía -le dice esbozando una sonrisa sarcástica-, ya que estás enseñándoles los juguetes a Beatriz, por qué no le enseñas las muñecas lindas que te ha regalado la tía María José.

Eso me duele, y por supuesto me recuerda que ellos son parientes, maldito cabrón, sabe lo que hace, y mi sonrisa desvanece. De mala gana Sofía camina a otra caja, esta es celeste con tapa amarilla y sin ningún ánimo saca las barbies, que se ve están intactas.

-No sé cómo se llaman -se encoje de hombros-, pero da lo mismo, son todas iguales. Rubias con ojos de pescado, solo tienen ropa diferente.

-Yo las encuentro hermosas -aporta Mauricio y toma una para observarla-, esta es la Barbie ejecutiva, con pelo perfecto, poco maquillada, intachablemente vestida con un traje de dos piezas y unos bonitos zapatos de tacón rosados.

Con rabia se la quito de las manos y la pongo frente a sus ojos.

-Claro, es una mujer perfecta que irradia superficialidad, su consigna general es “¡me encanta ir de compras!” “¿Tendremos alguna vez suficiente ropa?” Sin contar por supuesto que parecen anoréxicas y si la lleváramos a una mujer real sus medidas serían, metro setenta y cinco, 91-46-84 ¡wow! Igualito a las mujeres chilenas, todas rubias de ojos celestes. -Y acercándome más a él susurro en su oído para que Sofía no escuche-, y un perfecto fetiche para los depredadores sexuales que hacen películas porno con ellos. ¡Bravo! -aplaudo-. Un juguete muy bonito, y eso que no hemos hablado de él -tomo el muñeco que Sofía le entrega riendo-, como olvidar a kent, el novio perfecto que siempre viste de traje, y muy musculoso casi de metro noventa.

Y dicho el decálogo de Barbie, en donde estoy seguro Fran me agarraría a besos, tomo la monster hig y le digo:

-Definitivamente esta morena me gusta más.

Por unos segundos Mauricio me mira y como no tiene nada más que decir porque por primera vez lo veo mudo espeta molesto:

-Salgan ahora, ¡ah cenar!

En un acto que no espero Sofía pasa por el lado de su papá me toma de la mano y me lleva hasta el comedor, que por supuesto es sacado de la revista “Casa y Decoración” la señora vestida de Carolina Herrera es la primera en acercarse con una sonrisa amable.

-Te pido disculpas por mi recibimiento, es que…solo me quedé sorprendida -se disculpa de todo corazón.

-No se preocupe -le digo tomándole la mano-, mi mamá si me viera así -digo más despacito-, seguro me arrastra al baño y me lava la cara con agua y con jabón, pero le prometo que yo juraba que solo sería una cena entre su hijo y yo, si ni siquiera le traje algo a Sofía -respondo apenada y en respuesta ella me regala una sonrisa genuina.

-Mauricio… -suspira y con eso me hace un gesto indicándome-, ese señor que vez allí es mi marido, Alberto, y ella.

-Mamá. Tengo treinta años, me puedo presentar sola -aclara llegando hasta nosotras-, mi nombre es Isidora, y si te soy sincera, desde que el grinch me avisó ayer que vendrías a cenar la curiosidad me está matando, pero créeme que estoy gratamente sorprendida.

-Isidora -le habla enérgico el que ella llama grinch-, podrías comportarte, ¿qué va a pensar, Beatriz?

-Uf, hermanito, de pensarlo ya tiene que haberlo pensado todo de ti, nosotros somos la parte normal de tu vida, el color que le falta a tu arcoíris, aunque presiento…

-Isidora -habla Alberto cortando a su hija, ella de inmediato se calla y toma la mano de Sofía para ir a sentarse a la mesa y ahora se dirige a mí-, bienvenida a esta casa.

-Si ya acabaron con las formalidades, ¿podemos cenar? -habla Mauricio en un tono neutro.

-Claro, hijo -responde Yolanda-, siéntense mientras traigo la cena.

-Mauricio –habla el gran señor Costabal-, no seas mal educado, recíbele el abrigo a Beatriz.

-¡No! -exclamó nuevamente sujetándolo-, no es necesario, es que estoy un poco resfriada y…tengo frío.

-¿Quieres que te traiga un “paramaradol”? -pregunta muy interesada y en su propio idioma Sofía-, eso siempre me da mi máma Yola cuando me duele la cabeza.

-No se preocupen, esto es…alergia.

-¡En julio! -aporta el tarado de Mauricio y yo juro que ahora sí que lo quiero matar.

-Mauricio –dice Isidora que creo que es la única que entiende por qué no me quiero quitar la vendita chaqueta-, déjala así como está -sisea entre dientes-, y siéntate de una vez por todas.

Tras esa pequeña discusión entre hermanos todos nos sentamos a la mesa y cuando la señora Yolanda vuelve con una bandeja no creo lo que veo y mi expresión debe ser de absoluto y puro asombro porque la que habla es Isidora.

-El grinch dijo que te gustaba la comida china, por eso ha encargado al mejor restorán, “según él” todos estos platos, así que de verdad espero que tengas mucha, pero mucha hambre.

-Lo más probable es que la comida esté fría, la idea era cenar a las ocho, no casi una hora después -bufa molesto, y sin importarme absolutamente nada, solo sintiendo alegría en el cuerpo levanto mi mano y tomo la suya, apretándosela.

-Gracias…, muchas gracias por este detalle tan significativo -y levantándole la mano se la beso delante de todos que se quedan alucinando en toda la gama de colores cuando ven que su hijo se queda petrificado mirándome.

Menos mal que un carraspeo del padre nos devuelve a todos a la realidad y empezamos a comer. Como veo que Sofía a partido un arrollado primavera y lo golpea contra el plato, sin dudarlo lo tomo y con un tenedor le saco todo lo de adentro, y con eso la pequeña me regala una maravillosa sonrisa.

La cena transcurre sin mayores contratiempos, aunque en realidad estoy muerta de calor y lo único que quiero es quitarme la chaqueta.

De pronto el teléfono suena y es la mamá de Mauricio la que se levanta y cuando vuelve su cara está completamente iluminada.

-Era la Cotetita, dice que mañana por favor la pases a buscar a su casa igual como los otros días para que se vayan juntos al trabajo, le mandó muchos saludos a Sofía, también me contó que compró unas entradas para ir al cine el sábado.

-Ufa -reclama con un puchero Sofía-, no quiero ir con la tía María José al cine.

-¡No! -exclama la señora-, la invitación también es para tu papá, irán los tres a divertirse el sábado.

Mi cabeza se gira automáticamente a ver a Mauricio, o mejor dicho a su boca para escuchar su respuesta, él aprieta su mandíbula tensándose de inmediato y como no me puedo aguantar susurro bajito solo para él:

-Así que se van juntos al trabajo.

Ignora mi pregunta y se dirige a su hija demasiado serio para mi gusto.

-El sábado discutiremos eso, ahora -espeta mirando a su madre-, no es el momento.

Isidora que observa todo atentamente sin perderse detalle levanta una copa y hace un salud por todos y lo agradezco, pero no por eso Sofía se queda conforma.

-No quiero ir, me aburro, ¿podemos ir con Beatriz el sábado también?

Justo antes de contestar, mi teléfono maúlla con el sonido de gato, avisándome que es mi hermano, como no me quité la chaqueta lo tengo en el bolsillo, rápidamente lo cojo y lo silencio.

-¡Un gato! -aplaude Sofía-, ¡tienes un gato!

-No –le aclaro con cariño mostrándole el teléfono.

-Y no solo un gato, un perro, un gallo y no recuerdo que otro sonido más tiene en ese teléfono, Beatriz, una granja completa -se burla y ahora sí que lo fulmino con la mirada, la enojada debería ser yo y no él,

-Sí, tengo sonidos de animales para identificar los mensajes -le explico con una sonrisa a la enanita.

-¿Y te gustan los gatos?

-¡Lo amo! Casi todos mis sonidos son un “miau”

-A mí también me gustan, pero a mi papi no, y no me deja tener uno.

-No voy a comprar un gato, me niego, Sofía Costabal -responde serio con nombre y apellido.

-Ah, pero no tienes que comprarlo -me giro desafiante para mirarlo atentamente-, puedes encontrarte un gatito pequeñito en situación de calle pasando frío, ¿no creo que no tengas corazón para no adoptarlo? Si eres tan buen cuñado -recalco la palabra-, para llevar a la señorita María José al trabajo…

-Esas situaciones hipotéticas creadas por tu imaginación no se dan -niega tajante.

-¿Y si encontráramos uno así, papi? En situación… ¿de qué era?  –me mira y yo termino la frase por ella.

-De calle, un gatito pequeño sin hogar y sin nadie que lo traslade -sonrío en forma de mofa. Todos están en silencio, de reojo noto como el gran señor Costabal está disfrutando de lo lindo de la situación, y bueno, Isidora está que me aplaude.

-Si encontráramos un gato -aclara pon imponiendo condiciones-, abandonado, flaco, feo, sin padres y que no tenga dueño en situación de calle, sí -sonríe como diciendo “eso es imposible”-. Lo aceptaría, pero los que te gustan a ti en las tiendas de mascotas no son así -aclara sabiéndose ganador, pero al ver la cara de Sofía algo en mí se mueve y sin importarme nada una idea flash se cruza por mi mente.

-¿Sofía? -pregunto saboreando la victoria-, ¿te gustan las frutas y las verduras?

Mauricio arruga la frente sin entender nada y la pequeña chilla:

-¡Sí! Me encantan, las peras, los palatanos, los duraznos, pero no con pelo porque me pican, ¡y las manzanas de la Blanca nieves también!

-¡Perfecto! Entonces, qué te parece si el domingo, después que vayas a ver la película con tu tía para que no se quede triste vamos a la Vega y compramos todo eso.

-¡No…! -alza la voz con un tono de exclamación el gran señor Costabal que estoy segura entendió mi plan-, me parece perfecto, y por favor compren un cajón de tomates también.

-Sofi –habla Isidora mirando a su sobrina con un cariño inmenso-, yo que tú, hoy cuando me vaya a dormir pensaría en un nombre bien bonito para un gato.

-¿Tú crees tía?

-Estoy segura -ríe cerrándome un ojo.

-No tengo idea dónde está la Vega -aclara Mauricio que aunque no se imagina mi plan, tonto no es, pero es su padre el que le responde.

-Tú de eso no te preocupes, pones la dirección en tu muy moderno celular y llegaras solito.

-¡Maravilloso! -aplaudo feliz-, entonces el domingo nos vamos de paseo a Vega.

-¿De verdad quieres salir con Sofía y conmigo el domingo? -pegunta Mauricio increíblemente bajito y sorprendido, tanto así que hasta se me parte el corazón y ya me estoy arrepintiendo de mi plan para encontrar un gato, porque lo que veo en sus ojos es una gratitud que borra todo lo anterior, y nuevamente mi mano se va a la suya.

-¿Por qué no voy a querer salir con ustedes?

-Yo… -se queda sin palabras, demasiado abrumado y no es lo que esperaba.

-Claro, ahora gratis no te saldrá -digo para distender el momento-, después nos tienes que llevar a tomar helados.

-¡SÍ, papi! Uno de frutilla con vainilla bañado en chocolate también.

-Esos manchan.

-Le ponemos un vasito y listo, problema solucionado -¡Dios! ¿Qué este hombre no tiene sentido común?

El silencio es tan abrumador que creo que ha pasado algo pero no soy capaz de entender qué.

Cuando llegamos al postre ya todos hablamos fluidamente de diferentes cosas y es como si nos conociéramos de siempre, aunque claro, a Mauricio le hablan como si estuviera dos pisos más arriba que los demás.

Al pasar la hora, Sofía bosteza y me pide a mí que la lleve a la cama, yo no sé qué hacer, los miro a todos sorprendida y es la señora Yolanda que me indica que lo haga, pero a Mauricio que es el que estoy mirando no dice ni mu, y yo no sé si le molesta o le gusta, pues solo le da un beso a la enana y nos mira. Una vez en su habitación igual como lo haría con uno de mis sobrinos le abro la cama, la acurruco, la tapo y cuando le voy a dar un beso me dice:

-¿De verdad puedo pensar en un nombre para un gatito?

No lo pienso ni un segundo y le digo que sí, pero cuando voy de regreso al comedor sé que me he metido en buen lio, sé que el gato lo vamos a encontrar, pero no sé el tamaño del corazón de Mauricio para aceptar al animalito, y creo que como siempre mi boca, mi espontaneidad y mis ganas de llevarle la contraria me han jugado una mala pasada.

-¿Todo bien? -quiere saber Isidora que me ve callada.

-Sí, todo bien, pero creo que es tarde, voy a llamar un taxi.

-¿Perdón? -bufa Mauricio que está hablando con su padre tranquilamente-, no te vas a ir en taxi, yo te iré a dejar.

-Pero hijo -interviene su madre-, mañana tu padre se tiene que levantar temprano, tenemos que irnos y tú también, no olvides que tienes que pasar a buscar…

-Isidora -interrumpe a su madre y le habla a su hermana que de inmediato lo mira atenta-, ¿te quedas hasta que llegue? -ella asiente y él mira de nuevo a su madre-, pueden irse tranquilos a dormir, problema solucionado.

-Mauricio -digo incómoda-, no es necesario que me vayas a dejar, un taxi me dejará en la puerta de mi casa sana y salva.

-Te llevaré yo, ¿o tienes algún problema con eso?

-Es que…

-Despídete, nos vamos -me dice en un tono serio volviendo a ser el de siempre. Me acerco al gran señor Costabal que me da un beso más la mano, y como si eso fuera poco, además me desea suerte en la Vega el domingo. Isidora de frentón me abraza y al oído me dice que no me preocupe que me demore todo lo que quiera, en cambio la señora es más reticente y solo me besa con poco entusiasmo, pero no por eso descortés.

En el ascensor vamos juntos pero no nos tocamos, en realidad hasta un poco distante está. Pero como el caballero que a veces es me abre la puerta de su auto y yo para no mirarlo volteo la cabeza hacia la ventana. Mientras recorremos las calles ni música suena y yo que ahora sí que me estoy muriendo de calor porque no sé dónde está el maldito botón para bajar el vidrio que no está en la puerta como todos los autos normales, así que opto por desabrocharme la chaqueta y de inmediato la vista de mi piloto se va a la blusa transparente.

-Bonita ropa escogiste para cenar con toda mi familia -habla en una forma que es de total desaprobación y muy calmado, mala pero mala señal.

Suspiro, ya se lo que se viene, y de verdad no tengo ni ganas.

-Claramente si me hubieras dicho que era con toda tu familia no hubiera venido así, pensé que solo seriamos nosotros dos, pero como tú, el señor Costabal, todo un semi dios solo habla cuando le conviene -digo encogiéndome de hombros.

-No me insultes, Beatriz, no quiero discutir.

-Porque no te conviene.

-¿No? Y por qué si se puede saber, aquí la que ha cometido no uno sino varios errores no he sido yo -comenta impávido mirando hacia adelante.

-¿Seguro?

-Segurísimo -responde tajante y esa esa es la gota que colma el vaso.

-Cuando te pones en plan cabrón mejor no hablarte.

-Insisto, porque te conviene. ¿Tú crees que está bien presentarte así por primera vez delante de toda mi familia?, ¡de mi hija! Y cómo si eso no te fuera suficiente espectáculo además me desafías delante de todos con el tema del gato. Y todo esto por una soberana estupidez.

-Una estupidez -me acomodo mejor en el asiento para mirarlo-, ¿Cuál estupidez? ¿Quieres saber quién es el…?

-Si estás celosa, ¡por qué no solo me lo dices como una persona adulta y ya!

Mi boca se abre y boqueo como un pez en tanto esa maldita sonrisa de medio lado ya comienza a asomarse.

-Eso es lo que te gustaría, que lo estuviera ¿verdad?

-¿No lo estás? -pregunta muy confiado, pienso un segundo en decirle que no, que son ideas suyas, pero prefiero ser honesta y no solo con él, sino que conmigo, no quiero acabar como mi amiga, así que cierro los ojos un segundo y cuando los abro ya sé todo lo que le voy a decir.

-¿Qué pasaría si un hombre guapo me visita, me rio a carcajadas con él durante horas, y luego saliera a cenar con otro, y a eso agrégale que me veo todos los días con mi ex, a no perdón, sino solo es ex, además es mi cuñado y en las mañanas pasa por mí?, dime, ¿cómo mierda te sentirías?

-Estás malinterpretando las cosas. Tu ataque de celo es ridículo porque carecen de razones fundamentadas –ahora no solo la boca se me abre sino que los ojos también.

-Me estás…webiando… -Me observa atento desviando la mirada de la calle por unos segundos-, ¿o sea yo me imagino que te viste con la tal Kristal?, que además de todo es una súper mega estrella de un club nocturno, segura de sí misma, y además también escucho mal que calienta José, que por cierto quiere algo contigo te pide que la sigas llevando al trabajo, sí, yo estoy sacando y malinterpretando las cosas de contexto, que idiota soy.

-No estás confiando en mí y eso solo confirma que eres una niña arrebatada.

-Como quieras -refuto y vuelvo a mirar por la ventana-, piensa lo que quieras, perfecto, yo estoy mal, Mauricio, y como soy una niña arrebatada ahora no quiero hablar más contigo.

Ante mi respuesta y como si eso no fuera ser arrebatado le da un golpe al volante y acelera, de ochenta kilómetros por hora pasamos a cien en una calle que no permite esta velocidad, ¡y así dice que yo soy una pendeja! Varios metros más allá veo que el semáforo cambia de verde a amarilla y Mauricio no hace ni un atisbo por frenar, mis manos inconscientemente se afirman de la guantera y cuando veo que la luz es completamente roja y no disminuimos la velocidad cierro los ojos, pero en ese mismo instante la fuerza del frenazo me lleva hacia adelante y agradezco haberme puesto el cinturón sino ahora estaría estampada en el parabrisas.

Mi corazón se acelera tanto que me demoro dos segundos en reaccionar, pero cuando lo logro lo primeo que hago es desabrocharme el cinturón, abrir la puerta para salir y al poner un pie en el pavimento le grito:

-¡Si yo soy una pendeja tú eres un verdadero loco de remate que por un berrinche casi nos mata a los dos!, ¡¿qué no te bastó ya con la vez anterior?!

-¡Me vuelves loco! ¡Me desesperas! -grita en medio de la calle.

-Bienvenido a mi mundo, Mauricio, ¿qué crees que haces tú conmigo? ¡Lo mismo! -le devuelvo el grito con la misma intensidad. Me doy cuenta que mi edificio está a pocos metros y como él no dice nada y parece estatua decido irme caminando lo más rápido posible, ahora soy yo la que no quiere verlo, quiero llegar a mi departamento, tirarme en mi cama, dormir y dejar de pensar.

Al llegar don Hugo al verme un poco apurada corre a abrirme la puerta y cuando me va a hablar le indico con la mano que después, no quiero nada de nadie y con nadie. Abro la puerta y mi ánimo ni siquiera me da para llegar a la habitación, tiro lejos la chaqueta y literalmente me desplomo sobre el sillón, aún mi corazón está acelerado, cierro los ojos y veo el semáforo en rojo y la ajuga del velocímetro a cien.

De pronto suena el timbre con suavidad y maldigo en todo el coa que soy capaz de recordar a don Hugo, ¿qué no puede esperar hasta mañana para decirme lo que me tenga que decir, o peor aún, para pasarme la cuenta que seguro me va a entregar?

Intentando poner mi mejor cara le abro, pero en vez de tener a mi conserje parado se encuentra Mauricio.

-No puedo más -le digo levantando la mano en son de rendimiento-. Juro por Dios y yo no soy una persona que jure que estoy agotada, totalmente sobrepasada y si me quieres decir histérica también lo acepto, pero no está en mis planes morir en un accidente automovilístico por un arranque de rabia injustificado.

Mauricio sigue callado sin decir ni una sola palabra, hasta que sus brazos alcanzan mi cintura acercándome hasta él, como no lo miro es su manos la que levanta mi mentón, despeja el pelo de mi cara y apoya su frente en la mía.

-No soporto que no confíes en mí, ¿es que no te das cuenta que solo tu existes para mí? Y el solo hecho de imaginarte con otro hombre me enloquece. ¿Me puedes entender?

Niego con la cabeza.

-Es que no quiero entenderte más, no quiero comprender nada más porque yo no soy así.

-Así cómo, mi amor.

-Así como estoy ahora.

Sus manos atrapan mi cara y sus labios se acerca a los míos, me besa como si no existiera mundo, su lengua es una experta dentro de mi boca y hace que me sienta en otro tiempo y espacio, como si orbitase un planeta diferente en el que solo existe esta sensación,  sus manos no se mueven del lugar inicial, y cuando creo que me voy a ahogar se retira lentamente y se queda viéndome a los ojos.

-Perdóname -pronuncia con los ojos cerrados-, perdóname por ser un idiota, pero sobre todo por ser inseguro.

-Tú, ¿inseguro? -se me sale del alma el comentario, ¿Quién podría decir que Mauricio Costabal es un inseguro? Realmente este hombre está loco.

-Sí, Beatriz, inseguro de lo que sientes tú por mí porque jamás has sido clara como yo lo he sido, eso me confunde. ¿Qué es lo que tú sientes por mí? Dime por favor, ¿qué sientes?, ¿sientes que no puedes vivir sin mí?, porque eso es lo que yo siento, ¿o sientes lástima por mí y por eso no me lo dices? Esa respuesta es la que me está volviendo loco -.Suspira-. Yo te miro y te deseo, te deseo en todas partes y no siempre es de buena manera.

Todas las frases que siempre se me salen del alma ahora se me atoran en la garganta y aunque quiero decírselas no puedo, al menos no con palabras, le tomo la mano y lo guio hasta el sillón. Sorprendido y sin entender nada se sienta y yo me quedo parada en frente para que me mire, así, sin más, solo en la oscuridad de la noche, sin más luz que la que alumbra el pasillo, pero la suficiente para que me observe a mí y a mi cara roja como un tomate.

-Estás preciosa -murmura-, nunca dije que tu ropa no me gustara, lo de la Barbie… -empieza a justificarse y yo pongo un dedo sobre mis labios para que se calle y lo hace.

-Solo mira y por favor entiende lo que con palabras no sé cómo decirte -susurro con la voz nerviosa-, y que sepas que esta es mi primera vez.

-¿Qué vas a hacer?

-Te voy a bailar sintiéndome una mujer sexy, linda y…

-¡Eres una mujer sexy! No tienes que demostrarme nada -agrega y hace el intento en ponerse de pie, y con una calma inusual lo detengo con la mano y él vuelve a sentarse.

-Mauricio… -vuelvo a pedir y es él esta vez que levanta las manos y se acomoda para mirarme.

Cierro los ojos, no un segundo sino que varios intentando darme valor, y por supuesto recordando alguna película de stripsease para poder recrear, y cuando Demi More aparece en mi mente, mis caderas como si tuvieran vida propia comienzan a moverse con un sonido inexistente, o en realidad si hay uno, el compás de la respiración de Mauricio. Cuando abro los ojos con mucho valor le digo:

-Solo mira y por favor déjame terminar.

-¿Es un castigo?

Niego con la cabeza porque si le hablo ahora juro que le doy vuelta la cara por estúpido, así que no pongo más atención en su comentario y me centro en lo mío y en Demi, que ya a estas alturas es mi mejor amiga. Con sensualidad mi cuerpo se contornea y soy capaz de notar de reojo como mi único espectador se reclina incómodo controlando sus manos cuando los botones de mi blusa van siendo desabrochados lentamente uno por uno.

Nuestros ojos encuentran una conexión especial y así poco a poco voy desprendiéndome de la blusa, de mi falda, hasta quedar solo con ropa interior y por supuesto las medias de liga que a este hombre le gustan tanto.

Solo con la mirada le voy diciendo todo lo que siento y no soy capaz de pronunciar, le traspaso que me estoy entregando a el tal y como soy, sin esconderle nada, sin guardarme nada y sin miedos en completa libertad renunciando al temor que siento por todo lo que vendrá, porque lo acepto, así con pasado, con mochila y con familia incluida, porque quiero un futuro con él sin importarme su historia anterior, que lo elijo por arriesgar su tranquila vida y por dejarme entrar en ella, porque me ha tolerado y no renunció en los momentos difíciles.

Con movimientos lentos y sensuales después de expresarle todo con el cuerpo en el mejor baile que he hecho en mi vida y como si fuera una verdadera profesional me toco el cuerpo en una forma tierna, lejos de tener intención de provocarlo hasta que mi mano llega a mi corazón y con una entrega total e incondicional camino hasta que nuestras rodillas se tocan, Mauricio tiembla y puedo notar que lo que tiene entre sus piernas está a punto de explotar, como si eso no me calentara tanto como sí lo hace me siento sobre él y llevo su mano junto a la mía, ambas tocan mi corazón que sin exagerar está a punto de salírseme del pecho.

-Me entrego a ti porque eres lo mejor que me ha pasado en esta vida, por eso hoy mi corazón quiere sentir tu mano y por favor mira mis ojos y lee lo que dicen.

Pasan varios segundos y Mauricio no es capaz de reaccionar ante mis palabras y yo siento que me voy a morir aquí mismo.

-No deseo leerlo, quiero escucharlo -carraspea con una voz ronca, excitada y muy, muy pero muy sexy.

-Te quiero -susurro desde lo más profundo de mi alma, y al decirlo se me eriza la piel al mismo tiempo que un escalofrío recorre mi cuerpo.

Con sensualidad sus brazos me rodean y nos fundimos en un abrazo que me traspasa más que calor hasta que al oído me susurra:

-Yo me entrego a ti simplemente porque eres la mujer perfecta para mí -confiesa levantándome como si no pasara nada, cuan pluma que no soy. Apoya mi espalda en el sillón y me besa como solo él sabe hacerlo llevándome al cielo en cosa de segundos.

-Quiero hacerte el amor… -jadea cuando se separa para tomar aire pasando sus manos por mis muslos hasta llegar al borde de mi braguita que por supuesto está totalmente húmeda, aunque claro, estoy segura que él no se queda atrás. Y antes de que le dé una respuesta sus dedos hurgan en mi interior impidiéndome pensar con claridad, ambos respiramos con dificultad y esta vez, Mauricio un poco más que yo.

-No podemos -insisto separándome un poco.

-¿Por qué no podemos? -es casi más un gruñido que una pregunta.

-Porque te están esperando -logro responder al momento que su dedo profundiza su expedición.

-No pienses en nadie, no pienses en nada.

Juro que quiero hacerlo, es más, estoy excitada a más no poder, pero no puedo, tomo su cara para besarlo en un último beso, y al momento que nuestras lenguas se juntas para bailar más que un tango una cueca brava afloran las sensaciones pasionales, esas que me llevan por el camino del abandono al más puro placer carnal, pero que hoy por primera vez van de la mano con mi verdad, esa que me duele tanto demostrar.

-Te quiero tanto, Mauricio Costabal, y si hacemos el amor ahora no voy a querer que te marches -confieso de todo corazón.

-Me quedo -responde sin importarle nada y la única neurona normal que poseo se pone en alerta y lo detengo, pero su brazo es más fuerte y mis piernas se abren solitas para él, incluso mis caderas se elevan para facilitarle un poco el trabajo haciendo que me olvide de todo cuando ya no son sus dedos los que llegan hasta el fondo embistiéndome con intensidad. Rítmicamente una y otra vez endureciendo mis pezones que chocan contra su pecho.

-Te quiero -le repito justo cuando sé que un orgasmo está a punto de alcanzarme y antes de terminar la oración, ambos, coordinadamente nos caemos al limbo de las sensaciones y en un acto erótico y morboso Mauricio lleva sus dedos a mi boca y sintiendo mi propio sabor los chupo como si lo estuviera haciendo con él. La lujuria de segundos anteriores no se compara ni de cerca con la que estamos sintiendo ahora mientras nuestros cuerpos ya no pueden aguantar ni un poquito más, con la última embestida yo gimo y el gruñe desde sus entrañas, y cuando ya no tiene nada más que expulsar su cuerpo cae laxo sobre el mío, no sin antes darme un nuevo beso tierno y reconfortante que me deja más enamorada de lo que ya estoy. Sí, lo dije ¡y qué!

Enamorada, ocho letras que pueden cambiarlo absolutamente todo.

-¿Sientes cómo late? -murmura en mi oído haciéndome cosquillas, por latir creo que tiene dos corazones, uno arriba y otro abajo.

-Los siento a ambos -sonrío con picardía.

-Somos uno solo -suspira-, eres absolutamente mía.

-¿yo puedo decir lo mismo?

-Soy tuyo, Beatriz, completamente tuyo para lo que quieras hacerle a este pobre hombre.

En ese momento mi mente aprovechadora aflora.

-De momento quiero ofrecerte una ducha con una condición.

-Sexo en la ducha me gusta. Tu cuerpo se resbala contra el mío y cómo estás… ¿sucia? -levanta una ceja de lo más juguetona-, incluso puedo limpiarte.

-Tentadora la oferta, pero no es eso lo que quiero.

Pone un puchero muy cómico.

-Quiero que el domingo seas este Mauricio, no el cabrón de siempre.

-¿Por qué voy a ser un cabrón, si voy a salir con las dos mujeres más hermosas de mi vida?

-Solo prométemelo por este momento que acabamos de pasar.

-Está bien, te lo prometo -dice levantándose sin perder más tiempo guiándome él a mi propio baño.

Luego de ducharnos y algo un poquito más brutos y más carnales que en el sillón me pongo una camisola y cuando veo que va directo a mi cama lo detengo. Caliente pero con sentido de la responsabilidad.

-Olvídelo, señor Costabal, usted ahora se vas a tu casa. Tu hermana te está esperando y Sofía también.

-Quiero dormir aquí -apunta mi lado de la cama.

-Me encantaría, pero no va a poder ser, ¿y sabes por qué? -le pregunto pasándole la chaqueta que es lo único que le queda por ponerse.

-Porque -levanta una ceja.

-Pues porque mañana tempranito -digo en forma irónica caminando hacia la puerta de salida-, tienes que pasar a buscar a tu cuñadita para llevarla al trabajo.

-Lo estás disfrutando ¿verdad? -quiere saber serio, ya muy en su estilo.

-Vete, hasta mañana, señor Costabal, y déjeme dormir que ya le he dicho que mi jefe es un gruñón.

-Yo me las arreglo con tu jefe mañana, estoy segura que si le llevas un café te perdonará.

-Mmm -pienso con una risa malévola-, imposible, mañana desayuno con Fabián -suelto solo para molestarlo y antes de que me diga algo le cierro la puerta, pero eso no impide que escuche desde el otro lado de la puerta.

-Beatriz…

 

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