Braga

Chiqui Aguayo antes de Viña: “No puedo subir al escenario a hacer una charla motivacional, yo tengo que contar chistes”

por Alejandra Valle

10 febrero, 2017

Chiqui Aguayo antes de Viña: “No puedo subir al escenario a hacer una charla motivacional, yo tengo que contar chistes”

“Es imposible no ser feminista en el Chile de hoy”, lanza la sucesora de Natalia Valdebenito, una mujer que define sus luchas como combatir los estereotipos, ser de clase media y que tiene una historia de amor que parece un cuento de hadas: se reencontró con el hombre al que le dio el primer beso 22 años después y nunca más se separaron.

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Nos juntamos en un restorán ñuñoíno al que llegó con su marido, Karim Sufan, productor y ex chico reality (Amor Ciego 2). Él es guapo, alto, fornido de ojos azules, la mira con una cara de amor que enternece y es parte fundamental de la vida personal y profesional de Daniela “Chiqui” Aguayo. Es que sus historias se entrelazan dos veces. La primera cuando estaban en sexto básico y se dieron juntos el primer beso de sus vidas. La segunda vez, justo cuando ella había decidido cambiar una promisoria carrera en la dirección teatral por la comedia y el stand up.

“Pololeamos cuando estábamos en sexto. Yo tenía 11. Karim tenía 13, es que a él le costó un poco más”, lanza riendo la única mujer que pisará el escenario del próximo Festival de Viña. “Pololeamos seis meses. Después me cambié al Liceo 7 y no nos vimos en 20 años”, dice. “22”, la corrige él. Un día Chiqui fue a una fiesta y él la vio, ella no, pero Karim decidió escribirle por Facebook. “Yo no le habría respondido nunca si no hubiese visto que su biografía decía que vivía en Sao Paulo. Pero él ya había vuelto y vivíamos a tres cuadras. Nos juntamos ese mismo día en la noche del ¿2012?”, pregunta ella. “No, fue un 12 de julio de 2013”, acota él con exactitud. Daniela continua: “Después de eso no nos separamos más. Pololeamos un año y medio, nos casamos hace dos. Y nos tatuamos la fecha de matrimonio y maktub, una palabra en árabe que significa “estaba escrito”.

  • ¿Sienten que estaban predestinados?
  • Sí. Nos enamoramos cuando chicos, nos enamoramos ahora, lo de Viña. Karim siempre dice: “Ya filo, si lo que pase ya estaba escrito”. Lo que no significa que no nos hayamos sacado más que la chucha para enfrentar ese día al monstruo.
  • ¿Crees en el destino entonces?
  • Antes no creía en nada de eso. Pero con el tiempo han pasado cosas que me han hecho pensar que sí.

Chiqui se refiere al momento en que decide cambiar su vida. “Me iba de gira con Las Niñas Araña (obra de teatro pronta a convertirse en película) a México. Debería haberme sentido feliz, pero estaba súper achacada, aburrida, quería cambiar. Sentía que estaba tocando techo en mi carrera de directora, tenía en la cabeza que quería hacer otra cosa”, explica. Así es como decide partir a Estados Unidos donde unos primos por seis meses. Se quedó un año y descubrió lo que hoy es su pasión, el stand up comedy. “Vuelvo a Santiago y a los dos meses estoy trabajando en el Club de la Comedia. Entonces digo, algo ahí estaba escrito poh. Vuelvo y conozco a la Alison Mandel casualmente y ella me invita al casting de El Club de la Comedia y voy. No había ido a un casting en cinco años porque lo encontraba lo más denigrante del mundo”, lanza con la misma rapidez que piensa lanzar los chistes en la Quinta Vergara.

  • ¿Qué te pasaba con los castings?
  • Me daba mucho nervio. Me frustraba mucho cuando no quedaba.
  • ¿Eres muy autoexigente?
  • Cada vez menos. Cada vez me quiero más. Pero en su momento, cuando salí de la escuela de teatro, empecé a trabajar y hacía obras de teatro, me metía en las poblaciones, las escribía, las autogestionaba, todo, claro que era súper autoexigente. Por eso cuando descubrí el mundo de la comedia, lo encontré mucho más amable.

Chiqui recuerda la vez que fueron a hacer una función gratuita de Las Niñas Araña en La Pincoya. En salas de teatro funcionaba bien, pero ahí “la gente nos miraba con rabia. Sentía que nos estábamos riendo de ellos. Había un texto que decía: vamos a celebrar fumándonos un pito, no nos vayan a pillar como al Miguelito. Y una abuela agarró a todos sus nietos y se los llevó. Para ellos la droga es un tremendo problema”, explica. “Esto funciona para una elite que es la gente que va a ver teatro. Pero ahora cuando he vuelto a ir a poblaciones con monólogos de humor, que pueden ser  más frívolos, que también tienen un poco de crítica social, pero abordada desde otro lugar, la gente los recibe súper bien. Los sacas una hora de su mierda. Y entonces todo cobró sentido. Ahí es donde yo quería estar. Haciendo reír a la gente”, reflexiona.

Y ahora tendrá la oportunidad de hacer reír a 15 mil personas en vivo y en directo y a millones de espectadores a través de las diversas plataformas en que se transmite el Festival de la Canción de Viña del Mar. Ahí llegó gracias a Minas al Poder, un programa que tuvo un poco menos de rating del esperado (aunque a los últimos capítulos le fue mucho mejor) y se llenó de críticas a través de las redes sociales. “La única crítica que me dolía de Minas al poder era que hablábamos todas lo mismo y que los temas eran súper frívolos. Me duele porque cuando hago stand up hablo de cosas que me importan. A mí me gusta la comedia cuando se hace en serio, cuando uno se expone sobre el escenario y ahí el público verá si es inteligente, huevón, político, no político, frívolo, no frívolo. Finalmente te estás exponiendo con un punto de vista y con algo que te hace ser vulnerable sobre el escenario. Estás contando cosas que te importan, con honestidad. Me encantaría hacer un chiste del aborto, pero no lo he encontrado. No puedo subir al escenario a hacer una charla motivacional, si lo que yo tengo que hacer es contar chistes”, analiza.

  • ¿Sientes como una presión que te hayan puesto como la reemplazante de Natalia Valdebenito, que tiene un discurso tan claro del feminismo?
  • Siento que la Natalia la tenía más difícil el año pasado porque se enfrentaba con 12 años de un vacío de mujeres en el Festival y con un ninguneo constante a todas las mujeres que hacemos humor. Como ese programa de Canal 13 en que decían que no había mujeres. Te aseguro que hay un montón de mujeres más que podrían enfrentarse a Viña o a otro programa. Natalia abrió un espacio porque ya se repetía demasiado que las mujeres éramos fomes. Ella cambió eso. Mi responsabilidad es seguir perpetuando este espacio. Y ojalá que para el otro año sean dos o que cambie la ecuación y el próximo año estén entrevistando al único humorista hombre del Festival. Jajajaja!!!
  • ¿Eres feminista?
  • Es imposible no ser feminista en este minuto. Nací en Chile donde Ossandón dice que todavía no entiende cuál es la diferencia de un hijo producto de una violación de uno que no lo es. Eso se cuela en mi discurso, pero no lo trato de una manera frontal o tan política como lo hace la Natalia, que adoctrina. Siento que lo mío se cuela. Pero eso es bueno. Porque en el stand up lo único que te va a hacer crecer es que encuentres tu voz, que no se parezca a nadie. Y para eso no hay receta. Sólo ser honesta, lo más honesta posible con tus textos, con tu manera de acercarte a la gente y tener tolerancia a la frustración. Yo tengo guardados twitter de Minas al Poder…
  • ¿Cómo cuáles?
  • Un día los voy a ocupar para un show. Hay uno que dice: prefiero cortarme el prepucio con un cuchillo oxidado a ver esta fomedad de Minas al Poder.
  • ¿Qué te pasó con el fracaso de Minas al Poder?
  • Lo pasé tan bien haciendo el programa. Juraba que iba a ser un hit. Quizás el problema es que no fue en vivo. La gente está en otra parada ahora, exige contingencia. Salían ñoños los monólogos porque no querías ponerle noticias con miedo de que salieran descontextualizados.
  • Y terminaste yendo al Festival de Viña. ¿Qué hizo que fueras tú?
  • Mira yo creo que todas las que estaban en Minas al Poder eran posibles candidatas a Viña, pero no fuimos convocadas a eso. Quizás ayudó que en Minas Al Poder yo calentaba al público. Me contaron que iban a tener un vedetto para prender a las chiquillas y yo encontré qué cómo iban a tener un vedetto con nuestros discursos feministas o que pretendían serlo. Entonces me ofrecí y eso significaba estar media hora antes contando chistes y me servía harto. Engrupía a las chiquillas y les decía que me daban bono por risa, que si reían más conmigo me subían el sueldo, que gritaran mi nombre. Por eso partía diciendo, ¿a quién se le ocurrió gritar Chiqui?
  • Antes estuviste en El Club de la Comedia. ¿Era machista?
  • No me hago la lesa con lo que pasó ahí. Me imagino que ellos ya venían de vuelta, si uno aprende de sus errores. Yo no sentí machismo. Pero el humor ha sido tradicionalmente machista. Creo que a veces hasta yo soy machista porque digo que somos hormonales, somos cambiantes. Sin querer, a uno se le sale el machismo en el que fue criada. Por ejemplo, me encanta la palabra maraca y eso es súper machista, pero me da risa todavía. Lo voy a erradicar. Por eso cuando me preguntan si hablo de una temática femenina, bueno, soy mujer y hay mujeres que se van a sentir identificadas conmigo. Pero sería muy barsa decir que a todas las mujeres les pasa lo mismo que a mí porque somos súper distintas.
  • ¿Cómo te estás preparando para el Festival?
  • Pasé por varias etapas. Cuando recién me dijeron en tres días no dormí. Me aterré. No quería contarle a nadie, sólo a Karim. Y como se confirmó tarde, a mi mamá le conté como un mes después y le dije, mira, hay una posibilidad… Y me dijo: “ay, cagaste”. Después me dijo, noo, te va a ir bien. Y hace poquito me confesó que le tirita el ojo desde que le conté. Pero cuando empecé a dormir, dije tengo que ser lo más honesta ese día, llevar las banderas que son las que he llevado siempre, mostrar mi trabajo y que para la gente sea una fiesta y para mí también.
  • ¿Cuáles son tus banderas desde siempre?
  • Tiene que ver con validar una mujer más natural, que no responda a esos estereotipos. Y hablar de la clase media de donde yo vengo, de una persona que estuvo en un liceo fiscal, con una familia disfuncional. Escribí una rutina especialmente para Viña y esos chistes los voy a desechar, no los voy a volver a usar. Y ya estoy escribiendo mi próxima rutina. Siento que después de Viña voy a poder hacer el show que siempre quise hacer, que no sea para la tele que tiene restricciones. Siento que el discurso va a evolucionar y me va a permitir a hablar de otras cosas.
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