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Cómo lidiar con la crisis de perder el celular

por Financial Times Weekend

1 julio, 2017

Cómo lidiar con la crisis de perder el celular

Dos días sin acceso a las conversaciones ‘enaltecedoras’ que se llevan a cabo en WhatsApp, Snapchat y los textos equivalen a confinamiento solitario social para la mayoría de los adolescentes.

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Por Robert Shrimsley*

Ésta es una historia sobre teléfonos y fraternidad, hermanos y Snapchat. Es un cuento trivial pero a la vez conmovedor de un favor que superó todas las expectativas y que a la vez destacó — al menos para mí — la verdadera naturaleza de la niñez en la era moderna.

Específicamente es una historia de cómo un niño se esforzó para evitar que su hermana pequeña tuviera que pasar por algo que sus padres consideraban una pequeña inconveniencia pero que él sabía que significaba mucho más para ella.

Nuestra saga comenzó cuando mi hija dejó su teléfono celular en manos de un compañero de clase de su hermano durante una visita a una universidad. (Yo podría explicarles la secuencia completa de los eventos pero no me lo agradecerían). Cuando nos dimos cuenta del error ya estábamos en el taxi de camino a la estación de tren. En realidad no me pareció muy importante. El niño recuperaría el teléfono de la niña en la escuela el lunes siguiente.

Pero el incidente ocurrió el sábado por la tarde. Mi hija estaba enfrentando el prospecto de dos días sin teléfono antes de recuperar su dispositivo. Pero había una manera de acortar su miseria. Algunos de los amigos de su hermano — incluyendo el amigo que tenía el teléfono — se iban a reunir en Londres esa noche. El único problema era que mi hijo había dicho que no iba a ir. Hacía calor, estaba cansado y no quería volver a salir.

Sin embargo, sin vacilar o consultar, mi hijo inmediatamente decidió encontrarse con su amigo en el evento al que no tenía ningunas ganas de atender. Su hermana ni siquiera tuvo que rogarle para que lo hiciera. Él no pidió nada a cambio. Normalmente, él hubiera pedido — y hubiera conseguido — un trato muy favorable a cambio. Esta acción fácilmente hubiera demandado concesiones como “limpieza de mi habitación durante una semana” o “uso único del PlayStation” … si tuviéramos un PlayStation o si a él le importara el estado de su habitación.

Entonces descubrió que el Metro sólo estaba ofreciendo servicio restringido. El viaje a Londres le tomaría el doble de tiempo. Pero no vaciló. Y yo me quedé atónito.

Claro, él es un buen niño, pero a la misma vez, no duda en discutir vehementemente sobre quién debe usar el baño primero. La elección de comida para llevar provoca mucha negociación entre ellos. Y cuando se trata de realizar sus deberes en la casa, ambos tienen una política de exigir concesiones excesivas para asegurar que nosotros consideremos que los costos de pedir ayuda son demasiado altos que el precio de simplemente realizar el trabajo nosotros mismos.

Yo de ninguna manera me hubiera esforzado para ayudarla. Yo habría podido llevarla a casa del compañero de mi hijo, pero quedaba lo suficientemente lejos para ser una molestia y pasar dos días sin teléfono en realidad no me pareció una calamidad. Pero en este punto mi hijo y yo no estábamos de acuerdo. Él entendió intuitivamente que pasar dos días sin teléfono realmente era una calamidad; significaba que su hermana estaría totalmente aislada de su esfera social, de todos los planes, todas las conversaciones y de la música

Él respondió a la falta de teléfono de su hermana de la misma manera en la que nosotros hubiéramos respondido a un anuncio pidiendo contribuciones para niños que tienen que beber agua contaminada. Era una crisis que él entendía y sabía que era demasiado importante para exigir algo a cambio.

(Desde que realizó su obra caritativa, él se ha dado cuenta del error que cometió al no pedir algo a cambio de antemano. La gratitud no perdura y los pagos retroactivos son difíciles de cobrar).

Todos hemos dejado nuestro teléfono en casa y hemos tenido esa ligera sensación de aislamiento social y profesional que nos inquieta un poco durante el día. Pero las personas de nuestra edad hacemos frente a la situación comunicándonos a través de correos electrónicos.

Pero los adolescentes no ven la situación de la misma manera. Dos días sin acceso a las conversaciones ‘enaltecedoras’ que se llevan a cabo en WhatsApp, Snapchat y los textos equivalen a confinamiento solitario social para la mayoría de los adolescentes. Ellos no usan el correo electrónico. Para ellos, no tener un teléfono significa vivir fuera del mundo real. No sólo son incapaces de organizar sus vidas, sino que además se pierden de conversaciones que podrían ser el punto focal de la semana. Dos días es una eternidad. Mi hijo lo entendió y actuó.

Como padres nos dio gusto ver cómo los hermanos se esforzaron por ayudarse, lo cual nos dejó con muchas esperanzas para un futuro en el que seguramente tendrán que apoyarse el uno en el otro en momentos de crisis, ya sea que se trate de enfermedad, pobreza o — ¡Dios no lo quiera! — un teléfono perdido.

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